En torno a Abstract, de Pedro Calapez

BAJA fumosverdes

Fumos verdes. 2006, acrílico sobre siete paneles de aluminio, 106,5 x 216 x 25,5 cm

La presente entrada reproduce en su integridad nuestro ensayo “De Abstract, la pintura última de Pedro Calapez”, publicado en la monografía ABSTRACT. Pedro Calapez. Lisboa, Edições MPPC, 2008, pp. 4-17.

De Abstract, la pintura última de Pedro Calapez

Abstract

Pedro Calapez (Lisboa, 1953) ocupa un prominente papel en el seno de la escena artística portuguesa contemporánea, particularmente en un campo como el pictórico en el que las grandes autoridades de su país, celebradas durante las últimas décadas internacionalmente, muestran en la actualidad signos de agotamiento. Los intereses de Pedro Calapez le han movido a lo largo de las tres décadas de su actividad artística a elaborar diferentes propuestas plásticas, pictóricas y escultóricas que participan de un sentido de instalación. Su pintura, para cuya configuración técnica y formal emplea habitualmente diversos soportes distantes, paralelepípedos realizados industrialmente, fundamentalmente de aluminio (o bien cerrado o bien hueco) -aunque ha abordado su producción en otros materiales, como la madera conglomerada (MDF) que dispone de modo reticular y presentando intersticios a diferentes alturas-, se manifiesta mediante dos estrategias centrales.

En primer lugar, puede señalarse en el conjunto de la obra pictórica de Calapez la presencia de series de obras que, presentadas a cierta distancia las unas de las otras, organizan composiciones de un campo de color plano sobre el que se dispone una trama de grueso contorno de un color que contrasta sensiblemente sobre el fondo. Los temas más caros a esta práctica los constituyen los paisajes y las arquitecturas, en ambos casos, desprovistos de figuras humanas y animales. Si el contraste entre fondo y línea es contundente, la lectura de los objetos no resulta, en muchas ocasiones, y como cabría esperar, nítida. La trama que podría ser denominada como dibujo se ofrece farragosa, se manifiesta en meandros, con un manifiesto horror vacui que ha conducido al autor a duplicar los contornos, como en una visión doble, o a simultanear imágenes, como si se tratara de un palimpsesto en el que se hace difícil discernir qué parte es la tachada y cuál la última en ser mostrada, cuál estaba originalmente allí y aquélla que ha querido eliminarla.

En un segundo grupo de trabajos, Calapez procede a la elaboración de obras de carácter no figurativo mediante amplios campos de color que se relacionan lúbricamente. Es precisamente de esta producción de la que se ocupa el presente libro y, en particular, de la obra desarrollada por Pedro Calapez desde 2004 hasta la actualidad (comienzos de 2008).

Existe en la obra pictórica de Calapez un hondo sentido terrenal: su pintura es aplicada de modo denso, espeso, estratificado. Su referencia fundamental se dirige al paisaje y finalmente, su obra última cobra un sentido geográfico, tanto en un significado físico, a través de una configuración que le relaciona con las placas tectónicas terrestres, como en una acepción política, mediante una apariencia que puede asemejarse a la de banderas ondeantes.

 

“Abstract”

BAJA MOD 02

MOD 2. 2007, acrílico sobre cincuenta y nueve paneles de aluminio, 210 x 900 x 24,5 cm

Pedro Calapez ha bautizado a este proyecto editorial con un vocablo inglés, “abstract”, que presenta diferentes acepciones. En primer lugar, en el contexto artístico, “abstract” (abstracto, abstracta) es un adjetivo calificativo que sirve para designar las obras plásticas que no pretenden una representación, por libre, sintética o estilizada que sea ésta, de un fenómeno, sujeto u objeto de la realidad, ya sea natural o artificial. En segundo lugar, “abstract” es un sustantivo que podría ser traducido como “resumen”, o más apropiadamente, “extracto”, y que en las publicaciones académicas precede a los artículos o ensayos de investigación como avance de sus contenidos. Así, es práctica frecuente, para facilitar su presencia en publicaciones internacionales, que los artículos se hallen encabezados por un “abstract” en lengua inglesa independientemente del idioma en que esté redactado. En este sentido, por ejemplo, ha sido empleado anteriormente, de un modo que podría compartir el gusto de Calapez por el bucle, por el rizo, cuya presencia caracteriza buena parte de su obra de madurez.

Pero “abstract” presenta aún una significación particularmente afín a los valores pictóricos de su personal propuesta creativa. Pedro Calapez pinta sus paisajes en un extenso taller lisboeta que, pese a su luminosidad, carece de hermosas vistas. En modo alguno su particular glosa paisajística se trata de una práctica al aire libre (plein air), sino por el contrario, la obra de un creador que se abstrae (en lengua española este verbo se aplica fundamentalmente a los lectores y a los que escuchan música, en ambos casos, muy concretados, y a quienes admiran un paisaje), de un abstraído. De un ensimismado creador que goza del placer del tacto en su aplicación de los pigmentos. De una pintura que remite inequívocamente a la visibilidad y que, por obra de la aplicación untada de la misma materia pictórica apela incluso al sentido del gusto, al apetito, en su evocación, por ejemplo, de los bizcochos que dan fin a las celebraciones familiares.

 

De Abstract

En su producción pictórica última, Pedro Calapez, y de ello nos ocuparemos en el presente análisis, ha investigado nuevos soportes o distintas vías de disponer estos mismos módulos. A la presencia de paralelepípedos regulares compactos que le ocupó intensivamente desde finales de la década de los noventa del pasado siglo, Calapez ha incorporado diversas soluciones técnicas. Quizá la más destacada, si bien no la única, sea la aparición de planchas de aluminio que presentan tres caras visibles, una frontal (y única que recibe tratamiento pictórico) y dos laterales. En todos los casos, estas caras laterales, mediante las cuales la pintura se une a la pared, son planas. Sin embargo, la altura, el relieve, de la capa pictórica respecto a la pared varía en las diferentes planchas de aluminio que Calapez emplea. Y esta solución hueca ha permitido a Calapez conseguir dos efectos inéditos en su trabajo anterior. Por su carácter más liviano, la profundidad o resalto ha adquirido un mayor protagonismo al aumentarse sensiblemente. De hecho, en una obra que quizá dé inicio en algún momento a una serie de trabajos, pero hasta el momento única, HS 02 (2007, acrílico sobre dos planchas de aluminio, 80 x 76,5 x 36 cm; de hecho, HS significa “sin serie” del francés hors, “sin”, como ocurre en la expresión presente en algunos ejemplares de obra gráfica hors de comerce, “fuera de comercio”), Calapez ha introducido la parte inferior de una plancha (de 20,5 cm de profundidad) en la parte superior de una nueva plancha (de 36 cm de profundidad) dispuesta bajo ella. Por otra parte, el carácter liso de las caras laterales ha permitido que éstas reflejen los módulos circundantes, por lo que la experiencia sensorial del espectador se enriquece si evoluciona éste frente o al lado de estos conjuntos, contrariamente a lo que ocurre a causa de la univocidad de la percepción pictórica tradicional. Del mismo modo, el irregular resalto de las diferentes partes que componen los polípticos pictóricos de Calapez consigue un efecto desestabilizador en el espectador. Y esto ocurre más notoriamente en aquellas obras cuya disposición sobre la pared resulta simétrica, pues el hecho de no presentar su capa frontal, y por tanto, la capa pictórica, una altura idéntica, provoca que su percepción resulte asimétrica.

Las pinturas realizadas recientemente por Pedro Calapez carecen habitualmente de un título narrativo. En contadas excepciones Calapez se refiere a ellas, como en dos obras excelsas, como a “sombras”, como a “humo”, lo que incide en el carácter etéreo, volátil o difuso de una pintura, paradójicamente, innegablemente física. Así ocurre en Fumos verdes (2006, acrílico sobre siete paneles de aluminio, 106,5 x 216 x 25,5 cm), enteramente desarrollada con pigmento acrílico verde oscuro y negro, o Sombras vermelhas (2007, acrílico sobre siete paneles de aluminio, 92 x 243,5 x 36 cm) muy similar en su reducción cromática salvo por la sustitución, como su nombre indica, del verde por el rojo (vermelho). En la mayoría de los casos, las pinturas reciben una numeración por series, aunque para los títulos de éstas Calapez se sirva, en ocasiones, de abreviaturas o siglas, lo que confiere un carácter un tanto críptico a sus denominaciones, pues algunas de ellas no resultan difíciles de identificar.

BAJA Comp 06 -GJ4R1663

Composição 06. 2005, acrílico sobre seispaneles de aluminio, 162 x 152 x 40 cm

“Composición” es el título de una serie abierta en 2004. Se caracteriza por una preocupación espacial del conjunto por establecer figuras geométricas (casos de los números 1, un trapecio cuya base mayor sería el margen izquierdo de los módulos, y la base menor el margen derecho, o el número 5, inscribible idealmente en una circunferencia), por una sólida geometría, en el registro horizontal único del número 4, o del mismo modo, pero en vertical en el número 5 o bien por formas más complejas y caprichosas, como los números 2 y 3. Otros miembros de la serie, como los números 6, 8, 9, 10 u 11 participan de un mismo recurso: encontrarse alineados en el margen izquierdo. Una característica que presentan otras obras de Calapez de diferentes series, como diferentes miembros de la serie “Vertical” y o de la serie “Totem”.

Cada una de las pinturas que constituyen la serie “Vertical”, comenzada en 2005, constituye un políptico cuyos módulos se ordenan en paralelo, como en la práctica totalidad de la obra de Calapez, pero cada fila está constituida, únicamente por un elemento. Asimismo, el conjunto se ordena, o bien en su integridad respetando un mismo margen, o bien compartiendo el margen derecho y el izquierdo en las filas consecutivas. Así, por ejemplo, el primer (en orden del más alto al más bajo) y el segundo elemento de los seis que integran VAR 06 (y VAR 07 que repite tanto la disposición como el tamaño de cada uno de los módulos, siendo ambos trabajos de 2007) se alinean por el margen izquierdo, pero el margen derecho de la segunda marcará una alienación con los elementos tercero y cuarto. El quinto y el sexto, por último, comparten con el cuarto el margen izquierdo. Esta solución zigzagueante produce con rotundidad el ritmo visual que persigue en numerosas ocasiones la propuesta plástica fragmentada de Calapez, lo que podría remitir la obra de Calapez a otra particular sinergia (ya se mencionó el tacto, por la pastosidad de sus superficie, y del gusto, por este mismo motivo y su relación con el recuerdo infantil de los postres caseros): en este caso, con el sentido del oído.

Una estricta ordenación geométrica confiere a una serie de obras (comenzada en 2007) de una mayor gravedad, una presencia física sólida muy acorde con su título “Totem” (tótem), representaciones de deidades zoomórficas protectoras talladas por la población indígena de Norteamérica en un tronco, lo que confiere a cada uno de estos objetos rituales una marcada verticalidad así como una disposición figurada en registros horizontales paralelos. Salvo uno de los cuatro primeros miembros de esta serie de Calapez, el resto puede inscribirse en un rectángulo. Cada una de sus hileras se compone verticalmente de dos piezas. En los números 1 y 4 son iguales dos a dos de modo inverso en los registros inmediatamente anterior e inferior a cada uno de ellos. El número 3 resulta visiblemente aún más macizo por el hecho de que todas las piezas de la columna izquierda son iguales entre sí, como ocurre con las de la columna derecha (éstas de mayor anchura que aquéllas). Únicamente el número 2 carece de esta configuración geométrica, para presentar el ritmo visual de ordenación zigzagueante del que se ha hablado en torno a la serie “Vertical”.

En la serie INC (de “incompleto”), Calapez establece un juego visual con el espectador que, o bien descubre una falta en el conjunto, enseñado ya a mirar los fragmentos como totalidades, o bien echa de menos algún panel que otorgue a la totalidad pictórica una configuración global inscribible en una figura geométrica rectangular o cuanto menos, simétrica, como ocurre en la mayoritaria proporción de las obras de Calapez.

BAJA RW 04+

RW 04 (non stop). 2008, acrílico sobre siete paneles de aluminio, 300 x 400 x 5 cm

Pero algunos de los títulos de las series pictóricas últimas de Calapez no resultan tan inequívocos para el espectador medio. Así, en la serie “RW” (de “rewind”), Calapez procede a la recuperación de algunas obras anteriores a las que somete a revisión, a un nuevo visionado. En la serie “MOD”, Calapez, quien consagró su formación inicial a la ingeniería, ha recurrido a la razón “Modulor” (neologismo surgido de la unión de los términos module y section d’or) establecida por Le Corbusier en sus dos ensayos homónimos, mediante la que pretendía la vindicación de un nuevo Humanismo y la recuperación de la literatura arquitectónica clásica que persigue, mediante la aplicación de la “sección áurea” o “divina proporción” la relación ordenada de las proporciones del hombre y la arquitectura con la Naturaleza, y que es considerada como la proporción perfecta entre los lados mayores y menores de un rectángulo. Es en este sentido, que Calapez realiza distintas divisiones de planchas cuadradas de aluminio de un metro de lado como soporte de sus polípticos.

El conocedor de la obra de Calapez puede descubrir dentro de su reciente producción una serie de obras que, compartiendo la dicción personal del artista, resulta novedosa en la articulación de su procedimiento. Las composiciones de múltiples módulos que caracterizan la obra madura de Calapez, y particularmente aquéllas que presentan una configuración global simétrica han podido siempre ser experimentadas por quien las contemplan con el deseo de encajar idealmente sus partes. Sin embargo, Calapez no había logrado hasta muy recientemente que esta voluntad de encajar las piezas se impusiera casi preceptivamente, de modo urgente, en quien se abstrae en su disfrute. Las diferentes partes que componen estos polípticos remiten así a la vocación de unidad e integridad que experimentó, por ejemplo, el geólogo Alfred Wegener en el estudio de la geografía, cuyos planteamientos fundaron su teoría de la deriva continental, origen de la tectónica (del griego Tekton, “el que construye”) de placas, según la cual, las placas continentales que conforman la capa superior de la tierra (Litosfera) estuvieron en un pasado remoto unidas en un bloque compacto (Pangea). En la mayoría de las ocasiones, en la obra de Calapez los bordes de las placas o módulos no presentan la irregularidad erosionada de los siglos y podrían encajar perfectamente en una recomposición de la matriz (una plancha maciza de aluminio) original, pero algunas de sus obras más recientes han llegado a presentar filos recortados más caprichosamente, menos geométricos y más próximos a lo que ocurre cuando se fragmenta un bloque de piedra o como aparecen los bordes de la superficie terrestre. Acompaña a esta nueva configuración una presencia cromática más rígida, cortante, menos sinuosa o contaminada. Algo que empleando una terminología musical podría caracterizarse como stacatto, articulación cortada de los sonidos, sin la ligazón o legatto, esa contaminación fluida de los pigmentos que ha caracterizado a la mayor parte, y ciertamente al origen, de la producción pictórica madura de Calapez. Es como si el elemento lúbrico, líquido, del que antes gozaba la aplicación del pigmento se hubiera desplazado a la superficie, por vez primera de contornos curvos y no sólidamente geométricos (cuadrangulares o rectangulares) que centraban la obra pictórica de Calapez hasta el momento.

BAJA piso zero 2005

Piso Zero. 2004, acrílico sobre sesenta y seis planchas de aluminio, 350 x 700 x 30 cm

Calapez se encuentra motivado por un replanteamiento constante de su producción. Así, por ejemplo, ha forzado la tridimensionalidad de sus pinturas al acrílico sobre paralelepípedos de aluminio para formar, desde 2002, cubos incompletos, de cinco caras, la sexta de las cuales, la superior, ha sido convenientemente eliminada, para permitir a su contemplador la apreciación del conjunto. Algo similar ocurre en una obra sobre suelo para la que ha levantado mediante fustes visibles un conjunto de planchas de aluminio recortadas. Una obra titulada significativamente Piso Zero (2004, acrílico sobre sesenta y seis planchas de aluminio sustentadas a 30 centímetros del suelo alcanzando una superficie global de 350 x 700 cm) que ha sido, precisamente, el origen del desarrollo de la serie, y que ha sido modelo de una obra posterior, Ground 02 (2005, acrílico sobre cuarenta y tres planchas de aluminio sustentadas a 10 cm del suelo con una superficie global de 200 x 200 cm). Finalmente, Calapez se encuentra desarrollando este sistema de deriva sobre superficies verticales en polípticos muy complejos (como RW 04 (non stop), 2008, acrílico sobre cincuenta planchas de aluminio, 300 x 400 x 5 cm) en los que a la presencia, menor, de superficies pictóricas barridas en sus partes, suma la considerablemente mayor de disposiciones en bandas de perfiles definidos aunque no enteramente rectilíneos.

La naturaleza constructiva que alienta en la producción pictórica de Pedro Calapez convive con las manifestaciones ensoñadoras de una creación que se quiere fundamentalmente dirigir a los sentidos. Aspecto que emparienta la obra de Calapez con la de los creadores de la pintura all-over, con quienes ha confesado compartir la voluntad de abrigar al espectador de su pintura en un campo cromático. La obra de Calapez, siendo una pintura abstracta absolutamente física, carece del dramatismo de la gestualidad alcanzada por el Expresionismo Abstracto norteamericano o el Informalismo europeo. Es la suya una pintura de valores atmosféricos, ausente de violencia, y cargada, no obstante, de una actitud vigorizante.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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