Mauricio Valdiviezo y la pintura de paisaje en Ecuador

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Valle. 2017, óleo sobre lienzo, 70 x 90 cm

La presente entrada reproduce en su integridad el ensayo publicado en la revista del Centro de Estudios Iberoamericanos de la Universidad Nacional de Seúl  (서울대학교 라틴아메리카 연구소), 트랜스라틴 –Translatin– (Seúl), nº 40, junio de 2018, pp. 65-70 (en traducción al coreano debida a 허수진 Heo Su-Jin, “마우리시오 발디비에소와 에콰도르 풍경화“), y en las pp. 100-106 (en su versión original en español). Se trata de nuestra quinta aportación a esta publicación académica coreana protagonizada por un artista contemporáneo ecuatoriano, tras los ensayos dedicados a Marco AlvaradoDavid SantillánJorge Velarde y Falco. La traducción coreana se encuentra en el siguiente enlace: http://translatin.snu.ac.kr/webzin/data/webzin/1825620660_JCX2qeov_Trans18060109.pdf

Mauricio Valdiviezo y la pintura de paisaje en Ecuador

Desde finales del siglo XVIII, la pintura de paisaje protagonizada por la cordillera andina ecuatoriana ha conocido diversos hitos a lo largo de su historia, entre los que podrían destacarse a Alexander von Humboldt y Frederic Edwin Church entre los extranjeros y a Rafael Troya y Luis A. Martínez como los nacionales. En la actualidad, las cotas de calidad y el calado de la obra del pintor azuayo Mauricio Valdiviezo permite albergar la certeza de que el proyecto que está emprendiendo en la actualidad en torno a la representación de diversos volcanes de su país resultará un acontecimiento memorable y digno sucesor de aquella tradición.

Los Andes ecuatorianos han despertado la pasión científica y paisajista de figuras prominentes. En junio de 1736 arribaron a Quito los miembros de una misión científica procedente de la Real Academia de las Ciencias de París. Su director era el matemático Louis Godin y estaba integrada, asimismo, por el geógrafo Charles-Marie de La Condamine, el físico Pierre Bouguer, el botánico y biólogo Joseph de Jussieu, así como por otros seis técnicos. Su objetivo era el de determinar la forma de la Tierra (sobre la que existían dudas acerca de si los polos estaban o no achatados, por ejemplo, siendo Isaac Newton partidario de la primera hipótesis) para lo que ambicionaban medir la altura de un grado del meridiano próximo a la línea ecuatorial[1]. Con posterioridad, durante el siglo XIX, los Andes ecuatoriales llegarían a formar parte de los destinos privilegiados para la exploración científica, para lo que resultaron definitorias las publicaciones del prusiano Alexander von Humboldt, pues a los esfuerzos de medición de los académicos franceses, las de Humboldt sumaron un estudio del mundo natural y en particular, botánico, de su entorno. En efecto, Humboldt y Aimé Bonpland se embarcaron en un estudio del río Orinoco y de la isla de Cuba, tras de lo cual, decidieron incursionar en la cadena andina surcando el río Magdalena. En enero de 1802 arribaron a Quito, donde se establecieron durante ocho meses, sirviéndose de la ciudad como base para sus estudios de los volcanes, en distintos desplazamientos que se demoraban, en cada caso, de dos a tres semanas[2].

Humboldt tomó él mismo apuntes del natural que serían posteriormente grabados en Europa dando lugar a uno de los hitos bibliográficos de todos los tiempos: Vue des Cordillères et Monuments des Peuples Indigènes de l’Amerique (1810)[3]. Asimismo, algunas de estas expediciones fueron acompañadas por artistas, entre ellos el ecuatoriano Rafael Troya (1845-1920), contratado por la expedición alemana emprendida por Wilhelm Reiss y Moritz Alphons Stübel, activos en Ecuador entre 1870 y 1875, o los artistas internacionales, como el muniqués Rudolf Reschreiter (1868-1938), al servicio de la investigación de Hans Meyer (1858-1929), veinticuatro de cuyas vistas fueron reproducidas litográficamente en la monografía que el científico publicó a su regreso a Europa: In den Hoch-Anden von Ekuador (Berlín, Dietrich Reimer, 1907).

Y, del mismo modo, otros pintores se dejarían cautivar por el espectáculo que ofrecen los nevados ecuatorianos, siendo tal vez el más prominente de entre los internacionales el miembro de la Escuela del Río Hudson, Frederic Edwin Church (Hattford, Connecticut, 1826-Nueva York, 1900), con la particularidad de que su hechizo andino estaba mediado por la devoción a la aventura de Humboldt. Curiosamente, en el momento en que se producía la muerte de Humboldt, el 6 de mayo de 1859, cuando el científico contaba ochenta y nueve años de edad, y desconocedores de la noticia, numerosos espectadores se congregaban en una sala de Nueva York para contemplar un cuadro inspirado por él: The Heart of the Andes (1859, óleo sobre lienzo, 167,9 x 302,9 cm. Nueva York, Metropolitan Museum of Art)[4].

Como ocurriera en la producción de todos los artistas mencionados, Mauricio Valdiviezo (Santa Isabel, provincia del Azuay, Ecuador, 1974) se ha debatido entre el pintoresquismo y lo sublime en su trayectoria como paisajista. Con coherencia, ha dedicado escenas costumbristas a sus vistas de la sierra azuaya y se ha consagrado a un ejercicio pictórico sobre lo Sublime partiendo de algunos de los nevados ecuatorianos. Valdiviezo es probablemente el pintor ecuatoriano más destacado en el género del paisaje. Cabe mencionar, asimismo, a David Moscoso (Ambato, 1979), pintor de parajes serranos, y a Servio Zapata (Zaruma, provincia de El Oro, 1969), quien procede a la representación de paisajes de su invención, en una profusión arborescente maravillosa más propia de la naturaleza costeña que de la serrana[5].

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Algún lugar de la sierra. 2009, óleo sobre lienzo, 100 x 130 cm

Mauricio Valdiviezo es Arquitecto por la Universidad Católica de Cuenca (2003), dedicándose profesionalmente al ejercicio de la Arquitectura. Ha recibido, asimismo, formación académica en el ámbito artístico, siendo Magíster en Artes por la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca (2013). Desde su primera exposición individual, en la Galería de la Prefectura del Azuay, Cuenca, en 1998, ha mostrado sus trabajos asimismo de forma individual en destacados espacios dedicados al arte contemporáneo en Ecuador, tales como la Galería del Banco del Pacífico y el Museo Municipal de Arte Moderno, ambos en Cuenca, en 2000 y 2014, respectivamente, y en la galería del Hotel Oro Verde, de Guayaquil, cuya dirección recae sobre la más destacada galerista del país, Madelleine Hollander, en 2017[6].

La extraordinaria aventura en el género del paisaje del artista, y en particular de sus vistas andinas, se plasma en pinturas que precisan de una contemplación demorada. Y, en efecto, Contemplación es el título de una serie pictórica[7] que explicita la vocación del artista de conceder al arte de la pintura la invitación a su espectador a reflexionar sobre sí mismo y de disfrutar de la naturaleza en tiempos como los nuestros en los que ambos procesos, embestidos por cierta ilusión de progreso,  parecen amenazados.

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Rebaño. 2018, óleo sobre lienzo, 60 x 80 cm

En algunas de sus pinturas, Mauricio Valdiviezo representa elementos costumbristas o pintorescos, tales como una camioneta o una pequeña construcción. Sin embargo, la labor en la que se halla embarcado en la actualidad se dirige a la representación de las cumbres andinas que se pierden en el horizonte en espacios deshabitados en los que se invita a soñar en un mundo no corrompido por la mano del hombre en una comunión espiritual muy próxima a la anhelada por los artistas del Romanticismo.

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Barranco. 2017, óleo sobre lienzo, 70 x 50 cm

En un texto personal que le solicité en calidad de editor para una publicación universitaria, en primavera de 2017, y que aún permanece inédito, Mauricio Valdiviezo se expresaba con elocuencia en torno a su vocación artística. Un testimonio del que extractamos el siguiente pasaje:

Fue en la infancia cuando se forjaron mis primeras reflexiones sobre la belleza de la naturaleza. Mi despertar infantil a la curiosidad y a la sensibilidad devino, con el paso de los años, en una vocación y un anhelo muy profundos, cimentando el gran amor que profeso por el arte. Progresivamente, fui entendiendo que ya no se trataba de pintar simplemente, o de ilustrar lo mismo que captaban los ojos. Comprendí, por el contrario, que el territorio debía ser exaltado y magnificado. Aunque esta actitud fue un logro del Romanticismo, considero que puede seguir siendo un objetivo para los paisajistas del presente.

Finalmente, cabría señalar que en sus vistas costumbristas se percibe una cierta nostalgia, como explicita, asimismo, su detallada fijación en arquitecturas vernáculas en creciente desuso, a lo que es especialmente sensible por su profesión de arquitecto.

Notas 

[1] Para el mismo efecto fue enviada una segunda misión, bajo la dirección de Pierre-Louis Moreau de Maupertnius, a Lapland, en las proximidades del Círculo Polar. El objetivo de medir el meridiano entre Yaruquí y Tarqui se demoró algo más de seis años, los que median entre septiembre de 1736 y 1743. Para entonces, los miembros de la expedición de Lapland habían logrado ya demostrar la validez de las posiciones de Newton. No obstante, la expedición del Ecuador alcanzó, en virtud de los cálculos de Pierre Bouguer, una exactitud en la medición de la longitud del Ecuador, así como en la altitud de los picos andinos situados sobre el meridiano, lastrada con ligeros errores,  infinitesimal en el primer caso, que únicamente fueron descubiertos en el siglo XX.

[2] El hito de su aventura lo constituyó su ascensión al Chimborazo, emprendida el 23 de junio de 1802, y, que hubieron de abandonar antes de alcanzar los 5.400 metros de altitud debido a los acuciantes síntomas del mal de altura que afectaron a los miembros de la expedición, integrada por un porteador y tres científicos, los mencionados y Carlos de Montúfar. No obstante, la medición del barómetro, que indicaba que se hallaban a 5.881 metros, convenció a Humboldt de haber alcanzado la mayor altura de cuantos hombres habían existido sobre la Tierra, lo que le deparó gran prestigio internacional Wilhelm Reiss, Moritz Alphons Stübel y Moritz Wagner, quienes emprendieron la ascensión por la faz noroccidental del volcán, lograron, con su hito de 5.900 metros, quedarse a 300 de coronar el pico, siendo Edward Whymper, quien realizaría estampas de sus vistas y publicaría Travels amongst the Great Andes of the Ecuador (Londres, 1892), Jean-Antoine y Louis Carrel quienes, finalmente, lograron el hito de culminar la ascensión del Chimborazo, el 4 de enero de 1880.

[3] Existe traducción íntegra del volumen en lengua española; HUMBOLDT, Alejandro de: Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América. Tr. de Gloria Luna Rodrigo y Aurelio Rodríguez Castro. Madrid, UAM Ediciones y Marcial Pons, 2012.

[4] En su notable biografía de Humboldt, The Invention of Nature (2015), Andrea Wulf repara en esta particularidad: “La pintura causó tanta sensación que las filas de ávidos visitantes daban la vuelta a la manzana y suponían horas de espera para pagar los 25 centavos de la entrada y ver el lienzo de 1,5 metros por 3 que mostraba los Andes en toda su gloria. Los rápidos del centro del cuadro eran tan realistas que la gente casi podía sentir que le salpicaba el agua. Árboles, hojas y flores estaban reproducidos con tanta precisión que los botánicos podían identificarlos sin dudar, y en el fondo se alzaban, majestuosas, las montañas cubiertas de nieve. Church era el pintor que mejor había respondido al deseo de Humboldt de unir arte y ciencia. Le admiraba tanto que había seguido la ruta de su héroe por Sudamérica a pie y a lomos de mula. The Heart of the Andes aunaba belleza con el detalle geológico, botánico y científico más meticuloso; era el concepto de interrelación de Humboldt plasmado en el lienzo. La pintura transportaba el espectador a los espacios naturales de Sudamérica. Church era, declaró The New York Times [en su número del 17 de marzo de 1863,  y a propósito de otro de sus cuadros andinos, Cotopaxi (1862, oleo sobre lienzo, 122 x 216, Detroit, Detroit Institute of Arts)], «el Humboldt  artístico del nuevo mundo»”. WULF, Andrea: La invención de la naturaleza. Tr. de María Luisa Rodríguez Tapia. Barcelona, Penguin Random House, 2016, p. 344.

[5] Tuve el placer de realizar la presentación del volumen monográfico Servio Zapata (Guayaquil, Poligráfica, 2016), que recoge su obra realizada entre 2005 y 2016, presentación que tuvo lugar en el guayaquileño Hotel Hilton Colón, el 23 de noviembre de 2016.

[6] Entre sus decisivos logros se cuenta su apoyo al colectivo guayaquileño La Artefactoría, a dos de cuyos miembros, Marco Alvarado y Jorge Velarde he dedicado sendos análisis en entregas anteriores de 트랜스라틴Translatin. Cfr. “마르코 알바라도, 징그러움을 추구하는 에콰도르 현대 미술가” (Marco Alvarado, un incómodo en el arte ecuatoriano contemporáneo), en 트랜스라틴 Translatin (Seúl), nº 34, septiembre de 2016, pp. 75-82. Tr. al coreano de 박병규 (Park Byeong-gyu), y “회화적 상상의 대가 호르헤 벨라르데-훌리오 세사르 아바드 비달” (Jorge Velarde, maestro de la figuración pictórica), en 트랜스라틴Translatin, nº 38, septiembre de 2017, pp. 95-102. Tr. al coreano de 이경민 (I Gyeong-min).

[7] Y el nombre de la exposición individual que de estas obras se celebró en el Museo Municipal de Arte Moderno de Cuenca en octubre de 2014.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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