Frankenstein bicentenario. Madre e hija

CA00341601En el bicentenario de la puvlicación de la primera edición de Frankenstein, ha tenido lugar la publicación de la primera traducción profusamente anotada de otra de las novelas de Mary Shelley, Mathilda. Su responsable ha sido la ediorial Cátedra, dentro su colección Letras Universales,  confiando nueva y provechosamente en la edición y traducción de Juan Antonio Molina Foix. No obstante, la novela no se hallaba en modo alguno inédita en nuestro país. El lector en lengua española dispone de, por ejemplo, una traducción incluida en un muy recomendable volumen que incluye dos novelas de –mucho más que– la madre de Mary Shelley: Mary Wollstonecfrat, y, publicado por la editorial Nórdica en 2011: las tituladas Mary y Maria[1]. Una compilación que sirve a la identificación de las claves autobiográficas presentes en las obras de madre e hija. Madre e hija que, como en el caso de la protagonista de Mathilda, no se conocieron. Wollstonecraft falleció como consecuencia del parto de Mary Shelley.

Tampoco Mary permanecía inédita en nuestra lengua. Publicada originalmente en Londres, en 1788, Mary, A Fiction, fue la primera novela escrita por quien pasaría a la historia del pensamiento occidental como autora de una obra pionera del feminismo: A Vindication of the Rigths of Woman (Londres, Joseph Johnson, 1789), Mary Wollstonecraft (Hoxton, 1759-Londres, 1797). Un ensayo asimismo reeditado el presente año con unas informadas introducción y notas a cargo de Isabel Burdiel, y en traducción de Carmen Martínez Gimeno. Una “mala” novela, caracteriza Burdiel a Mary [2].

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La novela permanecía inédita en nuestra lengua hasta que la editoial valenciana Araña apostó por publicarla en 2010 en la que sería la primera de las obras traducidas publicadas por la casa[3]. Mary nos conduce en un viaje de ida y vuelta entre Inglaterra y Portugal (por cuyas gentes no muestra simpatía alguna, y adonde se dirige acompañando a su amiga enferma Ann, quien morirá allí pese a sus pacientes cuidados) donde la heroína, casada por sus padres con un hombre que detesta, con el que afortunadamente no ha de convivir porque el marido emprende un viaje al continente, con tan poca delicadeza que parte el mismo día que fallece la madre de su esposa. Mary, a través de la escritura de su protagonista, abraza el cultivo de la sensibilidad como baluarte contra un mundo oprobioso bajo la forma del matrimonio forzado, la pobreza y la enfermedad. Sucesivamente, verá morir a las personas más afectas a su corazón, ambas por enfermedad y a las que dispensa cuidados sin cuento. En la novela, en exceso lacrimógena, descuella la escritura de su protagonista, bajo la forma de cartas en las que se pronuncian aún con mayor explicitud que a lo largo de las páginas en las que Wollstonecraft es narradora omnisciente (explícitamente se autorretrata en el capítulo undécimo como una “historiadora veraz”) en torno al concepto mismo de “sensibilidad”. Las peripecias constituyen una suerte de calvario del que sale airosa, sobreviviendo a la contaminación de la enfermedad que contrae al cuidar a una mujer que desconocía. Su único amor, el que siente por Henry un joven que no llegó a conocer a su padre, pues murió cuando aún estaba en el seno de su madre, no se consuma. Mary pasará el resto de sus días dedicándose, en sustitución de la satisfacción de esa pasión, y gracias a los bienes que posee por herencia, a la promoción laboral de la pequeña comunidad rural a la que se retira, del mismo modo en que su juventud se refugiaba en las novelas, que identifica al comienzo mismo del libro como “los sucedáneos más placenteros del frenesí corporal”[4], una idea que el joven que se prenda de ella repite en una conversación con su enamorada[5].

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2010 fue, asimismo, el año en que la editorial madrileña Páginas de espuma reunía en un único volumen tres relatos de Mary Shelley: “Transformación”, “El inmortal mortal” y “El mal de ojo”, antologados y traducidos por Marian Womack[6]. Relatos, en particular el segundo, relacionados argumentalmente con la obra mayor de la autora. Si su protagonista es un discípulo de Cornelius Agrippa (cuyas investigaciones alquímicas son recordadas en Frankenstein), se beneficia del fruto de toda una vida de investigación, logrando, aparentemente la inmortalidad, extremo que oculta a su maestro. La desesperación a la que le conduce una existencia de tres siglos le llevará a emprender una temeraria expedición (de la que no se ofrece información alguna) cuyos rigores y peligros le enfrenten a la muerte o, de salir vencedor del reto, a una fama inmortal entre los hombres. El relato comparte con el primero, “Transformación”, probablemente el mejor de los tres reunidos en el volumen -el tercero nos parece farrogoso en exceso-, el hecho de haber sido escrito en primera persona por su protagonista, en esta ocasión un indómito que alquilará a cambio de una fortuna, y mágicamente, su cuerpo a un ser monstruoso, quien tratará, mediante engaños, de casarse con el amor de su vida, una joven huérfana que fue adoptada por el padre (motivo que se halla en Frankenstein y en otros relatos de Mary Shelley) del joven.

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Si Mary fue la primera novela publicada por Wollstonecraft, Maria, que dejó inacabada a su muerte, fue publicada de forma póstuma. Su primera publicación tuvo lugar en 1798 en los dos primeros volúmenes de Posthumous Works of the Author of A Vindication of the Rigths of Woman, que editó su viudo, el pesador William Godwin. Wollstonecraft dejó concluida únicamente la primera de las tres partes en las que concibió su obra, si bien se conservan algunas anotaciones a modo de apuntes argumentales –rastreadas por la especialista Janet Tood– que han sido incluidos en la primera traducción de la obra al español (en sus pp. 277-278)[7]. No obstante su incompletud, Wollstonecfrat logra ya en su única parte concluida (la primera) el propósito moral que guía su empresa, como confiesa en el prefacio de la obra; el de “mostrar el sufrimiento y la opresión exclusivos de las mujeres, que se derivan de unas leyes y costumbres sociales partidistas”[8]. Su protagonista, una mujer de veintiséis años, Maria, ha sido mandada encerrar en un manicomio privado cuando ha intentado independizarse de su marido, quien registra todo un catálogo de vicios, y a quien se llega a acusar del secuestro y posterior muerte de su propia hija, recién nacida, mientras se la llevaba Maria, descubierta, en su huida[9].

No obstante, Maria encontrará en su encierro dos inesperados cómplices que, a la postre, le conseguirán su huida. En primer lugar, una guardiana, quien se convencerá de que la interna no padece locura alguna, y quien creerá su historia, y otro interno, de quien se enamorará.  La propia guardiana, Jemima, ilustra asimismo con sus vicisitudes, que desvela a lo largo de la integridad del capítulo quinto, la injustica contra la que clama la autora. Jemima es, pues, una cómplice en el infortunio, que no solo permite a Maria leer, consuelo primero de su encierro, y entre cuyas lecturas se halla, como no podía ser de otro modo, la obra poética más cara a los autores de la época de la sensibilidad: Paradise Lost, de John Milton, sino que le facilitará encuentros con quien considera un espíritu gemelo tras leer las anotaciones que aquél realizaba al margen de los mismos libros que Jemima le consigue. Henry Darnford.

El relato resulta en efecto tremebundo, tanto que la autora parece necesitar –y lo hace en el primer párrafo de la novela– mover al lector a la conciencia de que no hay extremos mas terroríficos que los ha la alcanzado la sociedad de su tiempo, incomparables a las fantasías de los escritores tan en boga de su generación –o, lo que no podía sospechar, los que alcanzaría su hija con su obra más célebre, Frankenstein[10].

Finalmente, Mathilda constituye una exploración de la sensibilidad más próxima a Mary que a Maria. Sin apenas acción, el conjunto se constituye en un extenso relato de índole retrospectiva –una suerte de extensísima nota de suicidio– dirigido por una infortunada joven abandonada por su padre al morir la madre en el parto y recluida por propia voluntad en soledades a las que únicamente le despierta otro joven desgraciado por la muerte de su prometida. Un canto a la naturaleza que cifra en las convenciones sociales la maldición del personaje titular, quien tras el reencuentro con su padre, a los dieciséis años de edad, quien sentirá hacia la doncella y como una transferencia de la esposa fallecida, a la que le recuerda, y en cuyo escenario habitan, una pasión incestuosa jamás consumada y cercenada del horizonte por el suicidio del padre tras la confesión de su amor. Una muerte auto infligida que será la que acabe –como anuncia, pero cuyos detalles desconocerá el lector– asimismo con la protagonista.

Notas

[1] La traducción de las novelas de Mary Wollstonecraft Mary y Maria es, en ambos casos, responsabilidad conjunta de Íñigo Jáuregui y Cristina Suárez, mientras que la de Mathilda de Mary Shelley es obra de Anne-Marie Lecouté.

[2] Isabel Burdiel: “Introducción”, en WOLLSTONECRAFT, Mary: Vindicación de los derechos de la mujer. Madrid, Cátedra, 2018, pp. 7-95.  La cita procede de la p. 36. Burdiel lanza su crítica abiertamente, sin eufemismos. Un tono similar hallamos en su calificación de Mathilda, a que se refiere del siguiente modo: “El resentimiento de Mary Shelley por su padre y su marido alcanzó un grado de intensidad verdaderamente inquietante en una novela que permaneció inédita durante su vida y que es, probablemente, la única de sus obras posteriores a Frankenstein que merece hoy una segunda lectura”. Cfr. Isabel Burdiel: “Introducción”, en SHELLEY, Mary W.: Frankenstein o El moderno Prometeo. Ed. de Isabel Burdiel. Tr. de Mª Engracia Pujals. Madrid, Cátedra, 1999, pp. 7-95. La cita procede de las pp. 32-33.

[3] A la que seguiría otra obra escrita por una mujer, la norteamericana  Louisa May Alcott; cfr. Un Mefistófeles moderno. Tr. de Beatriz Cortés Fuentes, Remos Ovidiu Isopel, Lesya Prysyazhnyuk, Crisina Reig Gomis, Miriam Romero Jarque, Violeta Torres y Ana Venzal Cantavella. Valencia, Araña ediorial, 2014.

[4] WOLLSTONECRAFT, Mary: La novela de Mary. Tr. de Bárbara Martínez Llenas y Jonás Morell Margós. Valencia Araña, 2010, p. 27. La traducción del volumen fue dirigida por Josep Marco Borillo, dentro de un proyecto de la Universitat Jaume I, de Castellón, contribuyendo, asimismo, con una introducción (cfr. pp. 7-18).

[5] “Mi precaria salud me impidió tomar el hábito, como era mi intención, por lo que fui adentrándome con entusiasmo en los quehaceres literarios. Quizá mi corazón, por estar vacío, abrazó con mayor fervor este sucedáneo, pero no pienses que he sido siempre un muchacho enfermizo, no”. WOLLSTONECRAFT, Mary: La novela de Mary. Op. cit., p. 75.

[6] Cfr. SHELLEY, Mary: Transformación y otros cuentos. Tr. de Marian Womack. Madrid, Páginas de espuma, 2010.

[7] Todd es, asimismo, la autora de la introducción del volumen. Cfr. WOLLSTONECRAFT, Mary: Mary; Maria y SHELLEY, Mary:  Mathiilda. Madrid, Nórdica, 2011, pp. 7-42.

[8] Cfr. WOLLSTONECRAFT, Mary: Mary; Maria y SHELLEY, Mary:  Mathiilda. Op. cit., p. 139.

[9] No obstante, una de las anotaciones de Wollstonecraft deja en suspenso la posibilidad de que la niña no muriera, sino de que fuera secuestrada por su padre, autor de la mentira para agravar el dolor de su esposa.

[10] “Con frecuencia se han descrito casas del terror y castillos llenos de espectros y quimeras, conjurados por las mágicas palabras del genio artístico, para atormentar el alma y cautivar la mente fantasiosa. Pero, formados como están los sueños de un material así, ¿qué eran esas descripciones comparadas con la mansión de la desesperación,  en uno de cuyos rincones estaba sentada Maria intentando reunir sus pensamientos dispersos?”. WOLLSTONECRAFT, Mary: Mary; Maria y SHELLEY, Mary:  Mathiilda. Op. cit., p. 141.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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