En torno a los cortometrajes recuperados de Eduardo Solá Franco

OBJECT S

Fotograma de No patear los objetos por favor (1970, Súper 8, 8’ 55’’)

La preente entrada reproduce en su integridad el artículo “En torno a los cortometrajes recuperados de Eduardo Solá Franco”, publicado en Revista Nacional de Cultura (Quito), nº 25, tomo I, enero-abril de 2014, pp. 53-57; y posteriormente en Cartón Piedra, suplemento dominical cultural del diario El Telégrafo (Quito), 26 de octubre de 2014, pp. 21-24.

En torno a los cortometrajes recuperados de Eduardo Solá Franco

Eduardo Solá Franco constituye un caso singular en el contexto de la creación ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XX por su cosmopolitismo, su homoerotismo y su culteranismo. La posición económica de su familia permitió que su vida fuera viajera, pero al tiempo, que estuviera marcada por el desarraigo, de lo que ha dejado testimonio elocuente en un breve, pero jugoso texto autobiográfico, “Solá Franco por sí mismo”, publicado póstumamente[1]. La delectación homoerótica resulta manifiesta en sus retratos masculinos que abundan en la juventud, en la definición y tersura anatómica de los miembros o en su provocación sensual más o menos explícita. Su vasta cultura permea en argumentos religiosos, mitológicos, literarios, en una pintura narrativa de atmósferas, las más de las veces, enigmáticas, surreales. Sus últimos años están marcados por el desencanto para con el mundo artístico, no únicamente nacional, en el que siempre se sintió marginado (en términos, naturalmente, de su recepción crítica; su éxito comercial, particularmente como retratista en Guayaquil, está fuera de toda duda), sino en términos globales. Un mundo del arte que caracteriza como enturbiado por el sensacionalismo, la superficialidad y el olvido de la tradición cultural; “todo el aspecto grotesco y hasta ridículo de las artes plásticas de hoy es causa del total empobrecimiento en el que se halla la cultura actual”[2].

Las características cosmopolitas, homoeróticas y culteranistas de su universo pictórico y gráfico se encuentran presentes, asimismo, en la faceta cinematográfica de Solá Franco. Un corpus, tanto en extensión como temáticamente, inédito en el arte ecuatoriano de su generación. Con motivo de la exposición Eduardo Solá Franco. El teatro de los afectos, celebrada en el Museo Municipal de Guayaquil en 2010, con curaduría de Rodolfo Kronfle Chambers y Pilar Estrada Lecaro, fueron digitalizados los cortometrajes realizados por Solá Franco conservados en la colección de Luis Savinovich. El autor ha tenido acceso a diez de estas obras cinematográficas de corta duración que en su investigación Kronfle Chambers ha señalado que podrían haber llegado a la cincuentena[3]. Todas las grabaciones, en color, carecen de banda sonora y han sido realizadas con cámaras de 8 milímetros y de Súper 8, en siete y tres casos, respectivamente.

Los cortometrajes pueden ser clasificados, en primer lugar, entre aquellos que presentan un único protagonista al que le ocurren cosas, ya sean éstas de carácter fantástico, como ocurre en Don’t Kick the Objects… Please (1963, 8 mm, 2’ 31’’) y su remake No patear los objetos por favor (1970, Súper 8, 8’ 55’’), o no, es el caso de Boy Bored in the Beach (1962, 8 mm, 1’48’). Algunos otros ofrecen una narrativa tradicional que implica a una pareja y a un grupo, como La ruptura (1961, 8mm, 3’ 03’’) y Just a Little Argument (1962, 8 mm, 6’ 56’’), respectivamente. Uno de estos trabajos presenta incluso un carácter próximo a lo documental, Domingo de verano (1969, Súper 8, 9’ 34’’). Dos cortometrajes adaptan pasajes de célebres tragedias: Otello en Roma (1963, 8 mm, 3’ 18’’) y Medea (1965, Súper 8, 13’ 51’’). Y dos piezas, que involucran a varios personajes, destacan por su carácter fantástico u onírico: Encuentros imposibles (1959, 8 mm, 7’52’’) y El ritual (1974, 8 mm, 11’ 49’’), cortometrajes, por cierto, que abren y cierran cronológicamente el arco abierto entre la totalidad de los cortometrajes analizados.

Desde un punto de vista técnico, algunos de los cortometrajes presentan elementos particularmente empleados en el cine de terror o de fantasía, como el stop motion (animación fotograma por fotograma) para la animación de objetos que parecen tener vida propia. Es el caso de Don’t Kick the Objects… Please y No patear los objetos por favor. Asimismo, emplea un montaje de transición brusca para lograr la ilusión de que uno de los personajes desaparezca ante los ojos de su o sus compañeros. Así ocurre en Encuentros imposibles y en El ritual, en este último caso como un acontecimiento congruente con la fantasía iniciática que centra la segunda y fundamental parte de su metraje. Otro de los elementos destacables en algunos de los cortometrajes es el del juego con los títulos de crédito. Boy Bored in the Beach los presenta escritos en la arena de la playa. Una escritura que se presenta ente los ojos del espectador en el momento de su realización al comienzo de No patear los objetos por favor, hasta que una ola borra las letras en su acometida. En Domingo de verano el título del filme está realizado mediante la disposición ordenada de piedrecitas que una mano, igualmente, destruirá.

Encuentros imposibles

Fotograma de Encuentros imposibles (1959, 8 mm, 7’52’’)

El universo de varios de sus cortometrajes es, como se ha indicado, fantástico. Una característica presente ya en la más antigua de sus obras cinematográficas recuperadas, Encuentros imposibles, rodada en las playas de la localidad barcelonesa de Sitges. Se trata de una fantasía de tinte sexual que relaciona a tres hombres y dos mujeres. Su protagonista es un joven ataviado en todo miento exclusivamente por un bañador, David Morais, amante entonces del artista[4], que cae muerto, desplomado por el peso de una mujer desmallada a la que probablemente deseaba raptar. Los restantes hombres se precipitan sobre su cadáver y le arrancan sus vísceras. Su cuerpo, depositado sobre la arena del mar resucitará, para, a modo de Siegfried, despertar a una doncella dormida, con la que se adentra, al término de la obra, en el mar.

Don’t Kick the Objects… Please y su remake, concluyen con un joven muerto violentamente. Lo mismo ocurre en otra fantasía fílmica de Solá Franco: A Little Argument, que no es precisamente una discusión pequeña, como reza, irónicamente, su título. En ella, asistimos al linchamiento hasta la muerte de un joven a manos de un grupo de compañeros académicos. Se trata de una venganza. La victima acaba de emprender una relación con una joven, quien ha roto con su anterior novio al sentirse atraída por la gentileza de aquél. El despechado y sus amigos sorprenden al enamorado y la emprenden a golpes contra su cuerpo hasta que yace exangüe ante la mirada horrorizada de la novia y de un niño que, sin saberlo, ha contribuido al crimen, propiciando que la víctima pueda ser sorprendida en solitario, aumentado así la pusilanimidad del amante abandonado.

Domingo de verano es la obra de más marcado carácter documental del conjunto. Retrata el descanso dominical en la ciudad de Barcelona, mostrando las carreteras apenas transitadas en horario laboral y una playa atestada de visitantes, algunos de los cuales se dedican a la pesca. Paralelamente la acción se traslada a un interior en el que una mujer burguesa y solitaria, víctima sensiblemente del tedio, recibe una llamada telefónica que parecía aguardar. Una secuencia la muestra posando como si se tratara de una modelo que desea seducir a la cámara con diferentes atavíos, pero al término de esta actividad narcisista retorna a su hastío, hojeando, como al comienzo, sin el menor entusiasmo, una revista sobre el mundo de la moda. Cae la tarde y con la puesta de sol todos los que disfrutaban del descanso en la playa regresan a la ciudad para volver al día siguiente a su rutina laboral. La aglomeración impone largas esperas para acceder a los medios de transporte y las carreteras se congestionan. El paréntesis se torna, parece, tan rutinario y convencional, como el trabajo. Y la cámara se detiene en la pertinaz basura abandonada sobre la playa por sus efímeros visitantes.

Dos de las películas recuperadas constituyen adaptaciones de sendas obras teatrales, Medea de Eurípides y Otelo de Shakespeare. Otelo y Medea constituyen dos referentes literarios caros a una sensibilidad inclinada hacia los aspectos más atormentados y siniestros de las pulsiones de todos nosotros. Una delectación que aparece con frecuencia en su obra pictórica, de algunos de cuyos elementos podríamos afirmar que presentan concomitancias con el Surrealismo, y, tal vez de modo más ortodoxo, con el Simbolismo[5]. Muy próximas en el tiempo, la primera en ser rodada, Otello en Roma, recoge apenas un fragmento de la acción, pero uno de los más reconocibles. Se trata del momento en el que Yago siembra en Otelo las sospechas sobre la fidelidad de su esposa, a través de un ardid: un pañuelo que Otelo regaló a Desdémona y que, caído por descuido y recuperado por un personaje secundario, permitirá a Yago enloquecer de celos a Otelo, convenciéndole de que acreditaría el adulterio de su esposa con Casio. Otelo, después de asfixiar a su esposa en el lecho, y comprender su error, se suicidará. En el cortometraje de Solá Franco no existe detalle escabroso alguno. Al término del cortometraje, Otelo llora a solas su desgracia, de espaldas al espectador, algo que ocurre en otras de las piezas de Solá Franco[6]. Otello en Roma resulta cargada por una excesiva presencia escénica de carácter turístico, lo que provoca un cierto distanciamiento de su reducida trama.

Mucho más abarcadora es la adaptación de Medea, el cortometraje de mayor duración de los estudiados. En Medea, Solá Franco sí transmite la integridad de la trama, para lo que se auxilia al espectador con cuatro cartelas carentes de fondo neutro. La tragedia de Eurípides nos muestra en su comienzo a una mujer enloquecida por el abandono de su esposo[7], un arribista Jasón que contraerá, en unas horas, nupcias con la hija del Rey Creonte. Medea, que intenta reconciliarse con el amor de su vida, trama una venganza contra ella, acudiendo a una hechicera que envenene una túnica para que al vestirla se envenene, como ocurriera a Hércules. Jasón, que no podrá consumar sus nupcias, y temeroso de la furia de Medea, acude al que fue su hogar para recuperar a sus tres hijos, pero cuando los encuentra es demasiado tarde. Medea los ha acuchillado. Muy ingeniosamente, Solá Franco muestra a los niños jugando con sendas marionetas. Omite detalles del acuchillamiento, pero sabremos de las muertes por la caída de las marionetas, inertes como los cuerpos de quienes hasta entonces las manejaban, una ilustración preclara del fatum trágico. Jasón, como Otelo llorará su desgracia a solas. Y Medea, enloquecida, se interna en un bosque.

BOY

Fotograma de Boy Bored in the Beach (1962, 8 mm, 1’48’)

Don’t Kick the Objects… Please y su remake, No patear los objetos por favor, separados por siete años presentan a un único actor en la playa. Después de tomar un baño, mientras descansa sobre una toalla, se verá asediado por los objetos que pueblan las playas, como contumaz testimonio del incivismo de sus visitantes. En su huida de la amenaza, el actor se mete en el mar, pero los desechos le persiguen incluso allí, acabando con su vida. En ambos casos el cortometraje concluye con el cuerpo tendido en la arena. Los personajes protagonistas comparten con los de otros cortometrajes de Solá Franco su desnudez. A excepción de por un bañador, sus cuerpos ofrecen su lozanía y la definición de sus anatomías, como ocurre en Boy Bored in the Beach. En este cortometraje, como en otros muchos, la cámara se delecta en la contemplación de los miembros de su protagonista. Un hombre sale del agua y se tiende sobre una toalla en la arena. Observa cómo juegan o se divierten diversos grupos de personas. Se aburre, su soledad le incomoda. Algo que manifiesta a las claras su aproximación a otro hombre que, ataviado del mismo modo, exclusivamente con un bañador, ha situado su toalla a escasos dos metros de la suya. Intenta entablar un diálogo, le pregunta por el libro que está leyendo, por la hora que es… pero su vecino no muestra el menor interés en su compañía.

Objects

Fotograma de No patear los objetos por favor (1970, Súper 8, 8’ 55’’)

La soledad y el abandono son temas caros a una cinematografía como la de Solá Franco que únicamente en un primer vistazo podría ser calificada como esencialmente hedonista. Las fantasías son en particular proclives a quienes persiguen afanes escapistas, mundos otros, pero que lo hacen mediante búsquedas intimistas, emprendiendo prácticas solipsistas, carentes de exterioridad, surcando los lienzos de un laberinto sin salida, tema frecuente en la pintura y el cine de Solá Franco; “la razón de ser del artista es la de poder plasmar en su obra lo que él lleva en su mundo interior. Un mundo que muchas veces él mismo desconoce, que no puede adivinar y a veces ni descifrar”[8].

 

Bibliografía

Estrada Lecaro, Pilar: “Encuentros imposibles: retratos de Solá Franco”, en KRONFLE CHAMBERS, Rodolfo y ESTRADA LECARO, Pilar (eds.): Solá Franco. El teatro de los afectos. Guayaquil, Municipalidad de Guayaquil, 2010, pp. 122-125.

Kronfle Chambers, Rodolfo: “El teatro de los afectos”, en KRONFLE CHAMBERS, Rodolfo y ESTRADA LECARO, Pilar (eds.): Eduardo Solá Franco. El teatro de los afectos. Op. cit., pp. 43-59.

Kronfle Chambers, Rodolfo: “Eduardo Solá Franco: Simbolismo y enmascaramiento”, en KENNEDY TROYA, Alexandra y GUTIÉRREZ VIÑUALES, Rodrigo (eds.): Alma mía. Simbolismo y modernidad. Ecuador 1900-1930. Quito, Museo de la Ciudad, 2014, pp. 160-169.

Solá Franco, Eduardo: “Solá Franco por sí mismo”, en SOLÁ FRNACO, Eduardo: Diario de mis viajes por el mundo. Quito, Ediciones del Banco Central del Ecuador, 1996, pp. 183-196.

 

Notas

[1] Vide SOLÁ FRNACO, Eduardo: Diario de mis viajes por el mundo. Quito, Ediciones del Banco Central del Ecuador, 1996, pp. 183-196.

[2] Ibíd., p. 196.

[3] “Se calcula que produjo alrededor de 50 cortos experimentales principalmente en cinta de 8mm, el paradero de la mayoría de este material es desconocido”. Rodolfo Kronfle Chambers: “El teatro de los afectos”, en KRONFLE CHAMBERS, Rodolfo y ESTRADA LECARO, Pilar (eds.): Eduardo Solá Franco. El teatro de los afectos. Guayaquil, Municipalidad de Guayaquil, 2010, p. 45, n. 6.

[4] Su relación con Morais, portugués y menor en veinte años al artista –cfr. Kronfle, “Eduardo Solá Franco: Simbolismo y enmascaramiento”, en KENNEDY TROYA, Alexandra y GUTIÉRREZ VIÑUALES, Rodrigo (eds.): Alma mía. Simbolismo y modernidad. Ecuador 1900-1930. Quito, Museo de la Ciudad, 2014, p. 165– se prolongó entre los años 1959 y 1962. Retrato de David Moirais (1959, óleo sobre lienzo, 81 x 103 cm, Guayaquil, Centro Cultural Simón Bolívar) le representa sentado, desnudo, a excepción de un calzoncillo o bañador, sobre un fondo neutro, la pierna izquierda flexionada y sobre el asiento, agarrada la rodilla por la mano izquierda, lo que hace que los órganos genitales destaquen, avanzando prominentes (la figura no es itifálica, empero). Una pintura posterior, y ejecutada a más de diez años de su ruptura sentimental con el protagonista, Beau garçon (1973, óleo sobre lienzo, 100 x 65 cm, col. part.) reproduce la misma postura, pero en esta ocasión su protagonista es acosado por tres mujeres lascivas, una de ellas, en el término izquierdo aproxima su mano derecha hacia los genitales. En el registro más lejano un figura masculina de mayor edad, casi calvo, ataviado con gafas oscuras parece aproximarse en lo que parece la resquebrajadura de un telón y, acaso, como un funesto presagio.

[5] “Del Simbolismo se desprenden los mecanismos madre que impulsan la creación de Solá: la sugestión y la metáfora. De igual forma, el Simbolismo marcaría cierta inclinación temática: episodios religiosos, mitológicos, literarios e históricos; particularmente aquellos que encierran un trasfondo siniestro”. Rodolfo Kronfle Chambers: “Eduardo Solá Franco: Simbolismo y enmascaramiento”, en KENNEDY TROYA, Alexandra y GUTIÉRREZ VIÑUALES, Rodrigo (eds.): Alma mía. Simbolismo y modernidad. Ecuador 1900-1930. Quito, Museo de la Ciudad, 2014, p. 162.

[6] La ruptura se cierra abruptamente, mientras el camarógrafo sigue, cámara en mano, a su protagonista, que poco tiempo antes ha llorado la pérdida oteando Roma, como lo hace Otelo. En su cortometraje posterior, otro hombre llora, solitario, su tragedia. Es Jasón.

[7] Resulta imposible no pensar en Maria Callas por su similitud con las facciones y la complexión de la mujer que encarna el papel titular. Callas interpretó, muy influyentemente, la ópera de Luigi Cherubini sobre este trágico personaje. La soprano incorporó a su repertorio el papel de esta ópera en 1953 y lo interpretaría durante una década. Callas acometió el papel de acuerdo con la versión italiana, Medea, que fuera estrenada en 1802, y que ella contribuyó a popularizar definitivamente. El estreno de la versión original, Médée, en lengua francesa, y con libreto de François-Benoît Hoffmann, tuvo lugar en el Théâtre Feydeau de París, en 1797. Hoffmann se sirvió para su libro de las tragedias Medea (s. V. a.C.), de Eurípides y Médée (1635) de Pierre Corneille. Al igual que Medea, el personaje de Otelo daría título a una ópera muy popular. Otello, de Giuseppe Verdi, con libreto de Arrigo Boito, estrenada en el Teatro alla Scala de Milán de 1887. Giacomo Rossini ya había compuesto una ópera sobre el mismo tema: Otello, estrenada en el Teatro del Fondo, de Nápoles, en 1816. Ambos títulos, naturalemente constituyen adaptaciones de The Tragedy of Othello, the Moor of Venice (c. 1603) de William Shakespeare.

[8] SOLÁ FRNACO, Eduardo: Diario de mis viajes por el mundo. Op. cit., p. 195.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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