Hazlo vos mismo. Colectivo de arte multidisciplinario Lakomuna

Cartelón reutilizado en la fachada del Museo Pumapungo. Tipografía de Christian Quille

La presente entrada reproduce en su integridad nuestro ensayo “Las diferencias suman. Hazlo vos mismo, Colectivo Lakomuna”,  publicado en 2015 en el número 3 de la revista Intermedial (Medellín).

Las diferencias suman. Hazlo vos mismo, Colectivo Lakomuna

Daza (izda.) y Tuco (dcha.) trabajando en la transcripción, con tipografía del segundo, del texto curatorial en el acceso a la Sala 3

Entre el 5 y el 28 de diciembre tuvo lugar el arranque del proyecto Hazlo vos mismo generado por el colectivo de arte multidisciplinario Lakomuna[1] y el curador Julio César Abad Vidal. El proyecto se desarrolló tanto en el interior de un museo (el Museo Pumapungo, sede del Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador en la ciudad de Cuenca), como en el espacio público, en un número notable de casos, en el barrio del mismo museo, a cuyos vecinos se pretendió involucrar de modo directo en el programa. Hazlo vos mismo ha estado marcado por la conciencia de la necesidad de otorgar una segunda vida a los objetos, aportados generosamente por vecinos y recolectados por diversos equipos para las diferentes actividades desarrolladas, y por la reutilización de materiales de desecho para el desarrollo colectivo y lúdico de prácticas artísticas. Hazlo vos mismo ha perseguido la involucración directa de los ciudadanos en prácticas dialógicas y comunitarias, un espacio propiciador de situaciones en las que se ha impulsado el abrazo de las dotes creativas de todos, como un encuentro de soluciones.

Pancho y Juli trabajan en la reutilización del cartelón con la reproducción de una obra de Eduardo Solá Franco que fue cedido por el museo

 Hazlo vos mismo. La exposición

Alrededor de la mesa de trabajo de la Sala 3 durante una entrevista con Sara Coppler

El trabajo en las salas 3 y 4 del Museo Pumapungo comenzó el 1 de diciembre. Hazlo vos mismo careció de un amplio auspicio para la adquisición de materiales –apenas 400 dólares que otorgó el museo para la pintura de tres de las paredes de las salas, de un cartelón de lona y de un muro de más de cien metros de longitud–, lo que conllevó un abrazo necesario, pero consecuente con el ideario y la práctica habitual del colectivo, del posibilismo, de la maximización de los exiguos recursos, de la potenciación de hallazgos en la práctica del reciclaje. Frente al recurso externo e industrial de diversos materiales en prácticas museísticas comunes caracterizadas por el despilfarro y una homogeneización que esquilma la creatividad, la propuesta huyó del ubérrimo vinilo para el texto explicativo y en su lugar, el texto curatorial fue transcrito por José Antonio Lojano (Tuco), extraordinariamente dotado para la caligrafía y conocedor, como tatuador y artista urbano, de innumerables tipografías, recibiendo para su ejecución final, con rotuladores negros, la colaboración de diversos miembros y amigos del colectivo. La pared sobre la que se transcribió el texto explicativo era de color turquesa. El mismo que servía de fondo al cartelón de lona que anunciaba, sirviéndose exclusivamente de pintura negra, el proyecto en la fachada del museo, realizado sobre una gigantografía que había servido al museo para el anuncio de la exposición inmediatamente anterior. La tipografía de este cartelón era idéntica a la que Christian Quille confeccionó, precisamente, para la serigrafía de camisetas que pudieron ser adquiridas en el espacio de Hazlo vos mismo en el interior del museo.

La sala 3, marcada por su carácter longitudinal y por estar abierta completamente al patio central del museo, fue concebida tanto funcional como visualmente al modo de un aula de trabajo. Allí se desarrollarían numerosos talleres y se dispondría de una mesa en la que además de trabajar en aquellos talleres se pudiera recibir para conversar a quienes deseaban profundizar en la naturaleza del proyecto. Para ello se dispuso una gran mesa empleada habitualmente por el colectivo y que recibió como única intervención una capa de pintura turquesa. Sobre ella se desarrolló el taller de fanzines, se improvisaron actividades de dibujo, y a su alrededor se intentó que en todo momento se encontrara alguno de los miembros del colectivo para atender a los visitantes del museo e incentivarles a la participación en las diferentes actividades o a comenzar el recorrido en visitas guiadas improvisadas. Tras la mesa, y gracias a una capa de pintura al agua de color negro, la pared se convirtió en una suerte de pizarra en la que se ofrecían noticias y convocatorias, así como los dibujos en tiza que algunos de los que acudieron a la inauguración del día 5 se aventuraron a hacer animados por el colectivo.

La decisión curatorial de convertir la sala 3 en un aula fue propiciada por la disposición en una de las paredes mayores de la misma de diez fotografías digitales en blanco y negro sin enmarcar en formatos pequeño y mediano, de la serie «Rostros rastros». Estas imágenes, protagonizadas por niños, documentan el desarrollo del taller del fanzine homónimo dirigido por Diego Loja, Israel Muñoz, David Pacurucu y Elizabeth (Suamy) Vallejo en un barrio de Cuenca, el 19 de Junio, significativamente conocido como Barrio Pobre, en noviembre de 2013. En aquel taller se invitó a los niños a reflexionar sobre el barrio o a soñar en un entorno mejor del poco privilegiado en el que habitan. Una vez decidida la resolución de las dos paredes, la tercera, en la que se encontraba un monitor en el que se emitía un breve documental sobre el mencionado taller y, a continuación, un conjunto de performances de Juan Carlos Paredes, fue dedicada a albergar en el espacio restante materiales generados en el mismo proceso de trabajo de montaje, tales como planos, croquis o bocetos, así como resultados destacados de algunos de los talleres que se iban realizando o las páginas de los periódicos en que iban apareciendo, con inusual frecuencia, reportajes sobre Hazlo vos mismo[2].

Dos de los muros de la sala 4 ofrecían obra bidimensional adherida. En uno de sus muros mayores, Diego Zambrano (Daza) presentó La jaula (2014, acrílico y espray sobre tela, 60 x 50 cm), una representación de un cóndor en una jaula china en la que se leía en sinogramas transcritos sobre etiquetas el verbo “vender” (出售 chūshòu), una nítida referencia al proceso económico abierto entre Ecuador y China en la actualidad. Del mismo modo, las dos obras de Enrique Núñez (Ricky), Sucumvirus, II (2014, acrílico sobre papel kraft, 300 x 100 cm) y No-encaja, II (2014, brea y acrílico sobre cajas de cartón, 78 x 56 x 45 cm) constituían declaraciones expresas sobre la amenaza que se cierne sobre las comunidades indígenas del Oriente ecuatoriano debida a los procesos extraccionistas. En el primer caso, la representación de una indígena, aureolada con el logotipo de Texaco es manchada por capas de pintura arrojadas sobre ella, siendo la de color negro, como el petróleo, la superior, sepultando la figura bajo esa tonalidad y esa materia. La obra confeccionada en cajas representaba en la cara frontal y la posterior sendos retratos de comunidades indígenas. Salvo por el empleo de acrílico rojo para el maquillaje de sus rostros, las figuras están pintadas con brea, un residuo de destilaciones de alquitranes o del petróleo, reuniendo, así, de una manera imposible el crudo y la supervivencia de los usos y prácticas de estas comunidades. Las cajas eran susceptibles de ser manipuladas por los participantes de la muestra y regularmente cobraban su disposición original, gracias a la voluntad de otros. Junto a la pintura de Daza y la obra de pared de Ricky completaban el muro dos obras de la serie de Juan Ángel Vélez (Chilalo), «Bestiario», concretamente las numeradas como 4 y 5 (2014, acrílico y espray sobre cartón, 228 x 122 cm y 80 x 122 cm, respectivamente), en la que, en un lenguaje gráfico urbano, Chilalo denuncia el atavismo de muchos de los comportamientos de los seres humanos.

Uno de los muros menores de la sala 4 cobijó el proyecto de Suamy Jugando a ser otro, para el que se construyó una suerte de vestuario empleando tubos plásticos y lonas negras. En el interior, dotado de un espejo, para lo que se recurrió a uno que había decorado Tuco anteriormente para otros fines, se hallaban numerosos elementos de vestuario con los que los interesados podían disfrazarse. Una vez fuera del vestuario, Suamy tomaba fotografías polaroid a los participantes, que iban siendo colgadas en el exterior de la misma estructura. Completaban el muro dos obras bidimensionales. En Autorretrato (2014, recortes de periódico encolados sobre mdf, 80,5 x 70 cm), Pancho Rojas se representaba recogiendo con sus manos su cabeza cortada, tendida sobre el piso. Para la obra se sirvió exclusivamente de recortes de periódico, acondicionando los diferentes campos de tonalidad a la mayor densidad de tinta de cada uno de estos recortes. Judas Cava procedió en Sentirse uno y diverso (2014, técnica mixta sobre papel sobre cartulina, 77 x 110 cm) a la emisión de un palimpsesto en el que, sobre una tipografía mecánica consistente en algunas pruebas de imprenta de un libro sobre arte ecuatoriano, dispuso un mensaje empático empleando, como reza un verso del célebre pasillo de Julio Jaramillo su “tinta sangre del corazón”. Las obras de Pancho y Cava, que comparten la presencia de textos impresos, se presentaron juntas. Casi la integridad de las obras pintadas (salvo la de Daza y la de Pancho), así como la instalación manipulable de Ricky, fueron realizadas expresamente para la exposición museística que formaba parte del proyecto Hazlo vos mismo.

A escasas dos horas de la inauguración, el mural de la Sala 4 fue concluido

El restante muro mayor de la sala 4, que el día de la inauguración se presentaba por completo vacío, fue siendo ocupado por los dibujos de gran formato producidos por los participantes en las diferentes sesiones del taller de pegatinas murales, dedicándose el segundo de los muros menores a un mural que fue concluido en menos de dos jornadas de trabajo. Se comenzó a realizar a las cinco de la tarde de la antevíspera de la inauguración, pues la autorización del museo, que auspiciaba la pintura para el mural, no llegó sino hasta entonces. Después de jornadas maratonianas en las que recibimos la colaboración de numerosos amigos y voluntarios, el mural, de más de ocho metros de longitud, estuvo concluido para la inauguración. La idea inicial del mismo fue responsabilidad de Daza, aunque la composición varió sensiblemente en la versión final. Presenta el rostro de una figura antropomorfa, confeccionada en relieve mediante cartones, sacándose cosas de su cabeza (un collage de textiles), abierta por la mitad. Podría recordarse un término del argot juvenil ecuatoriano, “cranear” que hace ostensible por su metáfora, la actividad de “pensar”. En efecto, Hazlo vos mismo ha sido una invitación lúdica a una reflexión sobre los procesos críticos sin cuento abiertos en nuestras sociedades.

 Hazlo vos mismo. Actividades en el interior del museo

En lo que se refiere a las actividades desarrolladas en el interior del museo, las efectuadas más regularmente y para un mayor número de participantes fueron los talleres de fanzine y de pegatinas. Suamy y Carlos Paredes dirigieron el taller de fanzine. Después de proceder a una selección de los trabajos desarrollados en el mismo armaron un fanzine de treinta y dos páginas para su distribución. Pero, como ocurriera con el taller de pegatinas, dirigido por Ricky, las sesiones multiplicaron su número respecto del originalmente establecido en el cronograma para responder a la voluntad de integrarse en ellos de numerosos visitantes del museo que pasaban a ser participantes del proyecto Hazlo vos mismo. Asimismo, durante la tercera semana de Hazlo vos mismo, y en una sección del Parque Pumapungo, un enclave incaico del siglo XV que forma un complejo etnobotánico junto al museo, se desarrolló, bajo la dirección de Ricky y Pancho, un taller de huertos urbanos.

Quille impartió un taller de serigrafía en sesiones vespertinas entre los días 16 y 18 de diciembre, ofreciendo un pequeño avance del mismo en la jornada inaugural del proyecto. Fue, como se afirmaba anteriormente, el responsable del logotipo de Hazlo vos mismo, así como del diseño de un humorística malla que serigrafió en numerosas camisetas. Bajo la imagen de la Virgen del Cisne, una de las más veneradas en Ecuador, se lee la inscripción “dejen cuidar la guagua” (déjenme cuidar del Niño) rematada con el nombre del proyecto, Hazlo vos mismo. Una invitación humorística a un compromiso activo con la resolución de los propios problemas de la vida cotidiana.

 Hazlo vos mismo. Actividades en las afueras del museo

Carlos Paredes dispone sobre una de las mesas cedidas por el museo ropa donada por los vecinos para la grafiteria

En el exterior, además del desarrollo de la pintura mural en un espacio de más de cien metros de longitud, resuelto en su concepción formal por Daza y Tuco, la gratiferia, coordinada por Carlos Paredes conoció una amplia participación ciudadana. La gratiferia tuvo lugar desde las diez de la mañana de los días 20 y 21 de diciembre en la explanada de acceso al museo. Carlos animaba a la participación de los viandantes o de aquellos a quienes había invitado los días previos mediante el reparto de volantes con el lema “Regala lo que ya no uses. Llévate lo que necesites” (el mismo que rezaban los volantes), escrito en una pancarta que portaba durante las largas jornadas en las que se desarrolló. Cada persona que llegaba a las mesas sobre las que estaban dispuestos los objetos donados era invitada a seleccionar uno para llevarse completamente gratis. Carlos invitaba a los beneficiarios a proceder a una suerte de intercambio de dones, un gesto, un símbolo con el que, elegido libremente, manifestara una cierta reciprocidad a la dádiva recibida, “puede ser un abrazo a alguien”, gustaba de poner como ejemplo.

Pintando el mural de cien metros de longitud en el muro exterior del Museo Pumapungo de la Avenida Huayna Cápac

Después de haber fondeado el muro, el diseño del mural se resolvió el día 12. La autoría intelectual del mismo, y la dirección de su ejecución, correspondió a un tándem magníficamente avenido formado por Daza y Tuco. Coincidiendo con el cierre del programa Hazlo vos mismo en el interior del mueso, el mural fue concluido el 28. La resolución formal del mismo consistió en una composición simétrica en la que dos gigantes pétreos yacentes orientaban sus pies hacia el término central, en el que se representaba el sol, al que un solitario hombre rendía culto. El conjunto estaba formado por pequeñas comunidades campesinas recolectoras de maíz en una existencia idílica, adánica, en la que la fauna no se encuentra ni siente amenazada.

Dos aspectos han primado en el conjunto del proyecto: el carácter lúdico y una conciencia crítica de la economía. El primero se consideró idóneo para la introducción de esta práctica dialógica en la ciudad. El segundo se manifestó de mil maneras, mediante la donación de materiales para la realización de esculturas, o de objetos, particularmente de vestuario, para la gratiferia o el uso de materiales reciclados en numerosas ocasiones. Y no pueden dejar de recordarse con gratitud sincera las donaciones que el colectivo recibió para la adquisición de pinturas y latas de espray sin las cuales habría sido imposible concluir el gigantesco muro. Una refrigeradora averiada se transformó en una estantería que cobijó la donación y trueque de libros, dispuesta en un espacio privilegiado: el punto exacto que comparten las salas 3 y 4 con el patio central del museo. El servicio permaneció activo desde los días mismos del montaje y durante la integridad del horario de apertura del museo. Hazlo vos mismo hubo de modificar en ocasiones el cronograma de sus actividades para resolver diversos inconvenientes, en particular, los derivados de la ausencia de unos auspicios para la adquisición de pintura y de permisos municipales para la ejecución de pintura en espacios urbanos, que nunca llegaron. Pero también amplió notablemente el número de los compromisos adoptados en el calendario, respondiendo al entusiasmo de diversas iniciativas, como la invitación recibida a participar en el I Congreso Internacional E@ el 16 de diciembre en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Cuenca, que agradecemos a su organizadora, Ángeles Saura, quien conoció el proyecto en el museo tan sólo cuatro días antes. Del mismo modo, Hazlo vos mismo se desplazó a Machala, ciudad natal de muchos de los integrantes de Lakomuna, el lunes 22, para participar en una presentación ante jóvenes artistas machaleños, comenzando así la urdimbre de unas colaboraciones que confiamos establecer con otras ciudades.

El arranque cuencano de Hazlo vos mismo ha sido, por encima de todo, una demostración de lo imperioso que la compañía de experiencias, habilidades, saberes y afectos resulta en un mundo como el nuestro, amenazado por el desierto de la homogeneización, de lo prefabricado, de lo programado, de la ansiedad egoísta, en fin, de la economía predatoria, insensata que parece conducirnos al matadero. Hazlo vos mismo, ninguno de cuyos actores ha percibido remuneración alguna, ha sido una constatación de que los ejercicios artísticos al alcance de todos, además de lúdicos, pueden enseñarnos modos alegres de ejercer diferencias que suman.

Notas

[1] El perfil de sus miembros resulta heterogéneo. Si bien es cierto que muchos de ellos comparten su paso por la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca, ninguno de ellos había egresado de la misma en el momento en que se desarrolló el proyecto. Algunos de ellos abandonaron la facultad largo tiempo atrás. Además de artistas visuales, el colectivo está integrado por artistas urbanos sin formación artística académica, como el mencionado Tuco, que es técnico mecánico automotriz, y por otros miembros que proceden de la música o el pensamiento de las artes.

[2] Deseamos agradecer a los medios de comunicación, tanto escritos como radiofónicos y digitales, cuencanos el interés manifestado por el proyecto. En especial a la periodista Brígida San Martín, quien dedicó al mismo nada menos que seis entregas en el diario El Mercurio.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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