¿Cuánta tierra necesita un hombre? (II). Odriozola, Urwiller

7a40724d2e6eaecfe288dbbf35564f4eLa presente entrada se ocupará de la edición ilustrada de la integridad del relato original ¿Cuánta tierra necesita un hombre?con ilustraciones de Elena Odriozola, y de una adaptación muy simplificada del texto tolstoyano a cargo de Annelise Heurtier, en traducción de Leopoldo Iribarren, con ilustraciones de Raphaël Urwiller, tras el tratamiento en una entrada anterior, tanto del texto original de Tolstói, como de su adaptación como novela gráfica con guión y gráficos de Miguel Ángel Díez.

¿Cuánta tierra necesita un hombre?  Elena Odriozola


En 2011, la editorial Nórdica publicó una edición del relato tolstoyano con ilustraciones de Elena Odriozola (San Sebastián, 1967)[1], galardonada en 2015 con el Premio Nacional de Ilustración, una distinción recibida al año siguiente de publicar, asimismo en la editorial Nórdica, su obra probablemente emblemática: un pequeño teatro confeccionado para ilustrar la colosal hazaña literaria de Mary Shelley: Frankenstein o el moderno Prometeo, con traducción de Francisco Torres Oliver[2]. La edición de Nórdica se beneficia de la traducción de Víctor Gallego Ballestero, cedida por la editorial Alba[3].

En su trabajo para ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, Odriozola procede nuevamente a una de sus claves estéticas: la reducción de los motivos ilustrados al mínimo semántico esencial. Tan solo en dos ocasiones, en las pp. 6-7 y 68-69, y a modo de obertura y cierre, Odriozola ha realizado sendas ilustraciones a doble página. Son escenas de animales, y en ambas se presentan sobre un fondo neutro: el blanco de la página. Estas representaciones de vacas lecheras pastando, presentan en el primer caso un apunte del natural en la forma de árboles de escasas hojas, mientras que por lo demás cunde el blanco, que es fondo exclusivo de estas escenas ganaderas. Salvo por estas dos escenas, el resto de las ilustraciones se ofrecen a página completa. En todos los casos, estas ilustraciones se limitan a ofrecer retratos de cuerpo entero del protagonista. Y siempre lo hace recortado sobre fondo neutro, sin ningún elemento de escenografía o atrezo. Este personalismo excesivo pareciera significarse más en una ensoñación que en la narración de una peripecia. Narración, no obstante, también acompañada por un episodio onírico (que transcurre en el capítulo séptimo del original de Tolstói), que permite una interpretación cabal, por moral, de esta parábola.

En las ilustraciones de las páginas 31 y 63, Odriozola ha dispuesto en la parte de la chaqueta que cubre su espalda, y por todo motivo decorativo, el caracter cirílico Д (nuestra letra d). Como ha confesado, se trata de una representación del modo en que el Diablo le ha marcado, irremediablemente[4]. La voz rusa дьявол, dyavol, presenta, efectivamente, la inicial que dispone la ilustradora. Y дьявол, dyavol es, asimismo, el título de uno de los relatos finales de la producción de Tolstói[5].

El mencionado personalismo como opción estética de Odriozola conduce a la ilustradora a no representar a las mujeres que dan comienzo a la historia en el capítulo primero de los nueve que lo integran. En una única ocasión, anverso y reveso sirven para el retrato completo (lo que ocurre en las pp. 11-12), que encajan a la perfección. Sin embargo, este procedimiento es explotado sorpresivamente en otras ocasiones haciendo que anverso y reverso no coincidan. En los siguientes pares de páginas: 17-18, 23.24 y 31-32, una cara (la primera de ellas, en todos los casos) le ofrece en un fondo neutro, en la otra con escenario, como si todo se tratara de un espejismo, como efectivamente será al término del relato. Próximo al final, este elemento indica lateralmente la destrucción del personaje. Si en la p.63 vemos a Pajom de espaldas, en su agotamiento tras intentar abarcar una distancia imposible, el reverso de la página lo ofrece enteramente desnudo, sirviendo su larguísima barba de una suerte de paño que oculta sus vergüenzas. Es la última imagen que ofrece Odriozola del infausto personaje, omitiendo la representación de su tumba, de esos tres arshines que son precisos para sepultar su cuerpo. Por el contrario, Odriozoloa rubrica su trabajo con la representación a doble página de unas vacas lecheras pastando apaciblemente aunque una guadaña anuncie la presencia humana (y tal vez, asimismo, la muerte), por otro lado ya definitivamente velada.

 

¿Cuánta tierra necesita un hombre? Raphaël Urwiller

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Hace escasos meses la editorial venezolana Ekaré (con sede en Caracas y con delegaciones en Chile y en España) publicaba la edición en lengua española de Combien de terre faut-il à un homme, un texto de Annelise Heurtier (Villefranche-sur-Saône, Framcia, 1979) basado en el relato homónimo de Tolstói, con ilustraciones de Raphaël Urwiller (Camerún, 1984), un libro publicado originalmente por la editorial Thierry Magnier (París, 2014).

La adaptación de Heurtier, publicada con  traducción de Leopoldo Iribarren, elimina la introducción dedicada por Tolstói a la pugna entre dos mujeres y hace desaparecer la presencia demoníaca para desprender al relato de cualquier contenido metafísico y centrarse exclusivamente en la consideración ética sobre la corrupción a la que conduce la codicia.

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El formato del libro resulta ya llamativo, por su carácter apaisado y por su tamaño (31,5 x 18,7 cm). Máxime, cuando este formato panorámico queda enfatizado porque todas las ilustraciones, dieciséis en total, se ofrecen a doble página (62 x 18 cm), reduciéndose la presencia de texto a una parte de una única de las parejas de páginas. La decisión de este formato a cargo del ilustrador resulta muy adecuada para la representación de la vastedad de las distancias y del terreno recorrido en último término, y con tamañas consecuencias, por su protagonista. Asimismo, resulta notable el hecho de que, en  ocasiones, el ilustrador concede amplios espacios en blanco entre sus motivos, quedando los fragmentos como “flotantes”, por decirlo con un término que remite a los usos de las estampas japonesas ukiyo-e[6].

En  las escenas se ofrecen dos alternativas: o bien se trata de un espacio homogéneo (casos de las ilustraciones números 2, 3, 6, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15 y 16 -la numeración es nuestra-), o bien consisten en una yuxtaposición de elementos, las más de las veces, silueteados, arrojando una apariencia similar a la de las páginas de los álbumes recortables (como ocurre en las ilustraciones número 1, 4 y 7).

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En estos últimos casos, la disposición de los elementos se dirige a la representación de la codicia del personaje, quien no interactúa con sus posesiones, presentadas, así, como una suerte de catálogo visual. Esta circunstancia afecta incluso a los miembros de su familia, con los que jamás se le ve compartir actividad o conversación algunas. La única escena en la que la familia desempeña una única acción, su desplazamiento, el protagonista conduce una carreta en solitario, mientras que su esposa e hijos, tras él,  viajan en un coche tirado por un caballo.

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Urwiller, con una reducción cromática limitada al azul oscuro, al rojo y al amarillo, ha logrado una memorable traducción visual de la sintética versión que de la parábola totolstoya ofreciera Heurtier.

Notas

[1] Nórdica dispone en su fondo de otro título tolstoyano, publicado en 2013, con traducción, en esta ocasión encargada ex profeso al mismo Víctor Gallego Ballestero, de La muerte de Iván Ilich con ilustraciones de Agustín Comotto. El trabajo de Comotto (Buenos Aires, Argentina, 1968) resulta extraordinariamente diferente del llevado a cabo recientemente por Mariano Henestrosa (Madrid, 1983) en la reciente aventura editorial de Alianza, a la que dedicamos una entrada hace unas semanas. Comotto recurre al color, frente al blanco y negro de las ilustraciones de Henestrosa, y su lenguaje gráfico resulta mucho menos pictórico que el de éste, aproximándose sensiblemente recursos más propios de cómic. Cfr. TOLSTÓI, Lev: La muerte de Iván Ilich. Tr. de Víctor Gallego Ballestero. Ilustraciones de Agustín Comotto. Madrid, Nórdica, 2013.

[2] Ha publicado, asimismo con esta editorial dos títulos más. En 2015, Cenicienta, en un volumen que presenta las dos versiones más populares de esta historia de tradición oral, en traducción de María Teresa Gallego e Isabel Hernández: la Cendrillon de Charles Perrault y la Aschenputtel de Jacob y Wilhelm Grimm. En la primavera del presente año, Nórdica publicaba Aplastamiento de las gotas con un breve e intensísimo, en su melancolía, relato de Julio Cortázar, extractado de Historias de cronopios y de famas (Buenos Aires, Minotauro, 1964).

[3] Vide TOLSTÓI, Lev N.: Relatos. Tr. de Víctor Gallego Ballestero. Barcelona, Alba, 2006, pp. 293-308.

[4] En una videoconferencia mantenida con el autor el 17 de junio.

[5] De la que existen sendas traducciones en TOLSTÓI, Lev N.: Relatos. Op. cit., pp. 559-612) y TOLSTÓI, Lev: Cuánta tierra necesita un hombre y otros relatos. Op. cit., pp. 364-432). En este segundo caso, la traducción, obra de Natalia Dvórkina rubrica el volumen traducido por Irene y Laura Andresco, y fue solicitada expresamente por la editorial Alianza para su incorporación en el volumen. El diablo al que se refiere Tolstói en este relato, redactado en 1889 y publicado póstumamente en 1909, no es una presencia metafísica, como sí lo es el Diablo que interviene en Cuánta tierra necesita un hombre. Se trata, por el contrario, de una alusión a la culpa que atormenta a un adúltero, Yevgueni Irténiev Tolstói escribió dos diferentes desenlaces para El diablo. En ambos, el infortunado protagonista provoca una muerte.

[6] El término “mundo flotante”,  浮世(ukiyo) es el concepto fundamental de la sensibilidad burguesa del Período Edo (1603-1868). Se trata de un mundo caracterizado por la volubilidad, pero en una adscripción a los placeres, no en un sentido calamitoso que reflexiona con melancolía sobre la vanidad de las cosas tal y como sí ocurre en la literatura de los bushi del Período Kamakura mediante el término homófono 憂き世 (ukiyo). 浮く(uku), es la forma diccionario del verbo “flotar”; 浮いた (uita) designa “alegre” y “frívolo”, mientras que el verbo ukasareru 浮かされるsignifica, “quedar fascinado”. Con su extraordinaria capacidad de síntesis, Donald Keene informa que el término alcanzó un valor canónico por obra de la popularización de las novelas de Ihara Saikaku, comenzando por la primera de las suyas en ser publicada (lo hizo en 1682): Kôshoku Ichidai Otoko (La vida de un hombre amoroso). Sostiene Keene que, “El término ukiyo, empleado para designar el mundo flotante del placer  (…), ha sido frecuente desde las obras literarias escritas enteramente en kana de Asai Ryôi, pero es con Saikaku cuando el término adquiere un nuevo significado. Su primera novela está consagrada a las aventuras de un héroe, llamado Yonosuke (contracción de Ukiyo-nosuke), en varios escenarios libidinosos: el mundo flotante por excelencia. En efecto, ambos términos, kôshokuukiyo venían a designar una misma  cosa. La voz ukiyo presentaba sonoras connotaciones eróticas y los ukiyo-e fueron, originalmente, estampas pornográficas”. KEENE, Donald: World Within Walls. Japanese Literature of the Pre-Modern Era 1600-1867. Nueva York, Grove, 1978, p. 168. La traducción es nuestra. Temiendo incurrir en un lamentable, por común, orientalismo, preguntamos a Urwiller, en la videoconferencia que mantuvimos el pasado 27 de junio, por esta cuestión. Urwiller consideró adecuada esta relación entre sus ilustraciones para ¿Cuánta tierra necesita un hombre? y el sistema compositivo del ukiyo-e.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

Un Comentario

  1. Pingback: ¿Cuánta tierra necesita un hombre? (I). Tolstói. Díez | juliocesarabadvidal

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