Jorge Velarde, pintor agonista

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Jorge Velarde: Dibujo anatómico. 2014, óleo, pastel y acrílico sobre papel, 210 x 186 cm

La presente entrada reproduce la integridad del texto, así como de las ilustraciones que lo acompañaron, titulado “Jorge Velarde, pintor agonista”, y publicado en Letras del Ecuador (Quito), nº 201, abril de 2015, pp. 16-18. Agradecemos la invitación del Dr. Irving Iván Zapater, entonces editor de esta publicación cultural ecuatoriana, a participar de su proyecto.

Jorge Velarde, pintor agonista

Podría considerarse a Jorge Velarde como el pintor figurativo más destacado de la escena artística ecuatoriana contemporánea. Nacido en Guayaquil, en 1960, estudió en el Colegio de Bellas Artes Juan José Plaza de su ciudad natal y fue uno de los jóvenes artistas que, reunidos en torno a la égida conceptual de Juan Castro y Velázquez, integró en sus primeros años el histórico colectivo La Artefactoría, fundado en 1982. A su regreso a Ecuador tras sus estudios de cine en Madrid, emprendidos entre 1985 y 1987, y ante la deriva sociopolítica marcadamente cáustica que encuentra en la obra desarrollada en su ausencia por sus antiguos compañeros, Velarde decide abandonar el colectivo para dedicarse, en lo sucesivo y en exclusiva, a un personalísimo ejercicio pictórico que habrá de ejercer una profunda influencia en el arte ecuatoriano contemporáneo, incluso entre numerosos jóvenes artistas del presente.

Velarde es un pintor figurativo que junto a su virtuosismo técnico destaca por su cultivo de una extraordinariamente heterogénea nómina de lenguajes. Sus estudios de cine son inequívocos en las perspectivas forzadas de las pinturas de comienzos de la década de los noventa, entre las que se encuentran sus obras más expresionistas, en las que parece hermanar el Expresionismo fílmico alemán con los clásicos en blanco y negro del género del cine negro. Velarde cultivaría con posterioridad, asimismo, composiciones hermanas del surrealismo magrettiano, tanto en su límpida dicción pictórica como en el establecimiento de llamativos juegos visuales, o bien obras en las que son notables las distorsiones anatómicas caricaturescas de sus figuras, dotadas, empero, de un perfilado y cromatismo perfectamente clásicos, prácticas que simultanea, entre otros lenguajes, con ejercicios hiperrealistas de recreación pictórica de objetos y accesorios domésticos humildes o bien con el recurso a la reutilización descontextualizda o la manipulación, asimismo, de objetos, mas no como meros ensamblajes, sino como soportes a menudo sorprendentes para sus emisiones pictóricas. Así, en Gourmet (2004), Velarde ha representado una diminuta sirena de cabello y cola rosados rodeada de rodajas de tomate, cebolla y pimiento pintadas al óleo sobre la superficie de una sartén real de treinta centímetros de diámetro.

No obstante la multiplicidad de códigos de representación de los que se ha servido Velarde durante sus más de tres décadas de ejercicio, resulta notable que una mayoritaria parte de su trabajo se inscriba en uno de estos tres núcleos temáticos: el retrato de su círculo afectivo, los autorretratos dramatizados y los ejercicios de apropiación de la historia del arte. Si el primero de estos cuerpos de obra nos enfrenta a un pintor alejado de las prácticas desafortunadamente frecuentes de clientelismo y caudillismo del mundo espectacular del arte nuestro, para presentarnos a un abanderado, por el contrario, de la intimidad, a un confesor de sus afectos, los dos últimos campos temáticos le identifican como un creador nítidamente agonista. El agonismo ante la magnitud y la profundidad de la tradición cultural en la que crean es una pulsión común a todos los autores de cualquier disciplina, mas es sentida en abismo en los comportamientos apropiacionistas que toman –como ocurre con tamaña contumacia en la obra de Velarde, precisamente como punto de partida para sus obras–, creaciones anteriores ajenas a las que se enfrentan mediante una miríada de vocaciones entre el homenaje y la corrección más o menos ácida.

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Jorge Velarde: Fuente. 2008, óleo sobre cartulina, 100 x 70 cm

Velarde es irónico, sarcástico y aun satírico, en ocasiones. En Fuente (2008, óleo sobre cartulina, 100 x 70 cm), una composición que, como ocurre con cierta frecuencia en su producción, atenta frontalmente contra el buen gusto, sorprende el espectador mientras defeca en un orinal a un pintor estreñido, como demuestra su expresión de dolor y el pincel que aprieta con sus dientes. Se trata del mismo Velarde, al consistir el personaje un caricaturesco pero reconocible trasunto del pintor, en una evolución vitriólica del gesto que condujo a Duchamp a introducir, como ready-made, un urinario de porcelana en la primera exposición de la neoyorquina Society of Independent Artists de 1917, titulando al objeto Fountain. Una incisiva confrontación frente al constreñimiento sentido por los pintores, en una escena que oculta su esterilidad con imperativos que condenan a la pintura como un anacronismo. Y es que, como pintor de oficio, resulta notoria la confrontación de Velarde con el duchampianismo dominante, una deriva carente de autocrítica alguna, ensalzada por los cacareos de algunos de los voceros del mundo nuestro dotados de más contactos que de escrúpulos y rigurosidad, y que ha conducido a que lo que se expone como arte esté marcado, con lamentable frecuencia, por la banalidad, el seguimiento de pautas al dictado y un mimetismo universal que hace violencia a cualquier disidencia, a pesar de maquillarse inexorablemente con la etiqueta de “arte político”. Políticamente rentable, en efecto.

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Jorge Velarde: Familia con burro. 2007, óleo sobre tela, 200 x 200 cm

Tal vez sea el propio descrédito hacia el mundo del arte contemporáneo, con el que guarda una conflictiva relación, lo que motive que Jorge Velarde haya fijado su atención precisamente en artesanos o campesinos, infrecuentes en la pintura contemporánea, no así en los fotorreportajes de carácter social. Personajes, todos ellos, a quienes retrató con penetración psicológica en una inequívoca manifestación de su humanismo en una serie realizada en 2007 de pinturas de gran formato, en ocasiones monumental, un formato propio, en particular, de la gran pintura de historia como Hombre con trapiche (2007, óleo sobre tela, 200 x 200 cm) o, especialmente, Carbonero (2007, óleo sobre tela, 200 x 324 cm). Gran recreador de la iconografía religiosa, la familia de campesinos que presenta en una de las obras de la serie, Familia con burro (2007, óleo sobre tela, 200 x 200 cm), puede, asimismo, entenderse como un trasunto de un tema del ciclo cristológico: la Huida a Egipto (Mt 2, 13-15).

 

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Jorge Velarde: Ventrílocuo. 2003, óleo sobre madera, 43 x 35,7 cm

Jorge Velarde es uno de los artistas contemporáneos que más profusa y profundamente ha recurrido al autorretrato dramatizado, recurriendo para ello a la disciplina pictórica frente a prácticas tan difundidas internacionalmente como las de Cindy Sherman o Yasumasa Morimura, quienes se ocupan de estrategias similares pero exclusivamente desde el medio fotográfico. Autorretratos dramatizados en los que se procede a la cita de la tradición artística, y en los que estriba una reflexión sobre el propio ejercicio de la pintura en obras que mezclan lo ingenioso, lo sarcástico y aun lo hagiográfico. Con pertinacia, Velarde se ha autorretratado escenificando diversas situaciones como San Jorge, su santo tutelar, legendario soldado romano martirizado y santo, cuya iconografía más frecuente, que se remonta al Medioevo, le presenta venciendo a un dragón. La predilección de este mismo episodio en los autorretratos dramatizados de Velarde, en el que se establece un combate mortal cuerpo a cuerpo, resulta sintomática del carácter agonista de su pintura. La multiplicidad de la nómina de ficciones que ha asumido en sus disfraces y máscaras resulta en verdad notable. Así, se ha autorretratado como tzantza o robot, como San Juan Bautista u Holofernes. Y en dos recientes y similares composiciones, Ventrílocuo (2013, óleo sobre tela, 60 x 50 cm) y Muñeco saludando (2013, óleo sobre tela, 60 x 50 cm), Velarde se autorretrata como un títere manipulado por un ventrílocuo cuyo rostro se nos oculta. Manifestaciones, acaso, de una ansiedad nuevamente agonista sobre la imposibilidad de controlar la deriva de su discurso, siendo, como es, tan celoso de su individualidad.

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Jorge Velarde: El Solitario George. 2009, óleo sobre tela, 70,5 x 109 cm

En sus expresiones agonistas, Velarde se autorretrata en ocasiones implícitamente, estableciendo mediante una paleta de pintor juegos visuales en procedimientos de sinécdoque. Así, en El Solitario George (2009, óleo sobre tela, 70,5 x 109 cm) recurrió al último espécimen de la tortuga gigante de Pinta (Chelonoidis abingdoni) que, tras su muerte sin descendencia en 2012, resultaría en la definitiva extinción de su especie, sustituyendo el caparazón de la tortuga por una paleta de pintor, como si el arte mismo de la pintura de realización y delectación pausadas se hallara, asimismo, amenazado. Y en una obra prodigiosa, Dibujo anatómico (2014, óleo, pastel y acrílico sobre papel, 210 x 186 cm), Velarde procede a un autorretrato del perfil de su rostro que establece una distribución superficial de su cerebro en diferentes secciones al modo de los diagramas frenológicos, cada una de las cuales recibe diferentes nombres de colores, desde el blanco de titanio al negro de marfil, confesión hiperbólica de cuanto le ocupa la reflexión sobre el arte de la pintura.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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