Javier Sáez Castán, autor-ilustrador, I

La meriendaJavier Sáez Castán (Huesca, 1964), Premio Nacional de Ilustración 2016, cuenta además de una nutrida bibliografía como ilustrador, con un destacado número de publicaciones de las que es responsable tanto de su contenido gráfico como literario. Frente a otros ilustradores, Sáez Castán se caracteriza por la convivencia en su amplia producción de lenguajes heterogéneos, algunos particularmente próximos a la ilustración clásica y otros en los que ha recurrido a la iconografía magritteana, como ocurre en La merienda del señor Verde (Caracas y Barcelona, Ekaré, 2007),  o al imaginario del cine de terror de los años 50 y 60, en el caso de Extraños (México, D. F. y Madrid, Sexto Piso, 2014).

 La merienda del señor Verde

La merienda del señor Verde (Caracas y Barcelona, Ekaré[1], 2007) es un relato en el que resulta contumaz la evocación visual de las pinturas y de la obra gráfica del surrealista belga René Magritte (Hainaut, 1898-Bruselas, 1967). La integridad de los seis personajes masculinos que protagonizan su historia presenta un aire familiar, un parecido que conduciría al lector a pensar en que se trata de sextillizos de no ser por la diferencia de sus apellidos, semejanzas que se presentan, asimismo, en su vestuario y su tocado, con los característicos bombines que llevan muchos personajes masculinos de Magritte. Si la fisonomía y el corte del traje es idéntico en todos los casos, lo que hace diferir a los personajes es su color, que es el que les define, otorgándoles sus apellidos correspondientes, y siendo, asimismo, el color en el que cada uno de ellos ve la realidad exclusivamente. Un descubrimiento, compartido filantrópicamente por el Señor Verde, pero que exige la colaboración de todos –bajo la forma de una llave individual–, permitirá que los personajes abran sus ojos a una realidad desconocida en su complejidad, disfrutando en lo sucesivo de una riqueza visual inédita.

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La presentación gradual de su dramatis personae –que, orden de aparición, responde a los Señores Amarillo, Púrpura, Azul, Pardo, Negro y Verde– resulta, en la mayoría de los casos, sorprendente, cuando no fantástica. No ocurre así en el caso del Señor Amarillo, el primero en hacer acto de presencia, que camina mirando un reloj lamentando que llega tarde a su cita con el Señor Verde. Sin embargo, el Señor Púrpura aparece subido a un automóvil haciendo pompas con una pipa de fumar –motivo de una de las obras magritteanas más populares, L’usage de la parole (El uso de la palabra, I. 1929, óleo sobre lienzo, 54,5 x 72, 5 cm) –, el Señor Azul desciende de un extraño vehículo aerostático, el Señor Pardo lo hace emergiendo de la tierra, como un topo, y el Señor Negro aparece leyendo con tranquilidad un periódico, montado de lado sobre un caballo de su mismo color, que está saltando un seto. Y, en efecto, innúmeras de las obras paradójicas magritteanas tienen como protagonistas a jinetes o a amazonas, como La chaîne sans fin (La cadena interminable, c. 1939, guache, 36 x 30 cm) o Carte blanche (Carta blanca, 1965, óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm), respectivamente. Por último, el Señor Verde se presenta ante sus invitados emergiendo visualmente de un árbol, con el que se camufla, motivo, el de la confusión de un personaje con el bosque en el que se halla, que se encuentra en algunas pinturas de Magritte, como ocurre en Le blanc-seign (Firma en blanco, 1965, óleo sobre lienzo, 81 x 65 cm) . En otra de sus obras, La moisson (La cosecha, 1943, óleo sobre lienzo, 59,7 x 80 cm, Bruselas, Musées royaux des Beaux-Arts de Belgique), Magritte ha pintado cada una de las extremidades, así como el tronco y la cabeza, de un desnudo femenino de un solo color, recurriendo, así, a seis colores, el mismo número de los personajes monocromos del libro de Sáez Castán.

En el mundo verde del Señor Verde, tanto el anfitrión como sus huéspedes son personajes prácticamente idénticos (e idénticos al que Magritte presenta, por ejemplo, en los populares retratos fotográficos que le tomara en Nueva York, en 1965, Duane Michals) a los que aparecen en muchas de las obras del pintor. Algunas de ellas presentan en la multiplicidad de estos personajes, asaz despersonalizados, su argumento más paradójico, como ocurre en Golconde (Golconda, 1953, óleo sobre lienzo, 81 x 100 cm, Houston, Texas, The Menil Collection) o Le mois des vendages (El mes de la vendimia, 1959, óleo sobre lienzo, 130 x 160 cm)[2].

Por su parte, la residencia del Señor Verde, que aparece en la portada del volumen presenta un parecido razonable con la casa dentro de una casa pintada en Éloge de la dialectique (Elogio de la dialéctica, 1936, acuarela sobre papel, 37 x 30,2 cm, Ixelles, Bélgica, Musée d’Ixelles). Y, del mismo modo, la terraza de la residencia del Señor Verde, donde tendrá lugar la definitoria revelación, presenta en el centro de la ilustración una sombrilla que constituye una transposición del paraguas que protagoniza Les vacances de Hegel (Las vacaciones de Hegel, 1958, óleo sobre lienzo, 46 x 30 cm).

En La merienda del señor Verde, para cuyas ilustraciones Saéz Castán ha recurrido a pinturas al óleo sobre tabla de un formato idéntico (de 60 x 40cm), el autor ha hecho del color mismo un elemento fundamental de la narración. Este protagonismo narrativo de los colores estará, asimismo, presente en dos destacadas obras posteriores del autor-ilustrador: Extraños (México, D. F. y Madrid, Sexto Piso, 2014) y El Armario Chino (Caracas y Barcelona, Ekaré, 2016), de las que nos ocuparemos en una próxima entrada.

Nada pura 100 % 

Nada Pura

Dirigido idealmente a un público juvenil, Nada pura 100 %  (Madrid, Anaya[3], 2011) constituye una fantasía de carácter pseudocientífico en la que asistimos a un viaje a la Nada. Una nada que no presenta el carácter apocalíptico de, por ejemplo, la Nada que asola Fantasía en la ejemplar Die unendliche Geschichte (La historia interminable) de Michael Ende (1976), sino más propiamente absurdo.

El conjunto se constituye en una suerte de sátira sobre la confianza depositada en el saber científico, personificada en su coprotagonista, el Profesor Campbell, quien adquiere un bote de “Nada pura 100 %” a un vendedor ambulante, y un gorrino juvenil, al que se identifica bajo el nombre de “el Cerdito”, quien se convertirá en su ayudante.

El libro, dividido en quince capítulos, presenta una ilustración a página completa (para la que ha recurrido, como en La merienda del señor Verde, a pinturas al óleo sobre tabla, en esta ocasión con un formato de 45 x 20 cm) y un tondo en la parte superior de la primera página de cada capítulo. A mitad del libro, entre las páginas 55 y 60, se ofrece, asimismo, una carpeta, con portada y contraportada, en la que se lee, “De lo desconocido” y “A lo desconocido solo hay un salto”, en las páginas 55 y 60, respectivamente. En el interior de esta carpeta se ofrecen dos ilustraciones a doble página, conectadas por la presencia del agujero de la Nada, practicado físicamente en la página 57, lo que permite ver a ambos lados del agujero: al Cerdito y al Profesor Campbell, respectivamente.

Finalmente, ha de señalarse que una de las características más destacadas de la obra de Javier Sáez Castán es la de su sentido del humor. Humor presente, asimismo, en esta obra narrativa ilustrada. Así, y para brindar un ejemplo, la introducción científica del relato presenta un giro irónico en una declaración del Profesor Campbell en torno a sus reflexiones sobre la Nada: “Durante años, he ido viendo cómo esa aviesa Nada se iba introduciendo entre nosotros: cerveza sin alcohol, café descafeinado, zumo sin azúcar, leche desnatada, cero por ciento de calorías… Todo eso no eran más que prolegómenos de lo que ahora acaba de suceder” (p. 34).

Notas

[1] Ekaré, con nada menos que seis títulos, es la editorial campeona en la difusión de Sáez Castán como autor-ilustrador, a La merienda del señor Verde se suma el más reciente El Armario Chino (Caracas y Barcelona, Ekaré, 2016), que será abordado en una próxima entrega, así como cuatro títulos dedicados al público infantil: Los tres erizos y su trilogía El Pequeño Rey. Los tres erizos (Caracas y Barcelona, Ekaré, 2003), subtitulado “Pantomima en dos actos con colofón”, constituye una maravillosa obra de ilustración clásica en el que el curso natural de las cosas favorece a los personajes titulares. Por su parte, la trilogía El Pequeño Rey comparte en lo exterior su formato, y en sus páginas interiores el hecho de que las ilustraciones se ofrecen en tondos sobre un fondo blanco y con los textos a modo de pie de las imágenes. Está integrada por los títulos: El Pequeño Rey. General de Infantería (Caracas y Barcelona, Ekaré, 2009), El Pequeño Rey. Director de orquesta (Caracas y Barcelona, Ekaré, 2010) y El Pequeño Rey. Maestro repostero (Caracas y Barcelona, Ekaré, 2013).

[2] Una confusión que servirá para perpetrar lo que parece un robo en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en el desenlace de la película The Thomas Crown Affair (El secreto de Thomas Crown, John McTiernan, 1999), un episodio que no se encuentra en la película de la que se constituye en versión: The Thomas Crown Affair (El caso de Thomas Crown, Norman Jewison, 1968).

[3] La editorial Anaya cuenta con dos volúmenes dedicados al más portentoso hacedor de historias dedicadas al público infantil, Hans Christian Andersen, con notables ilustraciones de Javier Sáez Castán: la recopilación La pequeña cerillera y otros cuentos (Madrid, Anaya, 2004) y El valiente soldadito de plomo (Madrid, Anaya, 2004), en ambos casos, con traducciones de Enrique Bernández.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

  1. Pingback: Flavio Álava y su serie magistral de collages carentes de título | juliocesarabadvidal

  2. Curiosa reseña, como siempre, llena de rigor, buena escritura y detalles de un autor de gran interés. Felicidades por este análisis tan pormenorizado y cargado de atractivos

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