¿Cuánta tierra necesita un hombre? (I). Tolstói. Díez

Relatos de Tolstói promo

Lev Tolstói logró con su relato ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, una extraordinaria parábola sobre la ansiedad de dominio. Publicado en 1886, este relato tardío, uno de los que más universal admiración ha despertado entre el vastísimo corpus del escritor, ¿Cuánta tierra necesita un hombre? ha sido adaptado hasta en tres ocasiones, y de modo extraordinariamente dispar, en sendas ediciones ilustradas durante los últimos años en España: una novela gráfica (con guión y gráficos de Miguel Ángel Diez), una edición ilustrada con la integridad del relato original (con ilustraciones de Elena Odriozola) y una adaptación muy simplificada del texto tolstoyano a cargo de Annelise Heurtier, en traducción de Leopoldo Iribarren (con ilustraciones de Raphaël Urwiller).

 

¿Cuánta tierra necesita un hombre? Tolstói

¿Cuánta tierra necesita un hombre? (Много ли человеку земли нужно?, Mnogo li cheloveku zemli nuzhno?) tiene por protagonista a Pajom, quien vive apaciblemente, hasta que es tentado por la ambición[1]. Una ambición acicateada por su esposa, tras una conversación con la hermana mayor de aquélla, casada con un comerciante, de visita desde la ciudad en la que reside,  y que, como todo arribista, desprecia a los humildes y reniega de sus orígenes[2]. No obstante, la pugna entre las hermanas conduce a Pajom, el campesino casado con la menor, a envalentonarse, profiriendo una afirmación insensata y fatal, a la postre: “¡Si tuviera toda la [tierra] que quisiera, no tendría miedo de nadie, ni siquiera del diablo!”[3]. El lector, que hasta entonces se encuentra en una escena naturalista, se topa de pronto con la irrupción de lo sobrenatural, pero sin aspaviento literario alguno. Lacónicamente, Tolstói escribe: “El diablo se había sentado detrás de la estufa y lo había escuchado todo. Se había alegrado mucho de que la mujer del campesino hubiera inducido a su marido a alabarse (…) «De acuerdo –pensó el diablo–. Haremos una apuesta tú y yo: te daré mucha tierra y gracias a ella te tendré en mi poder»”[4].

El diablo irá poniendo a Pajom ante situaciones que le conducen a adquirir terrenos cada vez mayores: en primer lugar, quince desiatinas (la desiatina es una unidad de superficie equivalente a 10.925 m2) de una hacienda próxima a su hogar, y que le acarrearán tanta prosperidad que sembrará la envidia y la animadversión de sus vecinos. Ello le conducirá a una primera migración: a un territorio “más allá del Volga” con tierras muy prósperas que son concedidas (diez desiatinas por miembro familiar) a los colonos, según le narra un mujik, a quien brinda su hospitalidad una noche. Tras ir en persona a comprobar que es cierto, decide vender todas sus propiedades con ganancias) y se desplaza con toda la familia a aquel lugar remoto en la primavera siguiente. y, sabemos, por vez primera, que tiene tres hijos, pero no se especifica el género de sus descendientes[5].

Tres años más tarde, Pajom recibe un nuevo soplo, esta vez de un comerciante, quien le transmite que en la remota tierra de los bashkirios es posible adquirir enormes extensiones de terreno a precio de ganga. Pajom decide partir de inmediato a averiguar qué hay de cierto en ello, emprendiendo viaje con un ayudante, del que Tolstói no brinda su nombre. Allí, y sirviéndose de la ayuda de un intérprete comprende que logrará toda la tierra que pueda recorrer en un jornada, siempre y cuando logre regresar al puno d partida antes de la puesta de sol, por mil rublos.

Esa noche Palom tendrá una pesadilla. Sin saber que el día que amanece será el último de su vida. En una narración admirable, comprendida entre los capítulos octavo y noveno, asistimos a los trabajos de Pajom quien pretende cubrir una ambiciosa hasta lo insensato porción de terreno, y que, cuando está a punto de lograr regresar al punto de partida para validad el contrato, cae muerto de agotamiento.

El anónimo asistente que había permanecido fiel a Pajom, y cuya labor había resultado imprescindible para marcar los extremos de la superficie acaparada por Pajom, cavará su fosa. Dando respuesta a la pregunta que Tolstói lanza en el título de este extraordinario relato: “El trabajador cogió el azadón, cavó una tumba lo suficientemente grande para alojar a su amo y lo enterró. Tres arshines de la cabeza a los pies le bastaron”[6]. De este modo, el lector comprenderá que la respuesta al interrogante titular no queda satisfecha en términos utilitarios, o de posesión, sino que se dirige a recordarnos nuestro inexorable destino de muerte y, por tanto, la vanidad de todas las ambiciones. La tierra que necesita el hombre es la justa para que su cuerpo quede enterrado. Tres arshines (el arshin es una unidad de medida que equivale a 71,1 cm) son los que el trabajador que había estado al servicio de Pajom ha precisado para enterrar al insensato.

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¿Cuánta tierra necesita un hombre? Miguel Ángel Díez

En 2010 la editorial Edelvives publicó una adaptación del relato en forma de novela gráfica con guión e ilustraciones de Miguel Ángel Díez (Aspe, Alicante, 1973)[7]. Enteramente en blanco en negro, dibujado a lápiz, sin entintar, e iluminado con acuarela, para posteriormente ser escaneado y tratado digitalmente, la distribución es regular en tres hileras de dos viñetas. En ocasiones, una sola –y, las menos de las veces, dos– de las hileras recibe tres en lugar de dos imágenes, lo que hace que el número de ilustraciones por página varíe entre las seis y las ocho imágenes. La última página está consagrada enteramente a una única imagen con un primer plano de una fosa.

¿Cuánta tierra necesita un hombre?, página 98, y penúltima

No obstante, y contrariamente a Tolstói, Díez hace explícita la participación del diablo en golpes de fortuna y de infortunio del protagonista. En la página 42, le representa oculto a la vista de Pajom, tras la chimenea, cuando el campesino decide marchar a su primera aventura migratoria, hacia las tierras allende el Volga, de cuya prosperidad se entera por quien Díez presenta como Vladimir Churisenck (p. 39). Por dos veces,  en las páginas 79 y 96, Díez identifica al jefe de los bashkirios como al mismísimo Diablo.

¿Cuánta tierra necesita un hombre?, página 11

 

Original de Miguel Ángel Díez, tercera hilera de viñetas de la página 11 de la publicación

Tolstói no retrata a Pajom como a un padre que interactúe con sus hijos. Díez tampoco ofrece un retrato empático. Cuando, en una viñeta de la p. 14, les representa juntos, sentados a una mesa –Díez representa dos hijas, que no tres descendientes, de los que no se señala género, como ocurre en el relato original, y las llama Liliana y María– Pajom las echa, molesto porque están jugando con una matrioska, una nueva licencia del guionista y dibujante a lo largo de desarrollo de su obra. En un sentido más familiar, no obstante, Díez ofrecerá un retrato frontal de las niñas en la p. 73, cuando Pajom se despide de ellas para ir a la tierra de los bashkirios).

Próximo al término del libro, y aún no plenamente despierto, Pajom acierta a intuir (en la p. 79) la verdadera identidad de quien parece ser el jefe de los bashkirios, pero en un abrir y cerrar de ojos, los seis ojos demoníacos se tornan dos, haciendo que su vacilación fuera interpretada como señal de que aún no se hallaba plenamente despierto, habiendo siendo presa de maños sueños, en los que se veía ridiculizado por todos aquellos, como ocurre en el relato original tolstoyano, a los que se enfrentó en vida a causa de su progresiva codicia.

Notas

[1] Existen diversas traducciones a la lengua española del relato tolstoyano. Así; TOLSTÓI, Lev N.: Relatos. Tr. de Víctor Gallego Ballestero. Barcelona, Alba, 2006, pp. 293-308; y TOLSTÓI, Lev: Cuánta tierra necesita un hombre y otros relatos. Tr. de Irene y Laura Andresco revisada por Víctor Andresco. Madrid, Alianza, 2014, pp. 344-363.

[2] Tolstói no señala que el origen familiar de estas hermanas sea el campo, pero existen dos motivos para suponerlo. El movimiento habitual es el de la migración del campo a la ciudad, que no viceversa, por ello  resulta más fácil suponer que las dos hermanas proceden del campo y que la mayor ha logrado marchar a la ciudad gracias al matrimonio que inferir que la menor, que vivía en la ciudad, marchara al campo tras casarse con un campesino. El segundo de los motivos se encuentra en una manifestación de la menor que dice haber vivido en el campo desde pequeña: “Ocupados desde pequeños en cultivar a nuestra madre tierra, no tenemos tiempo de pensar siquiera en tonterías”. TOLSTÓI, Lev N.: Relatos. Op. cit., p. 294.

[3] Ibíd.

[4] Ibíd.

[5] “Como su familia se componía de cinco personas, le entregaron cincuenta desiatinas de tierra en campos diferentes, con los pastos aparte”. Ibíd., p. 298.

[6] Ibíd., p. 308.

[7] Originalmente, la editorial solicitó a Díez la adaptación gráfica de tres relatos tolstoyanos, que serian elegidos de acuerdo con los criterios del ilustrador. No obstante, Díez valoró adaptar uno solo, si bien intercalando en su tratamiento otros breves relatos del escritor.

[8] En una videoconferencia mantenida con el autor el 4 de julio, Díez afirma haberse inspirado para los elementos ambientales en, entre otras fuentes, dos películas: Doctor Zhivago (David Lean, 1965) y Fiddler on the Roof (El violinista en el tejado, Norman Jewison, 1971).

[9] Existe traducción de la integridad de estas breves narraciones intercaladas por Díez. Se halla en el volumen TOLSTÓI, Lev N.: Relatos. Selección, introducción, traducción y notas de Víctor Gallego Ballestero. Barcelona, Alba, 2006. “Una niña había cogido una cigarra…”, “A un mujik le había desaparecido dinero…”  y “Unos pescadores iban en barca” pertenecen a Nuevo abecedario (1872-1875), Cfr. p. 104; 105-106 y 106, respectivamente.  “Los hilos delgados” y “La niña-ratón” forman parte del Primer libro ruso de lectura (1874-1875). Cfr. p. 109 y 111-112, respectivamente. “El zar y la camisa” forma pertenece al Cuarto libro ruso de lectura (1874-1875). Cfr. p. 151. El cuento restante, “El lobo” (de 1908), ha sido publicado en la p. 557 del volumen.

[10] Ilustrado en las pp. 28-29, Zajun introduce la historia (en la última viñeta de la p. 27), como escuchada a su abuelo Georgi. Su intención al contar la historia es la de convencer a Pajom de que “no hay nasa inútil sobre la tierra, ni siquiera las cosas que parecen insignificantes”.

[11] Ilustrado en la p. 35, Zajun identifica a la protagonista como su abuela.

[12] Ilustrado en las pp. 46-48, Zajun refiere la historia como real, afirmado que le acaeció algunos años atrás al zar que reina en el presente de la acción que narra Tolstói.

[13] Ilustrado en las pp. 54-55, Zajun pretende reconfortan a Pajom, diciéndole que todos los culpables son tarde o temprano descubiertos, e identifica a quien sufrió el robo con un anciano, vecino de un primo suyo, Kornéi.

[14] Ilustrado en las pp. 65-66. Se trata de una pesadilla de Pajom, el final difiere respecto de la fábula vegetariana de Tolstói.

[15] Nuevamente, es Zajun el narrador. El episodio es ilustrado en la p 69. Las viñetas no evocan la narración sino que se dedican exclusivamente a representar a Zajun y al vendedor de tierras que ha sido perjudicado por Pajom.

[16] Ilustrado en las pp. 97.-98. Zajun le cuenta la historia al protagonista del relato, y lo hace para indicarle el modo en que se servirá de esta parábola para hacer comprender a la familia del infausto Pajom el modo en que el Diablo “invadió su corazón”.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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  4. Gracias por tus palabras, Miguel Ángel. Te agradeceré que me tengas al tanto de tus trabajos. Recibe un cordial saludo.

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  5. Miguel Ángel Díez

    Julio César, he tenido la oportunidad de leer el artículo. Me ha gustado en general y, particularmente, en la profundidad del tratamiento analítico que le has dado, (tan poco habitual en ciertos ámbitos). Gracias por interesarte por mi trabajo y un saludo.

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