Gabriele Basilico. Entropía y espacio urbano

Bilbao, 1993. © Archivio Gabriele Basilico di Giovanna Calvenzi

Gabriele Basilico. Entropía y espacio urbano. Madrid, Museo ICO. Del 30 de mayo al 10 de septiembre de 2017. Comisario: Ramón Esparza.

Una reciente exposición retrospectiva de la obra de Gabriele Basilico (Milán, 1944-2013), arquitecto de formación, y quien se consagró decididamente a una pesquisa sobre los usos de la Arquitectura y el espacio social, invita a establecer una nueva reflexión sobre la íntima relación entre Fotografía y Arquitectura desde el nacimiento mismo de la imagen fotográfica. Con la exposición, la Fundación ICO sostiene con congruencia su específica  línea expositiva, dedicada a la difusión de la arquitectura contemporánea, si bien apoyada con la presencia de una muestra anual consagrada  monográficamente a un fotógrafo o a una muestra colectiva y temática de diversos fotógrafos. Así, por ejemplo, hemos dedicado sendos análisis a sus dos últimas exposiciones fotográficas: Construyendo mundos. Fotografía y arquitectura en la era moderna (en 2015) y Robbins & Becher. Displacements, celebradas, respectivamente en 2015 y 2016[1].

Desde sus comienzos, la Fotografía constituyó un instrumento privilegiado de la afirmación del triunfo burgués positivista. En este sentido, el patrimonio arquitectónico pretérito o coetáneo y el desarrollo de obras públicas que tuvo lugar a lo largo del siglo XIX tendrán en la obra de fotógrafos profesionales y aficionados su mejor método de difusión propagandística. No obstante, otras estrategias se dirigieron –y lo hacen con particular abundancia y profundidad en la contemporaneidad­– a la puesta en duda del ideario burgués de progreso analizando las quiebras de la ilusión positivista tanto en un sentido social como ecológico.

El nacimiento de la fotografía, fruto de las investigaciones de los franceses Joseph Nicéphore Niépce (1765-1833), Louis-Jacques-Mandé Daguerre (1787-1851) y el británico William Henry Fox Talbot (1800-1877), constituyó un triunfo del progreso científico. Es por ello por lo que se convirtió, asimismo, en un dispositivo privilegiado para la difusión de ese mismo ideal de progreso. Es decir, la exaltación del emprendimiento burgués. En este sentido, resulta cuanto menos significativo que dos precedentes no fotográficos de la Fotografía guarden una intensa relación con la arquitectura y con el espacio natural: el diorama y el panorama.

La captura de arquitecturas se encuentra en el origen mismo de la práctica fotográfica debido a las originales limitaciones de los procedimientos técnicos empleados. La necesidad de iluminación natural y el estatismo del modelo derivaron en que obras arquitectónicas y vistas urbanas fueran con frecuencia los objetos privilegiados de las prácticas fotográficas más lejanas en el tiempo. Así ocurre en las investigaciones de Niépce, Daguerre y Talbot. Del mismo modo, cabe destacar que las pretensiones positivistas de la fotografía han servido para retroalimentar la ansiedad de dominio en este estado de las cosas. Desde la promoción de las obras públicas a los usos militares, policiales, y aun de espionaje, la Fotografía supuso la mayor revolución del conocimiento (o el instrumento privilegiado de una cierta manera de ver el mundo) desde la invención de la imprenta de tipos móviles. Y no resulta menos cierto que la popularización de la práctica fotográfica es paralela a la promoción nacional o municipal de grandes obras públicas y de ingeniería en el mundo occidental. Resulta paradigmático el programa, desarrollado durante el Segundo Imperio por el Barón Hausmann para la remodelación del tejido urbano de París. Un programa documentado por Baldus, un fotógrafo de origen prusiano, llegado a París en 1838, y quien realizaría, asimismo, en 1855 el álbum Chemin de Fer du Nord.

Dunkerke, 1984. © Archivio Gabriele Basilico di Giovanna Calvenzi

La exposición recoge algunas series de Basilico dedicadas a un registro de fábricas o de líneas de costa. Con una presentación reticular, en este caso de cinco hileras y cinco columnas, tan cara al establecimiento de dispositivos visuales que persiguen la objetividad, la muestra expone veinticinco de las imágenes que componen su proyecto en su ciudad natal Milano, ritratti di fabbriche (Milán, retratos de fábricas), iniciado en 1978. Se trata de un conjunto de vistas deshabitadas de factorías, en su mayor parte aisladas de su contexto, y algunas con una rotunda frontalidad, lo que las asemeja, particularmente aquellas con la rígida homogeneidad de sus encuadres frontales, a los modos icónicos en los que los Brendt y Hilda Becher procedieron a una taxonomía de tipologías arquitectónicas industriales de un modo extraordinariamente influyente.

Frente a estas vistas urbanas, en las que se enclava la fábrica en la calle, la exposición recoge fotografías de un proyecto, Porti di mare (o Puertos marítimos) tomadas a la orilla del mar, pero no dirigidas a las vastedades acuáticas, sino a unas vistas contextuales, con amplitud de campo. Como en otras obras posteriores de Basilico, cuando aparece el ser humano, lo hace empequeñecido, como ocurre con los turistas captados en Boulogne-sur-mer, en 1984. Otras de las imágenes, más próximas a su anterior estrategia, proceden a la muestra de infraestructuras portuarias, como una tomada en Dunkerque aquel mismo año, o una imagen, capturada en 1993 en la ría de Bilbao, cuya tonalidad confiere un dramatismo que conduce a pesar más que en una imagen de progreso, en la amenaza de la ruina. Y es la ruina, finalmente, la protagonista del cuerpo de obra que probablemente más conmueve al espectador: un trabajo realizado en una devastada Beirut, en 1991.

Beirut, 1991. © Archivio Gabriele Basilico di Giovanna Calvenzi

En cierto modo, pueden considerarse como pioneros en la voluntad de capturar el espacio social, y un momento convulso, precisamente, los daguerrotipos tomados por un fotógrafo aficionado, Thibault, quien fotografió los altercados protagonizados por la Comuna que tuvieron lugar en París durante cuatro días del mes de junio de 1848. Thibault tomó estas imágenes  con la intención de que fueran reproducidos en la prensa escrita. Las de una de estas jornadas, la del 26 de junio, concretamente, en la que se percibe la destrucción de las barricadas de los comuneros por las fuerzas del orden público fueron, en efecto, reproducidas de manera casi inmediata, y mediante la reproducción en grabado, en el número del 1 de julio 1848, de una publicación parisina semanal: L’Illustration. Bayard, por su parte, también dirigió su cámara a la captura de los daños infligidos en las arquitecturas de París.

La serie dedicada a Beirut por Basilico respondió a un encargo, el brindado por la escritora libanesa Dominique Eddé, y en el que se sumó a una nómina de otros cuatro fotógrafos, entre los que se encontraba Josef Koudelka. La Mission DATAR, como se bautizó a esta iniciativa, parece representar una suerte de reverso tenebroso de aquellas exposiciones fotográficas positivistas que tuvieran lugar en el siglo XIX[2]. Ya a pie de calle, o desde las azoteas de edificios, las imágenes que captan los edificios destruidos, y que transmiten con nitidez las heridas de metralla en las fachadas, nos conducen a un paisaje urbano apocalíptico habitado, en ocasiones, por algunos transeúntes, que parecen trasladarse en un clamoroso silencio a la deriva.  Y reflejarnos.

Notas

[1] Todas ellas, como la presente, en el marco de las sucesivas ediciones de PHotoEspaña, que este año ha alcanzado su vigésima edición.

[2] Así, por ejemplo, uno de los miembros de la Société Héliographique, y máximo responsable de los monumentos históricos, la Commission des Monuments Historiques, el escritor Prosper Merimée, tuvo la iniciativa de fundar la llamada Mission Héliographique, que encargó a diversos fotógrafos (siendo el maestro de todos ellos, Le Gray, y cuatro miembros más: Édouard Denis Baldus, Hippolyte Bayard, Henri Le Secq y Auguste Mestral) la realización de un inventario fotográfico de estos monumentos, que privilegiaban el pasado medieval, abrazado entonces como el epítome de la gloria artística nacional francesa.

 

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

Un Comentario

  1. Pingback: El programa Tender Puentes. Diálogos fotográficos de los siglos XIX y XXI (I): La Alhambra | juliocesarabadvidal

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