Cenicienta, o de mujeres misóginas, I. Basile y Schönwerth

 

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Si se me permite la confesión, si hay un cuento que me escama en particular es el de Cenicienta. De niño, y aún ahora, la película de animación de Disney me resultaba y resulta insoportablemente cursi, lo que me ocurre asimismo con su reciente versión con actores[1]. Mi sensibilidad parecía extrañar algún detalle macabro que la lectura de algunas de las versiones del relato oral sí presenta, y de qué manera. No obstante, el nudo de mi desagrado estriba en la intolerable fijación en una cierta idea de felicidad femenina: aquella que se dirige a la obtención de un varón superior, aquella que se encamina al establecimiento de una relación de igualdad entre dicha y prosperidad económica, aquella que justifica el dominio de unos sobre los otros, y de un modo incontrovertible –aunque la identidad de víctimas y verdugos no sea en absoluto estática–. No es, en modo alguno, la lección que deseo que aprenda mi ángel –a quien dedico cada una de las palabras que me obstino en seguir escribiendo–, ni el de nadie.

Giambattista Basile, Charles Perrault y los Hermanos Grimm han sido los autores cuyas obras referidas a esta narrativa han gozado de mayor popularidad, pero sus trabajos difieren sensiblemente. Basile ofrece una Cenicienta en modo alguno inocente. Perrault es interesante por una irónica moraleja. Los Grimm abundan en detalles más macabros. La nómina de autores relacionados con el cuento podría cerrarse con Charles Evans, autor de una extensa y edulcorada versión sentimental escrita para ser ilustrada por Arthur Rackham. Autores todos ellos a los que dedicaremos entradas subsiguientes.

9788478449927_L38_04_lEl napolitano Giambattista Bassile (1575-1632) incluyó una macabra versión de un relato de trasmisión oral cuyos motivos argumentales se hallan en diversas tradiciones desde la antigüedad en su magna obra, Pentamerón. El cuento de los cuentos[2], que fuera publicada póstumamente tan solo dos años después de la muerte del autor. Su protagonista, de nombre Zezolla, está lejos de ser la niña cándida de las versiones de Perrault, los Grimm o Evans. Por el contrario, asesina a la primera sustituta de su madre, hostigada por su institutriz, de nombre Carmosina, quien actúa, “cegada por el diablillo” (p. 84), deseando ser quien ocupe el lugar de la esposa de quien ha enviudado, un príncipe del que no se ofrece ulterior información. Una segunda madrastra que oculta, asimismo la existencia de sus seis hijas (Imperia, Calamita, Fiorella, Diamante, Colombina y Pascarella), crueles como las dos hermanastras de la Cenicienta del resto de las versiones, si bien Basile no detalla las atrocidades de aquellas, aunque sí concede un detalle de barbarie: su propio padre, un príncipe, llegaría a tenerles tanto afecto que llegó a apear “de su corazón a su propia hija” (p. 85), algo que redunda la negligencia con la que cumple el deseo de su hija en detrimento de la responsabilidad desplegada hacia la observancia de los de sus hijastras cuando parte de viaje.

La intervención mágica que consigue llevarla al baile de palacio y la pérdida del zapato, un chapín concretamente, salvo en ciertos detalles  –quien se prenda de esta cenicienta no un príncipe sino el mismísimo rey–,  resultan comunes a las versiones más populares del relato, que en el caso de Basile se cierra con una moraleja que se dirige a censurar la envidia, pues las hermanastras, que han de regresar al hogar de su madre, comprenden a su pesar que, como reza el díptico con el que se cierra el relato, “Más puede la hermosura / que billetes y escrituras” (p. 89).

Una reciente recuperación de la obra olvidada de un folclorista germano, Franz Xaver von Schönwerth (Amberg, Baviera, 1811-Múnich, 1886)[3] en una magnífica edición, como es costumbre, de la barcelonesa editorial Alba, presenta una versión de este relato de transmisión oral que, como el resto de los que integran su obra, fue recopilado en su región natal, pero que quedó inédito hasta su recuperación reciente, junto a otros cinco centenares de cuentos, por la investigadora Erika Eichenseer[4]. Un relato que, en lo esencial, resulta similar a la versión canónica de los Grimm, pero que resulta sensiblemente más breve.

La versión recogida por Schönwerth, que hace del padre un tabernero y de las dos hermanastras de Cenicienta –aquí llamada Alas de Ceniza (Aschenflügel)–, fruto de este segundo matrimonio y no únicamente de la segunda esposa, anteriormente viuda,  carece de uno de los elementos de interés, probablemente el más estimulante, de esta narración de origen popular. Se trata del hecho de que la carnavalización de Cenicienta, tiene, como todos los espacios reglados de transgresión, sus horas contadas (exactamente las doce de la noche), el instante en el que nace la cuantificación de un nuevo día, un recordatorio, y una cesura que vendría a constituirse en una suerte de memento mori. En cambio sí presenta un motivo central en otras versiones: la ayuda mágica que recibe para salir de su calamitosa situación procede del testimonio del amor de su padre, un amor que ha sido hasta entonces negligente en exceso. Si los Hermanos Grimm condenan a las hermanastras a una penitencia memorable, no lo hace así la versión de Schönwerth, que sí recoge la automutilación de los pies de las hermanastras para calzarse el zapato-fetiche que indica la identidad de la doncella anhelada. No puede uno dejar de pensar en la cirugia estética y en las dietas milagro y en dolor que se infligen algunas mujeres para calzar en el patrón en el que cifran la promesa de su felicidad.

Notas

[1] Cinderella (Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1950) y Cinderella (Kenneth Branagh, 2015), respectivamente.

[2] “La gata cenicienta”, en BASILE, Giambattista: Pentamerón. El cuento de los cuentos. Tr. de César Palma. Madrid, Siruela, 2006, pp. 83-89.

[3] “Alas de Ceniza”, en SCHÖNWERTH, Franz Xaver von: La princesa de las remolachas y otros cuentos populares inéditos. Ed. de Erika Eichenseer. Tr. de Isabel Hernández. Barcelona, Alba, 2018, pp. 65-67.

[4] “Schönwerth publicó tres volúmenes de sagas y leyendas tituladas Aus der Oberpfalz: Sitten und Sagen [Leyes y sagas del Alto Palatinado] en 1857, 1858 y 1859 respectivamente, pero el poco éxito cosechado le hizo desistir de continuar con la publicación de los numerosos cuentos recopilados de viva voz entre gentes del campo y de la ciudad, en diferentes desplazamientos realizados en persona y también a través del correo, es decir, exactamente de la manera en que los hermanos Grimm se habían imaginado que debía llevarse a cabo la labor de fijación escrita de la tradición popular, y que ellos mismos no llegaron a poner del todo en práctica, al recibir una buena parte de su material de mujeres de su mismo entorno social”. Hernández, Ana: “Introducción”, en SCHÖNWERTH, Franz Xaver von: La princesa de las remolachas y otros cuentos populares inéditos. Op. cit. pp. 13-19. La cita procede de la p. 14.

Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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