El Libro de la Selva. Historias contemporáneas de la Amazonia y sus márgenes

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Un reciente álbum fotográfico de Yann Gross titulado El Libro de la Selva. Historias contemporáneas de la Amazonia y sus márgenes (Barcelona y México D. F., RM, 2016), constituye un retrato en modo alguno idílico del Río Amazonas, desde su inicio en Ecuador, hasta su paso final por Brasil.

Para su título, Gross ha recurrido al de una fábula en prosa canónica como The Jungle Book (El Libro de la Selva) de Rudyard Kipling (Bombay, entonces India Británica, 1865-Londres, 1936), una extensa recopilación de relatos en dos partes, publicadas respectivamente en 1894 y 1895: The Jungle Book y The Second Jungle Book. El lector puede encontrar una reciente edición conjunta: El libro de la selva. El segundo libro de la selva, con traducción de Jordi Beltrán (Barcelona, Penguin, 2015), que reúne ambos, y que cuenta asimismo con la particularidad de añadir el primero de los relatos en los que aparece el personaje protagonista, Mowgli, “En el rukh”, un cuento que fue incluido por Kipling  en su obra Many Inventions (Muchas fantasías), publicada por vez primera en 1893[1].

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El primer sector amazónico en ser conocido por la expedición de Francisco de Orellana pertenece en la actualidad a Ecuador, los siguientes tramos corresponden a Perú y a Brasil. El texto, Descubrimiento del río de las Amazonas, del que nos han llegado dos manuscritos con algunas diferencias[2], ninguno de los cuales está fechado, hubo de ser escrito poco después de concluido su viaje por el misionero dominico Fray Gaspar de Carvajal  (Trujillo, c. 1500–Lima,  1584), mas su primera edición se retrasó hasta 1894, siendo responsabilidad del historiador chileno José Toribio Medina[3].

Precisamente en Ecuador, con una fotografía de la Cascada de San Rafael, de un centenar y medio de metros de altura, se abre un periplo fotográfico publicado como álbum por el fotógrafo suizo Yann Gross, El Libro de la Selva. Historias contemporáneas de la Amazonia y sus márgenes (Barcelona y México D. F., RM, 2016). Únicamente diez de las fotografías finalmente publicadas fueron tomadas en suelo ecuatoriano,  perteneciendo su amplísima mayoría al territorio peruano y en menor medida al brasileño, y aún en menor, al colombiano.

A lo largo del volumen no existen panorámicas idílicas o sublime-selváticas, como ocurre en las descripciones de la novela inaugural de la literatura nacional ecuatoriana, la romántica Cumandá, de Juan Leon Mera (1877), una historia que mezcla los destinos de colonos, shuares y achuares. Tamaña diferencia es ya sintomática de los cambios obrados en el paisaje.  Transformaciones extremadas, entre los escasos contactos de antaño y la situación actual, marcada por mil amenazas, como la deforestación, de la que se ofrece la única fotografía a doble página completa del volumen (pp. 122-123), difícil de interpretar, pero sobre la que el fotógrafo brinda la siguiente nota, identificando que se trata del Estado de Rôndonia, en territorio brasileño: “La extensión de la [Carretera] Transamazónica ha atraído a muchos colonos en busca de tierras para criar el ganado, lo que ha provocado una de las deforestaciones más importantes de la Amazonía” (p. 217).

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A título de ejemplo, la ganadora de un certamen de belleza, el Premio de la Señorita Confraternidad Amazónica, en la parte colombiana de la triple frontera (brasileño- colombo-peruana) consiste en “1.000 dólares, un tratamiento de ortodoncia y una operación de cirugía estética en una conocida clínica de Bogotá” (p. 87). La página contigua ofrece un retrato de la galardonada, procedente de Iquitos, Perú.

El Libro de la Selva. Historias contemporáneas de la Amazonia y sus márgenes, de Yann Gross, es un libro amargo. Cínico, incluso, que desmitifica cualquiera ilusión conciliadora entre la civilización y lo ancestral, cuando esto último se constituye en los territorios explotados económicamente por multinacionales, únicamente en simulacro, en espectáculo, en una suerte de vastísimo parque temático de acceso no marcado para el visitante parece que, por el momento, por peaje alguno. En el interior del volumen (entre las páginas 89 y 104), y con un papel sensiblemente más delgado, Gross establece en sendas páginas un repertorio de dieciséis mercancías, entre las que destacan en número las alucinógenas y las que sirven a los chamanes, sobre los que emite con pertinacia a lo largo del libro sospechas de charlatanería, si bien no en este cuadernillo, a excepción, tal vez, de su entrada número XV, correspondiente a la piel de la anaconda amarilla, que describe como un “accesorio decorativo para chamanes, ceremonias rituales y turistas” (p. 103).

Así reza una de las breves anotaciones que llenan algunas de las páginas del volumen: “Una profecía ancestral contaba que una serpiente gigante vendría un día al pueblo suruí, destrozando todo a su paso. La serpiente llegó en 1969 y se llamaba Carretera Transamazónica” (p. 126).

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Y no menos elocuente es la fotografía que acompaña, a su derecha, esta declaración, el retrato de un hombre con el rostro tatuado, pero vestido de traje y corbata, y de quien , en una nota, identifica como Perpera Suruí, de quien afirma: “La aculturación de las comunidades indígenas ha sido rápida. En el momento de la apertura de la Carretera Transamazónica los misioneros acudieron apresuradamente para evangelizar al pueblo suruí. Este ímpetu religioso transformó profundamente las creencias autóctonas, dado que los misioneros incitaban a los chamanes a abandonar sus rituales ancestrales. Perpera era el wawã, el chamán de la comunidad de Lapetanha. Ahora es el portero de la iglesia evangélica del pueblo y ha abandonado sus prácticas chamánicas” (p. 217). Del mismo modo, abunda en una práctica kitsch, un revival espectacular, acompañando a la fotografía de una joven profusamente ataviada con complementos, con la siguiente nota: “El pueblo omagua desapareció hace dos siglos, tras la colonización de las riberas del Amazonas. Pero desde hace poco los omaguas resurgen bajo la forma de un grupo de danzas folclóricas en Leticia, Colombia” (p. 76).

Finalmente, debe subrayarse, empero, que Gross no se adentra en las tierras de la Amazonía interior, sino que se ocupa exclusivamente de los territorios comunicados por el curso del gran río y, por ende, explotados por el industria y el comercio. Pero el desarrollo actual de los acontecimientos -como la reciente irrupción extraccionista de empresas chinas en territorio amazónico ecuatoriano- parece conducirnos a vislumbrar el futuro de modo, cuanto menos, luctuoso.

Notas

[1] La misma editorial publicada simultáneamente otro de los títulos más renombrados de Kipling, su novela Kim, con traducción de Verónica Canales. El texto empleado para esta publicación corresponde a la edición anotada y presentada por Edward W. Said (Jerusalén, entonces bajo el Mandato Británico de Palestina, 1935-Nueva York, 2003) que publicó en 1997. Kipling, anota Said, “no solo escribe desde el punto de vista dominante de un hombre blanco que describe una posesión colonial, sino también desde la óptica de un sistema colonial cuya economía, funcionamiento e historia prácticamente habían adquirido la condición de hecho de la naturaleza” (KIPLING, Rudyard: Kim. Ed. de Edward W. Said. Tr. de Verónica Canales. Barcelona, Penguin, 2015, p. 13). No obstante, “aunque Kipling se resistía a reconocerlo, la India ya estaba inmersa en la dinámica de oposición directa al mandato británico” (ibíd.)

[2] Los alberga la Biblioteca de la Real Academia de Historia (integrando la Colección Juan Bautista Muñoz) y la Biblioteca Nacional de España (habiendo sido donado el manuscrito por el Duque de T’Serclaes, José Pérez de Guzmán y Escrivá de Romaní, en 1961), ambas en Madrid. En torno al primero de estos manuscritos, Rafael Díaz Maderuelo refiere que era la que “tradicionalmente se conocía” y la describe de este modo: “La copia está escrita sobre folios de papel gvuarro, que van numerados del 68 al 113. Al pie del folio 68 hay una anotación del propio Muñoz, que afirma: Aquí se interrumpe bruscamente la relación, sin duda, porque faltan los cuatro pliegos interiores del primer cuaderno de esta copia. En el folio 83 vuelto se interrumpe de nuevo el texto en la línea 15 y hay un espacio en blanco de unos 5 centímetros”. CARVAJAL, Fray G. de, ALMESTO, P. DE y ROJAS, Alonso de Rojas: DÍAZ MADERUELO, Rafael: La aventura del Amazonas. Ed. de Rafael Díaz Maderuelo. Madrid, Dastin, 2002, p. 13. El manuscrito de la Biblioteca Nacional fue el publicado en 1894 por el historiador chileno José Toribio Medina, fuente que emplearemos en el presente trabajo. Del loable esfuerzo editorial de Medina (que incluye una introducción de páginas numerada en romanos del v al ccxxxix; la Relación, entre las páginas 1 y 83; así como otros documentos y notas, entre las páginas 85-274) se publicaron exclusivamente doscientos ejemplares. El ejemplar impreso que atesora la BNE es una donación, nuevamente, del Duque de T’Serclaes, como reza una dedicatoria manuscrita.

[3] Cinco años antes, había sido publicada, a cargo de Marcos Jiménez de la Espada, otra exhumación de temática amazónica. Vide Jiménez de la Espada (ed.): Viaje del capitán Pedro Texeira aguas arriba del río de las Amazonas (1638-1639). Madrid: Imprenta de Fortanet, 1889. La edición de la relación de Texeira, obra de Martín de Saavedra y Guzmán, intitulada Descubrimiento del Río de las Amazonas y sus dilatadas provincias ocupa las pp. 65-95 del volumen; consagrándose las pp. 97-131 a notas y documentos relacionados, mientras que entre las páginas 5 y 63 procede el editor a una extensa introducción a la relación de Saavedra y Guzmán.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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