Frankenstein bicentenario. Ward. Odriozola.

Tapa baja FrankensteinSi dedicábamos una primera entrada a Frankenstein en el bicentenario de su primera publicación con unas someras pinceladas sobre la novela, en la presente nos ocuparemos de lo concerniente a sus ediciones ilustradas, de las que el lector en lengua española tiene a su disposición en la actualidad dos magníficas alternativas, ambas traducciones de la segunda y definitiva versión de la obra, que, no obstante, no pueden resultar más diferentes en su tratamiento conceptual. Si en uno de los casos nos hallamos ante una extraordinaria exploración visual en blanco y negro de algunos de los episodios de la narración (la ofrecida por Lynd Ward), el otro nos ofrece una creación que se sirve de la novela como un hipotexto para ofrecer una narración paralela, alternativa y abierta (en el trabajo de Elena Odriozola), demostrando el carácter icónico de un personaje cuyo creador, paradójicamente, le condenó a vagar por un mundo aciago sin dotarle siquiera de nombre propio.

Lynd Ward. Ilustración a página completa para el capítulo primero de la segunda edición de la novela. Elizabeth, una niña huérfana es adoptada por la familia Frnakenstein. En la primera edición (Vol. I, cap. 1), Elizabeth es prima carnal de Victor, lo que multiplica los matices que se perderían en la segunda y definitva versión

El ilustrador e historietista estadounidense Lynd Ward (Chicago, Illinois, 1905–Reston, Virginia, 1985) publicó en 1934 (Nueva York, Harrison Smith & Robert Haas) su particular y extraordinaria versión gráfica de la novela. En 2013 la editorial Sexto Piso (Ciudad de México y Madrid) procedió a su publicación en español, recurriendo para la traducción a Rafael Torres. La edición reproduce la integridad de las sesenta y tres ilustraciones interiores (distribuidas en quince a página completa y cuarentaiocho parciales), si bien no reproduce una sexagésimo cuarta imagen, la que en la portada original representa a un Victor Frankenstein abatido, tendido boca abajo sobre el suelo.

Lynd Ward. Ilustración a página completa del pérfido turco, padre de Safie, para el capítulo decimocuarto de la segunda edición de la novela. Esta historia dentro de la historia se halla referida en el capítulo sexto del volumen segundo de la primera edición de la obra.

Ward se sirvió del procedimiento xilográfico para su trabajo que resulta admirable por numerosos motivos. En primer lugar, cabe identificar su estilo como deudor del expresionismo alemán, tanto en la distorsión de las figuras como en el empleo sugestivo de los encuadres, algunos de los cuales resultan tan perturbadores como la escena que ilustra la paliza que propina a la criatura el joven Felix de Lacey cuando cree que está amenazando la vida de su padre. El primer plano nos conduce directamente  a la zona genital del personaje situando al espectador a ras de suelo y haciendo que quien golpea se muestre monumentalizado, identificándonos con la indefensión de la criatura, una indefensión no tan real como voluntaria por cuanto sabe que de responder el golpe terminaría con la vida de quien ha amado en la distancia y ha iluminado, como el resto de sus familiares, la esperanza en hallar sobre la tierra a alguien que le profese afecto.

Lynd Ward. Ilustración a página completa para el capítulo undécimo de la segunda edición de la novela. Episodio que se encuentra en el capítulo tercero del segundo volumen de la edición original

Finalnente, otras ilustraciones de Ward, como la que nos le muestra en un primer plano mientras es perseguido por una horda que le ataca furibunda,  parecen mostrar hacia la criatura una dolorosa comprensión, afín a la manifestada por la autora, particularmente en la primera, y más inquietante y memorable, versión de su obra.

Agotada su primera edición, lazada en octubre de 2013, en febrero de 2017, Nórdica ha reeditado su versión de la novela (con traducción de Francisco Torres Oliver), que cuenta con una particular labor ilustradora de Elena Odriozola (San Sebastián, 1967). Sin un carácter narrativo que acompañe a diferentes pasajes del libro, Odriozola ha optado por la producción de un teatro de papel –el primero que realiza, tras recibir una sugerencia del especialista en literatura infantil y juvenil Gustavo Puerta– con dos personajes, la autora y el monstruo, en una narración que permite múltiples lecturas. Una secuencia de treintaicinco imágenes a doble página reproducidas fotográficamente partiendo de los originales de Perdinande Sancho.

El teatro de papel de Elena Odriozola durante una sesión fotográfica

El espectador asiste a una suerte de drama sin palabras en cuatro actos.

Elena Odriozola, “Primer acto”

El primero de ellos se desarrolla en el interior de una vivienda, la de una mujer embarazada (que en nuestra interpretación primera se trataría de la autora de Frankenstein, lo que pretende la ilustradora, como nos ha confesado), que a solas lee una carta y parece esperar con impaciencia la llegada de alguien, por cuanto se asoma a ventana y puerta, que nunca llega.

Elena Odriozola, “Segundo acto”

El segundo acto nos presenta ante el exterior de aquel espacio, la mujer es visible a través de la ventana. Sale de casa y hace mutis por la derecha (del espectador).

024r 2

Elena Odriozola, “Tercer acto”

El tercer acto tiene lugar en el mismo escenario que el anterior. La mujer reaparece por el extremo por el que había desaparecido, entra en casa y a través de la ventana la vemos llorar.

Elena Odriozola, “Cuarto acto”

El cuarto y último acto vuelve a desarrollarse en el interior. Un niño yace a los pies de la mujer, ya sensiblemente sin el vientre hinchado. El niño desaparece para dejar paso a una criatura oscura que va creciendo a la espalda de la mujer hasta cobrar el cuerpo de una gigantesca criatura familiar a la visualización del persinje en la versión cinematográfica de James Whale (1931), el único acierto de una producción chusca y gruesa en su lectura del original de Shelley, tediosa en extremo y pésimamente interpretada. Al concluir el particular drama visual de Odriozola, la mujer –la autora misma–, ha desaparecido por completo, ocupando la criatura su lugar.

El relato podría relacionarse con la biografía de Mary Shelley, quien hubo de ver cómo sus dos primeros hijos morían en su tierna infancia. La primera, una semana después de nacer; el segundo, apenas tres años después. En efecto, cuando Mary Shelley está escribiendo la obra ya había fallecido su primogénita, la sietemesina Clara Everina, que había nacido el 22 de febrero de 1815. Mientras escribía, vivía su segundo hijo, William, que había nacido el 24 de enero de 1816, y que fallecería en 1819, tan solo un año después de la primera edición anónima del relato. Tan solo un hijo sobreviviría a Mary Shelley, Percy Florence, que nació en noviembre de 1819 y que no pudo conocer a su padre. La propia Mary Shelley, que nació el 30 de agosto de 1797 no lograría poseer recuerdo alguno de su propia madre, quien falleció a consecuencia del parto el 10 de septiembre.

No obstante, el monstruo no constituye una visualización del tormento por el niño muerto (como en la cadena de precesiones que enlazan las vidas y las muertes y las creaciones de Mary Wollstonecraft, Mary Shelley y Percy Bysshe Shelley), como creíamos tras el disfrute de esta narración sin palabras. Por el contrario, y como nos ha confesado Odriozola, esta singular historieta gráfica ilustra el que coincide con nosotros en la entrada que dedicamos a la novela en señalar como el argumento más poderoso del reato: la irresponsabilidad del creador. De este modo, Odriozola, en un logro memorable, convierte al monstruo en el remordimiento que envenena hasta apoderarse por completo de quien no valora -el niño no estaría muerto, sino que habría sido abandonado- el alcance de sus actos definitorios.

Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

  1. Pingback: Javier Sáez Castán, autor-ilustrador, II | juliocesarabadvidal

  2. Pingback: Cenicienta, o de mujeres misóginas, II. Perrault, Jacob y Wilhelm Grimm, Evans | juliocesarabadvidal

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: