Chaquiras para un duelo

VERA 1

Pugna canibus. 2018, técnica mixta sobre tela

El 14 de junio fue inaugurada en la Galería Mirador (UCSG), de Guayaquil la primera exposición individual de Juan Francisco Vera (Guayaquil, 1972). Si en la actialidad me hallo redactando un ensayo monográfico de mayor extensón dedicado a las importantes cuestiones que plantea el trabajo de Vera,  reproduco a continuación el texto que redacté como hoja de sala.

Chaquiras para un duelo

Con su comparecencia en la Galería Mirador de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Juan Francisco Vera (Guayaquil, 1972) ofrece un espacio para el duelo por las víctimas de la violencia homofóbica de su ciudad. Para ello, Vera ha acudido a una figura sepultada en el olvido normativo, la de los “enchaquirados”, jóvenes de la Cultura Manteño-Hualcavilca[1] que, ricamente ataviados, desempeñaban una función crucial en prácticas rituales homosexuales. Muchachos cuya existencia conocemos por el testimonio de diversos cronistas de Indias, tales como Miguel de Estete (en su El Descubrimiento y la conquista del Perú), o Pedro Cieza de León (en su Crónica del Perú), y que, aparte de su incólume censura del pecado nefando[2], apenas trasmiten información alguna que permita un conocimiento comprehensivo de su naturaleza y de las responsabilidades que sobre ellos recaían[3].

La exposición presenta tres cuerpos de obra: un conjunto de pinturas con técnica mixta sobre tela de gran formato y sin bastidor, unas esculturas zoomorfas realizadas en cearámica cocida sin horno y recubiertas de chaquiras de resina, y una instalación acuática –Ritual– en la que flotan tantas velas como las víctimas de la violencia homofóbica que el conjunto recuerda.

VERA 3

Águila, Jaguar y Hombre-mono. (de izquierda a derecha). 2018, arcilla cocida en fogata, caña guadua, piedra de Sierra Azul y chaquiras

Las pinturas de Vera presentan un carácter figurativo de cariz neoexpresionista, y representan hombres que adoptan rasgos animales o conviven –de modo beligerante– con ellos, pinturas que reciben títulos e inscripciones en latín, el idioma eclesiástico. Por su parte, las cabezas de tres animales de importancia simbólica, un mono (aquí antropomorfizado), un jaguar y un águila, asumen una decoración similar a los de los enchaquirados, por lo que la hibridación entre lo humano y lo animal se manifiesta nuevamente en estas obras tridimensionales.

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La noche inaugural invité a los asistentes a activar la instalación Ritual. Vera elaboró una estructura de madera que cubrió con plástico negro, y que fue llenada de agua. Sobre ella se disponen ochenta y dos velas en sendos recipientes plásticos que el artista enchaquiró. Los asistentes que lo desearon prendieron una de estas velas sobre un fondo sonoro consistente en un arullo esmeraldeño dedicado a un niño muerto. Fotografía de Amaury Martínez

Los animales y los hombres zoomorfos que protagonizan la muestra de Juan Franciso Vera presentan una carga ambivalente. Son seres dotados de instinto, y por ello, afines al ámbito de lo telúrico (y aun de lo ritual en el contexto precolombino) que, al tiempo de abrazar, acaso, la irracionalidad, o cuanto memos, aspectos que se escapan a la alienante razón instrumental, pueden constituirse en una crítica a una cierta sinrazón impuesta por la violencia: la de los crímenes homofóbicos por cuyas víctimas se ha erigido esta suerte de espacio –no sacralizado– para el duelo.

VERA 2

Domun, I y Domun, II (izda y dcha. respectivamente). 2017, técnica mixta sobre tela, 200 x 300 cm c/u

El conjunto abraza el vitalismo, como manifiesta la configuración pictórica neoexpresionista o el cromatismo de las chaquiras de las obras escultóricas, una respuesta a una estandarización castrante, al ansia de dominio, a la imposición por la fuerza de la razón de unos sobre los otros.

Notas

[1] La Cultura Manteño-Hualcavilca, de la que pueden situarse sus orígenes en torno al año 500 d. C., y su desaparición poco después del arribo, en 1534, de una expedición comandada por Pedro de Alvarado, ocupó un extenso territorio comprendido entre la Bahía de Caráquez en la actual Provincia de Manabí, el Golfo de Guayaquil así como la Isla Puná (en la actual Provincia del Guayas), el litoral de la actual Provincia de El Oro, y Manta, localidad que sirve a su denominación.

[2] El calificativo “nefando” se refiere al pecado cuya afrenta no se puede tan siquiera pronunciar, por lo que su ocultamiento resulta esencial.

[3] Una introducción a la cuestión se encuentra en Benavides, O. Hugo: “La representación del pasado sexual de Guayaquil: historizando los enchaquirados”,  en Iconos (Quito), nº 24, enero de 2006, pp. 145-160.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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