Yukio Mishima. Sus libros en España, IV. Los años verdes y El color prohibido

Los años verdesEsta entrada prosigue el análisis de la bibliografía de Mishima en España iniciado con la triple entrega dedicada al estudio de la situación hasta 2009, fecha de la publicación de nuestro ensayo “Situación de Yukio Mishima en las letras de España”. En la presente entrada nos dedicamos exclusivamente a glosar de dos títulos mishimianos:  Los años verdes y El color prohibido. El contenido de esta entrega apareció originalmente en la publicación académica Revista Iberoamericana de Estudios de Asia Oriental (REDIAO), nº 3, 2010, pp. 197-202 [DOI 10.3994/RIEAO.2010.03.191. ISSN: 1888-6566].

 

En 2009 aparecieron en el mercado editorial español las traducciones de dos novelas escritas por un joven Mishima Yukio: Los años verdes (Madrid, Cátedra, 2009, 258 pp.; ed. orig.: Ao no jidai 青の時代, 1950) y El color prohibido (Madrid, Alianza, 2009, 560 pp.; ed. orig.:Kinjiki 禁色, 1953). En ambos casos, se trata de traducciones directas y realizadas en colaboración por una traductora japonesa (cuyos nombres transcribimos como aparecen en sus obras, con el orden alterado para asimilarlo al español en el que el nombre propio es seguido  por el apellido) y un responsable español: Rumi Sato y Carlos Rubio en el primer caso y Keiko Takahashi y Jordi Fibla, quienes ya habían dado a la imprenta en 2004 su traducción directa de El rumor del oleaje (Shiosai 潮騒, 1954), en el segundo. Asimismo, resulta destacable el carácter pionero de estas publicaciones en Occidente. Si la traducción de Ao no jidai permanecía inédita en lengua occidental alguna hasta la fecha, la traducción al español de Kinjiki es la primera en serlo del texto en su integridad. La antigua traducción al inglés, debida a Alfred H. Marks (Fordibben Colors, Alfred A. Knopf, 1968), había aparecido mutilada por su responsable. En el caso de Los años verdes, además, como perteneciente a la colección «Letras Universales» de la Editorial Cátedra, el volumen se presenta con un prolijo estudio introductorio, siendo su responsable el co-traductor de la novela, Carlos Rubio. Llama la atención la extensión de esta introducción, que alcanza las sesenta y dos páginas, ante la inexistencia de tratamiento alguno de nuestro narrador en el voluminoso ensayo publicado por el propio Rubio en 2007 dedicado a la historia de la literatura japonesa[1]. Algo que diagnostica el creciente interés de las editoriales por el lanzamiento de las obras de Mishima en lengua española.

Los años verdes (Ao no jidai 青の時代, 1950)

Los años verdes, escrita cuando Mishima contaba veinticinco años de edad, toma como detonante un acontecimiento real y próximo en el tiempo, pero como en otras ocasiones en la que Mishima se inspira en escándalos políticos o financieros, se dedica a un escrutinio de la personalidad de sus protagonistas. Así, el personaje en torno al cual gira la novela, Kawasaki Makoto 川崎誠, constituye un trasunto de la personalidad de un estafador que existió en el Japón de la época, y quien se suicidaría en 1949, tras destaparse su trama fraudulenta. La novela está escrita tan sólo un año después de la muerte del embaucador, y resulta interesante comprobar la cercanía de Mishima con su protagonista. En efecto, Makoto es casi coetáneo del narrador, tan sólo dos años más joven que su protagonista. Y con él compartirá formación y algunos rasgos físicos (notablemente, su palidez, y sus comparativamente menores desarrollo muscular y destreza deportiva), presentes en otros trasuntos del narrador y que serán definitorios de la complejísima personalidad del escritor y de su subsiguiente voluntad de superación marcada por el exceso.

El camino fraudulento de Kawasaki acabará por ser descubierto (es algo que no describe el autor, pero que considera inminente cuando concluye la novela), pero antes de andarlo, vejará cada una de las instituciones vertebradoras de la identidad social en un tiempo en el que los valores de los abuelos[2], como confiesa explícitamente el narrador, parecen estar amenazados en el Japón de la expansión militarista y de la subsiguiente derrota bélica (años de la infancia y de la juventud del protagonista, respectivamente). De ello da cuenta la certeza de que el descubrimiento de la estafa conducirá a Makoto al suicidio, como él mismo confiesa en el relato, como último acto de desprecio y de ultraje al deber social. No todos los personajes quedarán, empero, losados por el soberbio cinismo y por la inquina irritantemente desapasionada del protagonista, en la que no parece manifestarse evolución alguna y, en efecto, Mishima, en el prólogo de la novela, presentará a su personaje como un hombre que desconoce la duda[3]. Hay cosas, como se dice comúnmente, que el dinero no puede comprar, una lección que ni siquiera cuando es ya demasiado tarde, el protagonista está dispuesto a admitir. Como obra literaria, Los años verdes presenta un orden teleológico, que de puro evidente, resulta tal vez artificioso en exceso. Un orden que se sigue sin establecer lazo empático alguno con la deriva del protagonista. Con la petulancia propia de los aforismos de los que gustaba el joven Mishima, la obra está dotada, sin embargo de la iluminadora, excepcionalmente dotada, capacidad metafórica del autor.

Sin el menor deseo de contemporizar con su protagonista, Mishima adelanta algunas claves de su diagnóstico (lejos siempre de la propaganda, lo que le ha cosechado críticas no acertadas sobre su condición autista de la sociedad) de una sociedad empeñada en la ilusión de una prosperidad que no existe. Cómo si no puede explicarse el hecho de que un esclavo de la razón se arroje a un negocio que sabe tarde o temprano condenado al fracaso y que le conducirá al suicidio. La vocación de Makoto no es sino nihilista: una sed de venganza que introduce la debacle en un sistema que detesta, pero sin la esperanza de abrazar un orden mejor.

El color prohbidoEl color prohibido (Kinjiki 禁色, 1953)

El color prohibido, publicada en 1951, sirve a Mishima para establecer otra vuelta de tuerca respecto del tratamiento de la condición homosexual que había protagonizado su Confesiones de una máscara (Kamen no kokuhaku 仮面の告白, 1949). Pero si en aquella ocasión, la escritura se caracterizaba por su carácter confesional y en primera persona, en Kinjiki alcanza una naturaleza que, sin abandonar al mismo tiempo una esfera de profunda reflexión estética, presenta un carácter de mayor empaque social. No en vano, una de las características más celebradas de la obra sea su esclarecedor retrato del mundo homosexual de Tokio con posterioridad a la derrota japonesa de la Segunda Guerra Mundial. Como reza un pasaje de la obra, los homosexuales “con el secreto orgullo de ser los representantes de la decadencia, se habían aprovechado del desorden para cultivar violetas oscuras y delicadas en un terreno resquebrajado” (p. 133).

Dos son sus personajes principales, un joven de extraordinaria hermosura, como destacan todos los personajes de la narración, Minami Yûichi南悠, y un escritor que se sabe acabado, Hinoki Shunsuke檜俊輔, un inconfeso misógino que trama dañar a las mujeres sirviéndose de aquél, un efebo que no las ama. De este modo, en el origen de una trama de consecuencias nefastas para una pléyade de personajes secundarios, se encuentra la venganza. Después de haberse travestido en mujer en su novela Sed de amor (Ai no kawaki 愛の渇き, 1950), alcanzando un retrato prodigioso de una mujer insatisfecha, resulta pasmosa la profundidad con que Mishima crea un personaje masculino en su senectud con tamaña verosimilitud.

El color prohibido ofrece un amplio número de disquisiciones de carácter estético que no enturbian el seguimiento del desarrollo de los movimientos de sus personajes y que ofrecen interesantes claves sobre la consideración mishimiana de su generación literaria (un joven prodigio que mira desdeñoso a la amplia mayoría de los autores japoneses de más edad) y que insiste ampliamente en hacer referencias al decadentismo europeo y, en su extremo opuesto, a la idealización de la edad clásica griega. Sensiblemente, y como ocurre habitualmente en su producción literaria, resultan más numerosas las alusiones de Mishima (y Los años verdes no es modo alguno una excepción) a la literatura occidental que a la autóctona. Asimismo, es particularmente interesante apreciar el modo en que algunas de las tramas motrices de esta novela serían retomadas con posterioridad por el Mishima último. Muy en especial, la relación de sus dos personajes protagonistas, el de un escritor que adopta (aunque no legalmente) a un joven, parece prologar el vínculo (en esta ocasión jurídico) que se establecerá entre un abogado sin hijos, Honda Shigekuni 本多繁邦, y el joven Yasunaga Tôru 安永透 en el cuarto volumen de su tetralogía, La corrupción del ángel (Tennin gosui 天人五衰, 1970), escrita el año de la muerte por evisceración del autor. Jóvenes, ambos, Yûichi y Tôru que ejercen una fascinación sobre sus responsables y que coinciden en mostrarse ajenos a las estructuras morales que parecen haber castrado a sus postizos tutores.

Es en la fatal evolución de los sentimientos que despierta en Shunsuke el efebo Yûichi, quien llega a revelarse, muy unamunianamente contra la inteligencia rectora del escritor, donde se halla uno de los argumentos más apurados de El color prohibido, una novela que a fuerza de un estilo metafórico, meditado y consciente de los mil vuelcos que las acciones individuales producen en la sociedad, se aparta de todo punto de la naturaleza folletinesca y sensacionalista que por su argumento podrían haber corrido el riesgo de ofrecer.

Para concluir, y aunque ninguna de estas novelas haya sido adaptada cinematográficamente, como sí ha ocurrido en casi una cuarentena de ocasiones con otras obras del autor o en aproximaciones más o menos espectaculares a su vida, lo que da buena cuenta de la extraordinaria presencia e influencia de Mishima en la cultura japonesa contemporánea, El color prohibido ha jugado un papel fundamental en el desarrollo de una forma de expresión vanguardista nipona, el ankoku butô 暗黒舞踏. Y es que, nada menos que el primer espectáculo sensu stricto de este arte escénico convulso y desagarrado recibió la inspiración de la novela, de la que adoptó su título, asimismo. Nos referimos al mítico Kinjiki 禁色, de Hijikata Tatsumi 土方 巽, estrenado en 1959.

Notas

[1] Rubio, Carlos, Claves y textos de la literatura japonesa. Una introducción. Madrid, Cátedra, 2007.

[2] Quienes creían, como afirma al comienzo del capítulo primero, en la intrínseca relación entre conocimiento (chishiki 知識) y virtud (dôtoku 道徳).

[3] Lo que no equivale a decir “sincero”. El kanji con el que se escribe el nombre de pila del protagonista, Makoto 誠 es, precisamente, el que significa “sinceridad”. Un concepto crucial en el ideario ético del último decenio de Mishima, cuyo abrazo nacionalista de carácter nostálgico le conducirá al suicidio.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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