Cenicienta, o de mujeres misóginas, II. Perrault, Jacob y Wilhelm Grimm, Evans

Cubierta CENICIENTA FINAL B

Hace tres años, la editorial Nórdica publicó un volumen que presenta la bondad de ofrecer conjuntamente las dos versiones más populares de Cenicienta: la de Charles Perrault y la de los hermanos Grimm, y que cuenta en sus ilustraciones, obra de Elena Odriozola (San Sebastián, 1967), con la particularidad de prescindir de los personajes humanos del relato[1]. A excepción del personaje titular, representado en la portada del libro bajo la figura de  una muchacha de espaldas, que mira el escaparate de una zapatería. Y es que es, efectivamente, un zapato, el instrumento del reconocimiento de la esquiva Cenicienta. Curiosamente, el hecho de que los zapatos con los que el hada madrina equipa a la doncella para que, escondiendo su verdadera identidad, pueda acudir al baile real sean de cristal, hace que sea incongruente el baile, parece que se quiere a una mujer que no sirva sino para ser vista, una mujer florero, como se suele decir, o una niña eterna. En realidad, esos zapatos no le caben a ninguna otra joven casadera del reino, precisamente, por el pequeño tamaño del pie.

perrault

Cenicienta aparece de espaldas en la portada del volumen y lo hace, asimismo, en las portadillas de cada una de las dos versiones del relato recogidas en el mismo. Si en la de Perrault aparece de frente, en la de los Grimm lo hace de perfil, probándose, respectivamente, unos zapatos brillantes y otros amarillos, como indica el hecho de haber dejado atrás otros varios zapatos desparejados. En ambos casos, el único par completo son unas pantuflas, por lo que se entiende que son aquellos con los que ha acudido ataviada a la zapatería que aparece en la portada, y en cuya puerta cuelga un letrero que reza: “No se admiten devoluciones”.

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El resto de las más de las páginas del volumen recibe la representación en su banda inferior y a doble página de sus originales protagonistas: unos revoltosos ratones, que juguetean con zapatos en la versión de Perrault y que se compartan con mayor crueldad en la de los Grimm, afín al contenido de su narración.

carrera 1 2Entre las ediciones ilustradas del relato publicadas en la presente década en España deseamos destacar dos iniciativas más, ninguna de las cuales constituye el encargo de ilustraciones nuevas, como sí ocurría en el caso de Nórdica.

CENICIENTA ok

En primer lugar, para su publicación, la editorial Kókinos ha optado por la versión de los Hermanos Grimm, en una adaptacion de Esther Rubio, y para ello ha acudido a la obra de la ilustradora checa Kvĕta Pacovská (Praga, 1928) en un álbum hermano al de una edición de otro de los relatos de los Grimm, Caperucita roja[2], con el que comparte formato (de tapa dura y con unas dimensiones de 27,5 x 23 cm) y resposnasable de las ilustracioines.  Una opción por la versión Grimm que en el breve texto impreso en el interior de una de sus solapas, a cargo de la editorial, se justifica por cuanto es considerada como “la que mejor preserva la gran carga simbólica, mágica y mistérica que este cuento entraña”.

Como en otras de sus características contribuicones, Pacovská procede a una extrardinariamente sintética repreentación de los personajes, tan extrema que el lector que siguiera el curso exclusivamente de su narración gráfica no podría reconstruir el desarrollo de la historia. Existe un elemento privilegiado en la representación visual: el calzado femenino, lo que ocurre, por ejemplo, ya en la misma portada del volumen. Pacovská se sirve para las más de sus composiciones de collages constituidos por papeles recortados de colores planos, entre los que destacan recortes plateados que reflejan fragmentaria y no muy límpidamente el rostro del lector del libro. Junto al calzado, el otro gran protagonista de su propuesta visual estriba en elementos geométricos que construyen tanto relojess, acompañados de la cifra 12, la hora fatal para la doncella, como arquitecturas, tal y como ocurre en una fabulosa represntación del Palacio Real, asismismo coronada por aquellos números.

Rackham_Arthur_Cinderella_1600.jpgPor su parte, Libros del Zorro Rojo (Barcelona, Buenos Aires y México, D. F.) ha tenido la iniciativa de publicar en 2015 la edición de Cenicienta que ilustró Arthur Rackham, y que parte para su contenido literario de una versión de Charles S. Evans (Londres, William Heinemann y Filadelfia, J. B. Lippincott & Co., 1919)[3].

La edición se presenta en tapa dura y en una caja en la que se ofrece con idéntico formato la otra colaboración emprendida entre Rackham y Evans: La Bella Durmiente (Londres, William Heinemann y Filadelfia, J. B. Lippincott & Co., 1920). Se trata, pues, de la edición conjunta de los dos grandes álbumes ilustrados mediante siluetas de Rackham, un hito en la edición del álbum de uno de los más eximios autores de ilustraciones de odos los tiempos. Ambos libros, además, comparten la responsabilidad de la traducción, a cargo de Elena del Amo y sendos prólogos de Antonio Rodríguez Almodóvar[4].

Evans incide con pertinacia en la presencia de los libros. El padre se refugia en la biblioteca de la pesadilla que vive por la maldad de su nueva esposa y a la que no se enfrenta de otra manera. Durante un tiempo, se le prohíbe leer, aunque se levanta esta orden con posterioridad. Y existe una alusión paradójica, Euphronia llora leyendo un libro que cuenta una historia de crueldad muy similar a la que ejerce sobre su hermanastra[5]. Por su parte, el papel del padre resulta tan inaceptable como en las rstantes versiones del relato. Evans le acusa incluso de ser incapaz de supervisar adecuadamente el trabajo del personal de servicio. No obstante, en el guión de una versión tan estomagante como la de Kenneth Branagh (Cinderella, 2015), obra de Chris Weitz, la ausencia del padre  tras el segundo matrimonio es explicada por la defunción del progenitor, y es que en vida no fue en modo alguno el incapaz que retrata la integridad de las restantes versiones, haciendo de él un promisorio cómplice de la niña antes y después de la muerte de la madre.

El relato tiene lugar cuando su protagonista, Ella, tiene dieciséis años, Evans cifra en doce los años con los que contaba Ella cuando queda huérfana de madre, dos los que queda interna en un colegio tras su pérdida y otros dos los que padece la tiranía de la madrastra y sus dos hijas antes de que el príncipe se prende de ella[6].

El zapato se demuestra, como resulta harto frecuente en la literatura occidental, como un fetiche sexual. Incluso al cándido Evans en su libro dedicado a un público infantil se le escapa una inequívoca alusión, cuando Charlotte relata que: “El príncipe pasó el resto de la noche con el zapatito en la mano y le vi besarlo cuando pensó que nadie le miraba”[7]

Evans incide en el gusto aparatoso por los colores chillones y la profusión de lo superfluo, que condena, salvo una curiosa lamentación de Cenicienta, que se duele de que los bellos cuadros que adornaban su habitación hayan sido sustituidos por grabados que le resultan desabridos cuando las hermanastras ocupan la estancia para convertirla en su atestado camerino[8].

Finalmente, y pese a un desarrollo mucho más prolijo de la accicón, Evans incurre en la misma incongruencia de sus predecesores, pues resulta inexplicable que los zapatos de cristal no regresen a su forma original, como sí lo hace el resto de los aditamentos (vestido, carroza, cochero, seis caballos y seis lacayos por, respectivamente, andrajos, calabaza, rata y sendos ratones y lagartijas). Y, frente al destino terrible que les deparan los Grimm, Evans apuesta por un final feliz para las hermanastras, quienes, arrepentidas del trato que la dispensaran, se casan con unos caballeros y en el que la madrastra no es mencionada, desconociéndose cuándo tiempo más su maldad hollaría el lugar de los vivos –no existe alusión a que cambiara de carácter, como sí ocurre con las hermanastras por lo que el lector asume que acabaría sola y triste sus días en pago al dolor que sembró en la inocente y lo terriblemente cruel que maleducó a sus hijas.

Notas

[1] PERRAULT, Charles y GRIMM, Jacob y Wilhelm: Cenicienta. Traducción de María Teresa Vallejo e Isabel Hernández. Ilustraciones de Elena Odriozola. Madrid, Nórdica Libros, 2015.

[2] GRIMM, Hermanos: Cenicienta. Adaptación de Esther Rubio. Ilustraciones de Kvĕta Pacovská. Madrid, Kókinos, 2012.

[3] EVANS, Charles S.: Cenicienta. Traducción de Elena del Amo. Ilustraciones de Arthur Rackham. Barcelona, Buenos Aires, México, D. F., Libros del Zorro Rojo, 2015.

[4] La editorial no ha escatimado siquiera en la reproducción de sendas láminas en color de un original pintado a la acuarela.

[5] Para Evans, Charlotte es algo menos fea que su hermana y “nunca era tan desagradable como la otra”. EVANS, Charles S.: Cenicienta. Op. cit., p. 46. El apodo que ésta pone a la hermanastra, Cenicienta, resulta algo menos ofensivo que el que creó aquélla: Ceniguarra.

[6] Así pues, es a la edad de dieciséis años conoce al príncipe, cuyo vigesimoprimer cumpleaños es festejado –como se afirma en el capítulo sexto – con dos bailes consecutivos en los que danzará con Ella.

[7] EVANS, Charles S.: Cenicienta. Op. cit., p. 93.

[8] “Todos sus cuadros habían desaparecido de las paredes y habían sido sustituidos por unos feos grabados de hierro”. Ibíd., p. 29.

Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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