Los pa(i)sajes escindidos de Domingos Lourerio

Imagen1La presente entrada reproduce en su integridad, y en su versión original escrita en español, el texto que, en traducción al portugués, fue publicado en el catálogo de la exposición Domingos Loureiro. Arranha Céus. Ermesinde, Forum Cultural de Ermesinde, 2004, pp. 10-19.

Los pa(i)sajes escindidos de Domingos Lourerio

Formado en la Faculdade de Belas Artes da Universidade do Porto en la especialidad de pintura, la obra de Domingos Loureiro (Valongo, 1977) ha estado relacionada muy directamente con el trabajo en madera[i]. Su obra desarrollada en los últimos años, a pesar de su evolución formal se ha caracterizado por el empleo de la madera y por la reflexión en torno al espacio, y muy concretamente, al espacio natural. A pesar de cuanto las distancia aparentemente de la producción actual de Loureiro, sendas instalaciones realizadas en 2001 y 2002, ambas en Oporto, pueden servir de auxilio para la mayor comprensión del ideario estético del artista. De 2001 data su intervención en los pasillos de la Faculdade de Belas Artes en la que cursó sus estudios, que consistía en la erección de una escultura de madera y de sentido arquitectónico titulada Home Sweet Home (160x1000x400 cm). La obra aparece como una estructura de cuatro habitáculos, tres de los cuales se conectan con uno mayor por sendos pasillos. Cada una de estas cámaras, de planta octogonal, se cierra con una falsa bóveda. Todos los habitáculos, así como los pasillos, están compuestos por tablas. Sus aristas son reforzadas por listones que se adaptan a su diferente evolución en altura. A excepción de una pequeña abertura en una de las cámaras, cerrada con cristal, el conjunto se antoja hermético, próximo a la idea de un búnker y, sin embargo, incapacitado para cumplir con la función protectora de éste, debido a la fragilidad de los materiales empleados: madera y cristal.

Con el mismo sentido arquitectónico, pero más desarrollado, Loureiro realizó en 2002 una nueva intervención en un interior, Home Project (230x450x500 cm) concretamente en el espacio Maus Hábitos, asimismo en Oporto. En aquella ocasión, Loureiro fabricó una arquitectura habitable en madera y de cámaras no excesivamente grandes, que apenas permitían la convivencia confortable de una pareja. La idea de refugio y aislamiento que hallamos en Home Sweet Home se hace aún más patente en esta obra, dotada de iluminación y de una cobertura textil en planta que redundan en una mayor confortabilidad para sus habitantes. Las construcciones de Loureiro están dominadas por plantas centrales, típicas de las arquitecturas efímeras y artesanales de poblaciones poco desarrolladas, un esquema que ha pervivido en la tradición arquitectónica occidental, fundamentalmente en lo referente a la práctica edificatoria de función funeraria.

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Domingos Loureiro: Home Sweet Home (Hogar, dulce hogar). 2001, madera y vidrio, 160 x 1000 x 400 cm

Esta circunstancia subraya el aspecto nostálgico de las obras de Loureiro, en las que parece advertirse el signo de la catástrofe. Tanto si se interpreta el aislamiento de los hipotéticos moradores de sus esculturas arquitectónicas como debido a un desastre real, o bien como motivado por la necesidad de un alejamiento de los otros ciudadanos, de una separación voluntaria, consentida o forzada, aquellas obras excitan un sentimiento de duelo. Duelo que más efectiva y poéticamente desarrolla Loureiro con el particular procedimiento pictórico que le viene ocupando estos últimos años. Este procedimiento consiste en tomar una plancha de madera, una madera de producción industrial al tratarse de un conglomerado resistente y pesado de maderas que se denomina MDF. La superficie de estas planchas es lisa y neutra, pero los contornos de estos paralelepípedos  no son angulosos, sino curvos lo que concede una suavidad a la materia que de otro modo parecería mucho más rígida, y producida maquinalmente. A continuación, Loureiro elabora un diseño, en la terminología antigua (el vocablo italiano disegno) como arte de la forma, cuyos trazos horadará posteriormente con una gubia. De este modo, las pinturas de Loureiro parecen constituirse en las planchas de los grabados, como las matrices surcadas por el artista hasta configurar una trama que, cubierta de tinta, dejará su estampa en un papel colocado sobre ella a tal efecto.

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Domingos Loureiro: Home Project (Proyecto Hogar). 2002, madera, tela, acrílico, chapa, linóleo, lámparas, 230 x 450 x 500 cm

Con el mismo sentido arquitectónico, pero más desarrollado, Loureiro realizó en 2002 una nueva intervención en un interior, Home Project (Proyecto Hogar, 2002, madera, tela, acrílico, chapa, linóleo, lámparas, 230 x 450 x 500 cm), concretamente en el espacio Maus Hábitos, asimismo en Oporto. En aquella ocasión, Loureiro fabricó una arquitectura habitable en madera y de cámaras no excesivamente grandes, que apenas permitían la convivencia confortable de una pareja. La idea de refugio y aislamiento que se hallaba en Home Sweet Home se hace aún más patente en esta obra, dotada de iluminación y de una cobertura textil en planta, en la esperanza de una mayor confortabilidad para sus virtuales habitantes.

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Domingos Loureiro: S/t. 2004, mdf y acrílico, 32 x 48,5 cm

Tanto si se interpreta el aislamiento de los hipotéticos moradores de sus esculturas arquitectónicas como debido a un desastre real, o bien como motivado por la necesidad de un alejamiento de los otros ciudadanos, de una separación voluntaria, consentida o forzada, aquellas obras excitan un sentimiento de duelo. Duelo que más efectiva y poéticamente desarrollaría Loureiro con el particular procedimiento escultórico y pictórico que le viene ocupando, con la asunción diacrónica –no creemos que evolutiva– de diversas soluciones formales, desde entonces. Este procedimiento consiste en servirse de planchas de madera, de una madera de elaboración industrial, es cierto (mdf), pero cuyo origen se encuentra en los mismos árboles que son el objeto predilecto de la singular temática de las representaciones del autor[1]. Las obras de Loureiro pueden por ello ser interpretadas como una suerte de poesía visual, como un poema visual paradójico. Sus árboles son mostrados en madera, madera que se extrae, precisamente de estos mismos árboles, que para ello, han de ser talados. Y, así, el duelo se hará presente de forma oblicua y contumaz en la obra de Loureiro.Los motivos figurativos del conjunto de estas nuevas obras tienen un único sujeto: el paisaje. Por el grosor de sus líneas y su discernibilidad nítida respecto del fondo pueden evocar la apariencia de los fragmentos figurativos de las pinturas de Pedro Calapez, asimismo relacionadas con el género paisajístico[i]. Son los de Loureiro, unos paisajes deshabitados, abandonados por el hombre, a excepción de las obras en las que se aprecia un vestigio, un rastro de actividad humana que no es sino una recreación de su escultura Home Sweet Home en el claro de un bosque. Únicamente en una de éstas últimas, aparecen las siluetas de algunas personas que se diluyen en el fondo si no se las presta la suficiente atención[ii]. Si quedamos tentados de preguntarnos a quiénes cobijan, podríamos  respondernos que esas cabañas son acaso las de un ermitaño, o las de un poeta, al que podemos quizá, imaginar ciego. Tal vez por la iluminación de cada una de sus obras con colores planos, tal vez  porque cada una de sus tablas podría leerse con el tacto de los dedos debido a la notoriedad de su relieve.

Domingos Loureiro se refiere a estas obras como “pinturas”, y para diferenciar a unas de otras, alude al cromatismo que les ha aplicado, así las designa como pinturas brancas, pinturas ochres, etc. Puede sorprender esta hibridación entre las disciplinas, entre la pintura y la escultura (el relieve, concretamente), como ocurría en sus primeras obras a caballo entre escultura y arquitectura; sin embargo, esta complejidad en los lindes de las formas artísticas constituye una de las características más notables del arte de nuestros días. Todas estas obras de Loureiro se cubren de una misma tonalidad cromática en cualquier caso brillante y sin variaciones tonales, lo que produce un efecto refulgente y reverberante cuando la luz que se proyecta sobre éstas es intensa. Y, sin embargo, precisamente por su tonalidad plana, la percepción visual de sus pinturas es extraordinariamente mudable, de modo que un cambio en la intensidad lumínica ofrece efectos diferentes hasta hacer del conjunto algo nuevo, siempre cambiante.

Loureiro dibuja la luz y esculpe la sombra. Las obras de Loureiro pueden ser, asimismo, interpretadas como una poesía visual, como un poema visual paradójico. Los árboles, objeto predilecto de la representación de Loureiro, son mostrados en madera, madera que se extrae de los árboles, que para ello, han de ser talados. Y así, nuevamente, la presencia del duelo, se hace oblicua en la obra de Loureiro.

Loureiro monumentaliza el paisaje, como si levantara una elegía con sus manos. Las obras de Domingos adquieren un tono elegíaco tanto más emotivo y candente cuanto el hombre se halla si no del todo ausente al menos en un proceso de disolución. Pero si la presencia del hombre está ausente, lo está únicamente en un sentido físico, no poético. Como ocurre en el Romanticismo, toda la naturaleza se confabula para corresponder a los sentimientos del poeta, o del pintor. En esta ocasión es la naturaleza la que adquiere actitudes humanas. Se antropomorfiza, un aspecto que hacen explícito algunos de los títulos que Loureiro ha empleado en esta serie. En Surviving (200×155 cm) los troncos de los árboles se inclinan pesadamente hacia la derecha, como venciendo la resistencia de un viento pertinaz. Los trabajos y la resistencia de sus ramas nos recuerdan nuestra obstinación por sobreponernos a las tribulaciones diarias. En otra obra, Naked[iii] (160×200 cm), las ramas de los árboles son representadas como itifálicas, es decir, que presentan concomitancias formales con el pene en erección, un estado sexual de alerta.

A la característica poética del paisaje presente en la obra de Loureiro se suma una circunstancia que consideramos relevante. Se trata de la reflexión entre lo singular y lo reproducible. En efecto, por algunas de sus particularidades formales, estas obras hacen pensar en una forma de reproductibilidad de la obra, concretamente en la propia de la estampa, en la que de una matriz se editan un número plural de ejemplares, cuando en realidad no es así. Estas obras, a pesar de cuanto nos evoquen las planchas de grabado son pinturas autónomas. Afirmábamos anteriormente que otra circunstancia que abunda en la dialéctica entre singularidad y reproductibilidad es el acabado industrial, pulcro de las obras, un acabado homogéneo de esmalte como el que recubre los coches, los electrodomésticos, etc. y para el que en ocasiones Loureiro ha demandado los servicios de profesionales de la aplicación de pintura industrial. El acabado de Loureiro oculta la calidez proverbial de la madera hasta disimular su naturaleza orgánica para confundir al espectador en lo que parece una fabricación maquinal. Supone la de Loureiro una práctica objetual que se apropia de los recursos instalativos del arte minimalista, pero para enfrentarse a la asepsia y pretendida neutralidad (o idiocia) del minimalismo que consistía en la repetición de esquemas formales idénticos (como por ejemplo paralelepípedos de metal sin ningún tipo de representación en su superficie, ya pintada o esculpida) en disposiciones geométricas equidistantes. Así ocurre de modo ejemplar en el tríptico de Loureiro compuesto por la representación sobre tres tablas de similares proporciones que únicamente difieren en color (cada una de ellas de 200×15 cm) de un motivo idéntico que parece reproducido maquinalmente, cuando en realidad su elaboración es por completo manual. Y como en las prácticas minimalistas se sitúan cada una de las tres planchas en línea recta  y a escasos e idéntico número de centímetros una de otra. Una lectura secuencial que remite a la disposición equidistante de objetos iguales en la obra de, por ejemplo, Donald Judd. En el fondo late en la reflexión de Loureiro una confrontación entre singularidad y repetición, entre la vindicación de lo personal y la alienación ciudadana dócilmente homogeneizada. Es posible aventurar asimismo una admonición ecológica en la obra de Loureiro, una reprobación de nuestras sociedades para las que el bosque se convierte en una fuente de explotación económica abusiva, cuando no en un parque temático absolutamente domesticado, donde escapar brevemente del desierto de la ciudad que esa ambición contribuye a hacer crecer[iv].

Cuanto más se transita a través de la obra de Loureiro se abren paso más pensamientos. La aparente sencillez de la práctica artística actual de Loureiro oculta un proceloso recorrido en el que nos reconocemos. Pese a la belleza, casi hipnótica, de sus pinturas, la reflexión es alentada. Es como si en estas pinturas paradójicas se mostraran las cosas por primera vez, aunque más apropiadamente podríamos considerar que son las huellas del recuerdo de lo que ya no veremos. Notoriamente en muchas de sus obras, Loureiro se limita a ofrecer una vista de las copas de los árboles, la tierra queda oculta. Como también lo hace el fin de sus ramas que se recortan contra un cielo sin nubes, únicamente tocado por los propios árboles. La referencia a esta serie como Arranha-céus (rascacielos) adquiere un acento humorístico; en efecto, el trabajo de la gubia araña (arranha) la superficie de la madera, por otra parte dedicada al cielo[v]. En estas pinturas consagradas enteramente a la representación de fragmentos de las copas de los árboles se siente una elevación emancipatoria, liberadora. En la tierra habita la muerte, así incapaz, pero comprensiblemente, esas ramas danzantes están sólidamente ancladas a la tierra por un tronco y unas raíces, que les da vida. Y de que van a morir estamos ciertos, de lo contrario no habría madera para que las propias obras que de esto, y de tantas cosas, hablan, y que nos desvelan lo paradójico de nuestra existencia, se materializasen.

Notas

[i] El contacto de Loureiro con la madera es precoz y continuado. Ha gustado desde niño acompañar a su padre, de profesión carpintero, en lo posible en su faena.

[i] Acaso quepa hablar de un nuevo punto de encuentro con la obra de Calapez, en la disposición de superficies heterogéneas y de diferente cromatismo tan característicos de éste, en la formación de un conjunto de tres pinturas en una obra de Loureiro que, de abajo arriba y según el sentido de las agujas del reloj presenta los formatos 50×70, 180×125 y 120×85 cm, en azul, blanco y rojo, respectivamente. Como se verá, este procedimiento reutiliza algunos aspectos del minimalismo, pero para enfrentarse con sus planteamientos silenciosos, o silenciados.

[ii] Esta obra presenta otra peculiaridad que la hace diferente respecto de sus compañeras: en ésta, la actividad de la gubia no deja en relieve el fondo de la composición, sino las figuras.

[iii] La palabra inglesa “naked”, así como “nude” se traducen como “desnudo”. Sin embargo, la forma “naked” implica una connotación sexual de la que el desnudo natural “nude” carece, por lo que habría de ser traducida,  más apropiadamente, como desnudado o puesto al desnudo.

[iv] En este sentido, Loureiro comulgaría con la vocación ecologista de la obra de Baltazar Torres, a quien Loureiro asiste en algunas de sus actividades.

[v] La presencia del humor es aún más explícita en el título de una de estas pinturas en las que en tono imperativo proclama Next time, cut your nails!, como si el amante reprobara a su compañera porque en el comercio ardiente, las caricias y los abrazos han llegado a doler. La piel del amante es surcada o arañada (arranhada) como la madera por la gubia.

Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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  5. jose Aberto

    Muito contente de ver teu trabalho neste blogo espanhol…não comprendi tudo mas conprendi que não acabas de fazer maravilhas pà continua ! Cumprimentos e obrigado de guardar contacto..abrassos ..josé Alberto

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