Yukio Mishima. Sus libros en España, III

blog MISHIMA REDIAO 2009 en 3Tercera y última de las entradas en las que se reproduce nuestro ensayo “Situación de Yukio Mishima en las letras de España”, aparecido en la publicación académica Revista Iberoamericana de Estudios de Asia Oriental (REDIAO), nº 2, 2009, pp. 9-39 [DOI 10.3994/RIEAO.2009.02.009. ISSN: 1888-6566].

El contenido de la presente entrada está precedido por  Yukio Mishima. Sus libros en España, I Yukio Mishima. Sus libros en España, II.

 

Situación de Yukio Mishima en las letras de España (y III)

  1. Obras ensayísticas o literarias de autores españoles dedicados a Mishima

Los límites de este espacio no permiten un tratamiento pormenorizado de las contribuciones en publicaciones periódicas (ensayos, reseñas o críticas) dedicadas por autores españoles a la obra y la personalidad de Mishima, por lo que el autor ruega el perdón del lector interesado, a quien se esforzará en complacer en una futura ocasión. Su tratamiento excedería los marcos de una presentación como la presente. Por ello, nos dedicaremos en lo sucesivo, y salvo en una ocasión, a las monografías.

A modo de introducción, y al igual que ocurre con las obras ensayísticas señaladas, existe una idea directriz en todas estas obras: la interrogación por la muerte de Mishima y el modo en que se incardina en su producción literaria. Hablar en España de una monografía dedicada a Mishima es hacerlo, fundamentalmente, del ensayo de Juan Antonio Vallejo-Nájera, Mishima o el placer de morir[1]. Y así es en primer lugar por la extraordinaria popularidad que conoció, habida cuenta el éxito editorial del que gozó y del que habla el amplio número de sus reediciones, si bien la publicación se encuentra largo tiempo descatalogada. En segundo lugar, por el hecho de haber sido innegablemente influyente en los autores que en España se han ocupado de la cuestión con posterioridad[2].

El ensayo de Vallejo-Nájera, para el que se desplazó a Japón y llegó a entrevistarse con la viuda del escritor, constituye un esfuerzo realmente apreciable por desentrañar las raíces psicológicas de la obra y la muerte de Mishima. El autor considera a Mishima un narcisista con un marcado alarde exhibicionista, preso de unas fantasías sadomasoquistas de las que se liberaba mediante la escritura, fruto de una hipersensibilidad infantil y un sentimiento de desarraigo y de inferioridad. La supuesta homosexualidad de Mishima preocupa, asimismo, al autor que, si bien manifiesta la presencia de una libido homoerótica, no considera satisfecha en su vida. Con particular encono se enfrenta a quienes asumen una relación entre Mishima y su compañero en la muerte, hipótesis sostenidas, entre otros por el biógrafo Scott-Stokes, contra quien no ahorra críticas a lo largo de su ensayo. Por encima de todo, Vallejo-Nájera trata a Mishima con una comprensión no ausente de reservas. Y concibe como indeleble la unidad entre vida y obra en su interpretación de Mishima. Aspecto interesante, por cuanto ocupará a otras autoridades españolas, es la de establecer algunas relaciones con el ideario de nobleza y honor de Mishima con la historia española: particularmente a través de la evocación de los mártires de Nagasaki y abundar en el interés que la literatura y la historia españolas despertaron en Mishima, particularmente a raíz de su conocimiento de Luis Díez del Corral, a quien conoció en Japón y adonde se dirigió para dictar conferencias sobre la materia.

La pluma de Vallejo-Nájera despierta la curiosidad del lector, a quien conduce a través de la biografía del autor, su genealogía (brillante negación del comercial marchamo en torno a los orígenes samuráis del escritor, ya establecida por Scott-Stokes) y de la historia y la cultura japonesas (particularmente en lo referente a la identidad del honor, de la dignidad Imperial –ausente en Japón desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial–), y del concepto makoto (o “sinceridad”, al que dedica unas imprescindibles páginas; pp. 164-168) que debían resultar extraordinariamente remotas para el lector español de 1978. Pero quizá lo más hermoso de este libro sea el tratamiento de la muerte de Mishima y de la presencia de sus disfraces o advertencias anteriores en su prolija obra. Facilitando su camino a través de una carta de recomendación de la viuda, el autor consigue que un maestro de artes marciales, Yosuke Yamashita, le guíe en torno a las instrucciones (de exclusiva transmisión oral entre los maestros marciales) sobre el modo en que ha de realizarse el seppuku. Por estos motivos, por su novedad y la hondura del tratamiento del hombre y del personaje, el ensayo de Vallejo-Nájera va a ser el punto de partida esencial empleado, junto, por supuesto, a los extractos de su obra literaria, por cuantos autores españoles se han ocupado con entusiasmo de Mishima[3].

Pese a no haber publicado al respecto una monografía sensu stricto, no podemos dejar de mencionar aquí a Isidro Juan Palacios. Como autor, en 1983 publica un artículo en el primer número de la revista Punto y coma[4]. Y será posteriormente el responsable de una extensa introducción en la que podrá desarrollar más espaciadamente unas consideraciones que en nada han cambiado en los más de tres lustros que separan ambas contribuciones, a la recopilación de escritos doctrinales, Lecciones espirituales para jóvenes samuráis[5]. El objeto de Palacios en primer ensayo es el de incardinar el acto último de Mishima en la tradición samurai. Para ello, ofrece noticias sobre el Sintoísmo y el Bushido, claves de la cultura japonesa que no se hallaban entonces difundidas de modo libresco en España, contrariamente a lo que ocurre en la actualidad. Palacios ha sido seducido por la consideración ejemplarizante de la muerte de Mishima. En una frase refulgente, sintetiza el problema, “Mishima, que quiso vivir siempre como un samurai, fue un ronin, un caballero errante, sin señor”[6]. Y aún otra posterior subraya definitivamente tal consideración, “por esta senda [por el abrazo mishimiano del código samurai redactado por Yamamoto, Hagakure] no sólo llegó a abandonar el sentido diletante y presumido de lo literario, sino que pudo redimirlo de su vileza –como él mismo reconociera– haciendo que sus escritos se transformaran en la rúbrica de su realidad misma, en la esencia del Bushido”[7].

Mishima ha sido objeto de un estudio entusiasta de Javier Pedemonte, Mishima: el penúltimo samurai (La rebeldía honorable de un escritor idealista)[8]. El ensayo presenta tres fuentes principales: las biografías de Nathan y Scott-Stokes (con la que es más crítico) y el ensayo de Vallejo-Nájera. Destaca su redacción por el apasionamiento nunca enmascarado con el que el autor reivindica la honestidad y la relevancia de la trayectoria y la muerte de Mishima, como hiciera Isidro Juan Palacios, cuyo artículo de 1985 cita con admiración en diferentes ocasiones. Un aspecto interesante de esta obra lo constituye la presencia a lo largo del ensayo de unas relaciones de proximidad, más que de mera identificación de la obra mishimiana con las letras españolas, asunto del que se había ocupado como pionero el propio Vallejo-Nájera. Y así, Pedemonte se ocupa de El Cid y de la literatura del Siglo de Oro (particularmente de El Quijote y de Calderón), obras y autoridades que despertaron el interés de Mishima. De este modo, y en particular glosando a Calderón, Pedemonte afirma que existe una “concomitancia diáfana con el mensaje que quiere plasmar Mishima (…) en relación a esa equivalente forma de entender el honor, el amor, el heroísmo y el vitalismo antimaterialista que (…) creo hermana a ambos autores”[9].

En un orden diferente de cosas, en la primera monografía dedicada en España a la literatura japonesa, un volumen publicado en 1990 de doscientas cuarenta y tres páginas, que si bien no extensivamente, sí establece a través de sus veinticuatro capítulos sendas glosas, e intensivas, a las obras de la literatura clásica, los géneros y los autores modernos más destacados, Mishima ocupa un capítulo particularmente interesante. Es así, que Antonio Cabezas dedica unas páginas a nuestro autor en su breve y seminal introducción a La literatura japonesa[10]. Cabezas, autor hasta la fecha de una única traducción de Mishima, el relato «Senbei de un millón de yens», establece con una profundidad envidiable un retrato de Mishima que lamenta su encasillamiento (ya en sentido recriminatorio como proselitista) en los estereotipos homosexuales o de su condición política (sobre la que abunda un maniqueísmo falto de un mínimo entendimiento de la historia y aun de la cosmología japonesas). El comienzo de su ensayo resulta tan magnífico que no podemos resistirnos a extractarlo.

Míshima Yukio (1925-70) es tan conocido en Occidente que da vergüenza hablar de él. Penúltimo samurái, ultranacionalista aunque no xenofóbico, esteta, exhibicionista, capitán de un grupo paramilitar, ferviente cultivador de las dos libidos de Yonósuke, gimnosofista del body-building, golpista fracasado, héroe trágico en su muerte por harakiri, soberbio escritor de piezas idílicas como Sonido de olas, autobiográficas como Confesiones de una máscara, tremendistas como Después del banquete, provocativas como Sed de amor, Tropiezo de la virtud o Colores prohibidos, apocalípticas como su gran tetralogía final El mar de la fertilidad, horripilantes como El marino que perdió la gracia del mar, novedosas como sus dramas de moderno, contundentes como sus cuentos, polémicas como sus ensayos y manifiestos políticos, Míshima fue un mito en vida, y no digamos después de su desaparición. No sólo algunas de sus obras, sino hasta su vida misma ha sido llevada al cine[11].

Publicado en España, aunque de natural mexicano, José Luis Ontiveros ha dedicado uno de los tres ensayos que ocupan su libro Apología de la barbarie a Mishima[12]. Se trata, nuevamente, de una vindicación admirada que sigue de cerca la estela de Vallejo-Nájera. En su estudio, Ontiveros comprende la muerte de Mishima como una liquidación de las diferentes máscaras del autor (como Vallejo-Nájera) como un reencuentro con la unidad mítica sintoísta (de la que se ha ocupado Palacios en 1983); “Mishima ha realizado ya su seppuku en la vida de los signos, ahora requiere de un final poético que por una acción incondicional encuentre la unidad original del mundo”[13].

Para finalizar, Mishima no ha sido objeto de tratamiento alguno monográfico en España en tres lustros. Los que median entre la edición española de Ontiveros y la mucho más reciente aportación de Ángeles López, quien ha dedicado un libro completo de poesía a la glosa de la compleja personalidad de Mishima. No se trata propiamente de una monografía. Antes bien, el volumen se ocupa de Mishima en treinta y ocho poemas en verso libre y de extensión desigual. Su mismo título, Mishima, locura para el mundo, abunda en el carácter liminar del autor, sobre el que con seducción se ocupa la poetisa[14]. El lector descubrirá un hilado de proposiciones que constituyen los títulos de diferentes obras de Mishima, “el rito del amor y de la muerte” (II), “caballo desbocado” (III)[15], “en el rumor del oleaje” (V), “Orfandad, / antes y después de la corrupción de un ángel” y “querido marino que perdiste la gracia” (VI), o “templo o pabellón de oro” (VIII) y muchas otras que proceden del ensayo de Vallejo-Nájera, como “niño viejo”[16], “paso del Rubicón”[17] (II), “¡qué solo está! (IV)[18], “la espada es también un crisantemo”[19] (V). Es de Vallejo-Nájera, asimismo, de quien ha tomado López las ideas directrices de su homenaje, “sólo el kendo era semillero de su risa” (XIII)[20], el poema dedicado a la katana con la que será decapitado (XX)[21], cuando no citas de la obra mishimiana, siendo entonces el poema, una glosa. Así, comienza el octavo, “Las palabras corroen el cuerpo… Por eso busqué otro lenguaje”, declaración que se encuentra en El sol y el acero, una suerte de memorial ensayístico, obra última en la que, sin confesar la acción, otorga al lector las clases de su próximo seppuku. La lectura del poemario de Ángeles López transmite desazón, una conceptista transición de afectos, una fascinación y una condena que parece desplazarse en los poemas últimos hacia los dominios de una imposible concupiscencia[22].

 Conclusión

Salvo El Pabellón de Oro, ninguno de los títulos de Mishima se había publicado en España con anterioridad a su muerte. Y de la nueva oleada de traductores del japonés, de la que el lector español ha de felicitarse, desconocemos si existe algún plan editorial destinado a traducir material inédito en nuestro idioma o a revisar las traducciones existentes. Para el lector medio es ahora accesible, a través de la editorial madrileña Alianza, el acercamiento a algunos de sus títulos esenciales. Comenzábamos estas páginas preguntándonos si Mishima es realmente un autor de culto en España. Hemos de confirmar la aseveración de Carlos Rubio. Efectivamente, es de culto si asumimos como indicadores en este sentido que el estudio de obra y personalidad haya seducido y movido al entusiasmo a diferentes autores y lectores. Otra cuestión es si se trata de un autor popular (algo que dudamos sinceramente) o si existen cauces de difusión apropiados para la profundización en una literatura tan pródiga, imaginativa, de tan múltiples registros y de tamaña repercusión en una muerte sobre la que parecen multiplicarse los interrogantes.

La situación editorial de Mishima en España tiene en este sentido mucho que mejorar. El volumen de su obra inédita aún en español es magnífico y los ensayos dedicados a su estudio son todos ellos obra de autores occidentales y ya antiguos. Otorgar al lector de mayores cauces de conocimiento evitará las lecturas demasiado gruesas que proliferan entre las interpretaciones superficiales[23]. Conocer más la obra, excelsa en sus cotas (bastaría la redacción de sus obras El rumor del oleaje, Nieve de primavera o Caballos desbocados para haberle situado en un lugar excepcional de las letras del siglo XX) de un hombre de la insatisfacción vital, de la ansiedad, del desafuero y del fulgor poético de Mishima se nos antoja una posibilidad más en pos de la liberación de la amenazante castración intelectual que atenaza a los futuros y esperanzadores lectores. En una de sus obras testimoniales, concluida el año anterior a su muerte, escribía Mishima, “siempre he tenido la impresión de que los occidentales se limitaban a acariciarme la cabeza como se hace con los niños, pensando con cierto estupor: «¡Pero mira! ¡Para pertenecer a un pueblo oriental tan remoto escribe cosas bastante interesantes!» Jamás he tenido la impresión de haberlos conquistado realmente”[24].

Bibliografía

1. Relación de traducciones de la obra de Mishima aparecidas en España y en lengua española

El orden que se sigue es cronológico de acuerdo al año de su primera edición. Los paréntesis refieren la información bibliográfica de los volúmenes que han servido para la traducción indirecta al español en cada caso.

 El pabellón de oro. Tr. de Juan Marsé. Barcelona, Seix Barral, 1963 (The Temple of the Golden Pavilion. Tr. de Ivan Morris. Nueva York, Knopf, 1959).

Seis piezas nô. Tr. de Vicente Ribera Cueto y Masae Yamamoto. Barcelona, Barral, 1973 (Five Modern Nô Plays. Nueva York, Knopf,  1957).

Sed de amor. Tr. de Ricardo Domingo. Barcelona, Luis de Caralt, 1974 (Thirst for Love. Tr. de Alfred H. Marks. Nueva York, Knopf, 1969).

Nieve de primavera (Primera parte de la tetralogía El mar de la Fertilidad). Tr. de Domingo Manfredi. Barcelona, Luis de Caralt, 1974 (Spring Snow. Tr. de Michael Gallagher. Nueva York, Knopf, 1972).

Caballos desbocados (Segunda parte de la tetralogía El mar de la Fertilidad). Tr. de Pablo Mañé Garzón. Barcelona, Luis de Caralt, 1976 (Runaway Horses. Tr. de Michael Gallagher. Nueva York, Knopf, 1973).

Confesiones de una máscara. Tr. de Andrés Bosch. Prólogo de Juan Antonio Vallejo-Nájera. Barcelona, Planeta, 1979 (Confessions of a Mask. Tr. de Meredith Weatherby. Nueva York, New Directions, 1958).

El marino que perdió la gracia del mar. Tr. de Jesús Zulaika Goicoechea. Barcelona, Bruguera, 1980 (The Sailor Who Fell from Grace with the Sea. Tr. de John Nathan. Nueva York, Knopf, 1959).

El templo del alba (Tercera parte de la tetralogía El mar de la Fertilidad). Tr. de Guillermo Solana. Barcelona, Luis de Caralt, 1985 (The Temple of Dawn. Tr. de Dale Saunders y Cecilia Segawa Seigle. Nueva York, Knopf, 1973).

La corrupción de un ángel (Cuarta parte de la tetralogía El mar de la Fertilidad). Tr. de Guillermo Solana. Barcelona, Luis de Caralt, 1985 (The Decay of the Angel. Tr. de Edward G. Seidensticker. Nueva York, Knopf, 1974).

Después del banquete. Tr. de Guillermo Solana. Barcelona, Luis de Caralt, 1986 (After the Banquet. Tr. de Donald Keene. Nueva York, Knopf, 1963).

Madame de Sade. Tr. de Francisco Melgares. Madrid, MK, 1987 (Madame de Sade. Tr. de Donald Keene. Nueva York, Grove Press, 1967).

La perla y otros cuentos. Tr. de Magdalena Ruiz Guiñazu y Antonio Cabezas. Madrid, Siruela, 1987 (Death in Midsummer and Other Stories. Tr. de Donald Keene,

Ivan Morris, Geoffrey Sargent y Edgard Seidensticker. Nueva York, New Directions, 1966).

Música. Tr. del japonés de Sanako Isisu. Barcelona, Seix Barral, 1993.

El sol y el acero. Tr. de Luis Murillo. Prólogo de Justo Navarro. Barcelona, Círculo de Lectores, 2000 (Sun and Steel. Tr. de John Bester. Tokio, Kodansha International, 1970).

Lecciones espirituales para jóvenes samuráis. Tr. de Martin Raskin Gutman. Prólogo de Clara Sánchez. Introducción de Isidro-Juan Palacios. Madrid, La Esfera de los Libros, 2001.

El rumor del oleaje. Tr. del japonés de Keiko Takahashi y Jordi Fibla. Madrid, Alianza, 2003.

El color prohibido. Tr. de Keiko Takahashi y Jordi Fibla. Madrid, Alianza, 2009.

Los años verdes. Tr. de Rumi Sato y Carlos Rubio. Madrid, Cátedra, 2009.

KAWABATA, Yasunari–MISHIMA, Yukio: Correspondencia (1945-1970). Tr. de Liliana Ponce. Barcelona, Emecé, 2004. Es versión de la traducción francesa profusamente anotada tanto por la autora de ésta, Diane de Margerie, de quien asimismo se reproduce el prefacio (ibid., pp. 9-25), como por su editor original japonés, Saeki Shoichi.

2. Otras fuentes 

CABEZAS, Antonio: La literatura japonesa. Madrid, Hiperión, 1990.

FRANCO, Guy: Dos hombres en el umbral: Juan Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra español. Yukio Mishima, escritor japonés. “Dominar la propia vida para poder enfrentarse a la muerte”. Cartagena, Academia de Farmacia Santa María de España de la Región de Murcia, 2006.

KEENE, Donald: Dawn to the West. Japanese Literature in Modern Era. Poetry, Drama, Criticism. Nueva York, Holt, Rinehart and Winston, 1984.

KEENE, D.: 5 Modern Japanese Novelists. Nueva York, Columbia University Press, 2003.

LÓPEZ, Ángeles: Mishima, locura para el mundo. Madrid, Huerga & Fierro editores, 2007.

MANZANERO, Antonio: Doce semblanzas de autores homosexuales y otros temas. Sevilla, Muñoz Moya y Montraveta, 1993.

MILLER, Henry: Reflexiones sobre la muerte de Mishima, en Reflexiones sobre la muerte de Mishima y el caso Maurizius. Tr. de Mario Muchnik. Madrid, Del taller de Mario Muchnik, 1999.

NATHAN, John: Mishima. Tr. De Soledad Silió. Barcelona, Seix Barral, 1985.

ONTIVEROS: José Luis: Apología de la barbarie. México D. F., Editorial Universidad Autónoma Metropolitana, 1987.

PALACIOS, Isidro Juan: «Entender a Mishima», en Punto y coma. La fuerza de la cultura (Madrid), nº 1, 25 de diciembre de 1983, pp. 5-15.

PEDEMONTE, Javier: Yukio Mishima: el penúltimo samurai (La rebeldía honorable de un escritor idealista). Barcelona, Edición del autor, 1987

RUBIO, Carlos: Claves y textos de la literatura japonesa. Madrid, Cátedra, 2007.

SCOTT-STOKES, Henry: Vida y muerte de Yukio Mishima. Tr. de Carmen Aguilar. Barcelona, Muchnik, 1985.

STARRS, Roy: Deadly Dialectics. Sex, Violence and Nihilism in the World of Yukio Mishima. Honolulu, University of Hawaii Press, 1994.

VALLEJO-NÁJERA, Juan Antonio: Mishima o el placer de morir. Barcelona, Planeta, 1978.

WOLFE, Peter: Yukio Mishima. Nueva York, Continuum, 1989.

YOURCENAR, Marguerite: Mishima o la visión del vacío. Tr. de Enrique Sordo. Barcelona, Seix Barral, 1985.

Notas

[1] Vide VALLEJO-NÁJERA, Juan Antonio: Mishima o el placer de morir. Barcelona, Planeta, 1978.

[2] Todavía constituye material de reflexión. La última que conocemos se debe a Guy Franco, quien en su discurso el 25 de abril de 2006 como Académico de Farmacia Santa María de España de la Región de Murcia se dedicó a la glosa del pensamiento de Vallejo-Nájera sobre Mishima y, en particular, a la presencia de la muerte en la obra de ambos autores. Existe edición impresa. Vide FRANCO, Guy: Dos hombres en el umbral: Juan Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra español. Yukio Mishima, escritor japonés. “Dominar la propia vida para poder enfrentarse a la muerte”. Cartagena, Academia de Farmacia Santa María de España de la Región de Murcia, 2006.

[3] Únicamente sus lecciones parecen no haber calado en un aspecto interesante. Los contribuidores, que subrayan así el carácter mítico de la muerte de Mishima, de los que se versará a continuación (Palacios, Ontiveros, López) afirman que Mishima concluyó su tetralogía el mismo día en que cometió su suicidio litúrgico. Ya Vallejo-Nájera, quien no identifica la fuente de su información, considera esta afirmación como una mitificación. Contamos, empero, en el testimonio de Donald Keene con la declaración de su mejor  testigo. Ofrece Keene un dato importante que habla bien a las claras de la adecuación de la realidad a su artificio. Mishima, y éste es un error que han arrastrado las diversas autoridades que han escrito sobre él, no terminó La corrupción del ángel la mañana de su muerte. En realidad, sí la entregó o quiso que fuera entregada ese día, para dar un cierre definitivo y mitificado a la tetralogía. Keene, y  Scout-Stokes ya había aludido a esta experiencia del insigne japonólogo en su biografía de 1974,  afirma haber visto el manuscrito concluido en manos de Mishima en agosto y no a finales de noviembre (vide KEENE, Donald: 5 Modern Japanese Novelists; op. cit., p. 64). Scout-Stokes ya había aludido a esta experiencia de Keene en su biografía de 1974.  El manuscrito, firmado en vertical en su término inferior izquierdo se exhibe en el Museo Yukio Mishima (Mishima Yukio Bungakukan) en la localidad de Yamanakako (Prefectura de Yamanashi), fundado en 1999. Su colofón reza así, “El Mar de la Fertilidad. Fin. Showa 45 (1970), 25 de noviembre”.

[4] Punto y coma. La fuerza de la cultura (Madrid), nº 1, 25 de diciembre de 1983. La portada, en la que se reproduce una fotografía de Mishima mientras emite su proclama antes del seppuku, anuncia el titular «Entender a Mishima». Las pp. 2 y 5-18 se ocupan, con la contribución de diferentes autores, insertas empero en el artículo de Isidro Juan Palacios: «Entender a Mishima» (ibid., pp. 5-15). Las pp, 16-17 ofrecen una sucinta relación cronológica de la biografía de Mishima. La p. 10 transcribe una entrevista mantenida por José Gárez con el entonces Embajador de Japón en España, Eikichi Hayashiya, quien alaba al hombre de letras condenando su acción final; “era un hombre de enorme sensibilidad, quizá demasiada. Nadie creyó nunca que fuese a suicidarse mediante harakiri. Yo creo que estaba loco. Además, su intento de rebelar a las fuerzas armadas nadie lo aprueba. La admiración popular por Mishima es estrictamente literaria”.

[5] Isidro-Juan Palacios: «Introducción», en MISHIMA, Yukio: Lecciones espirituales para jóvenes samuráis Tr. de Martin Raskin Gutman. Madrid, La Esfera de los Libros, 2001, pp. 19-63.

[6] Isidro Juan Palacios: «Entender a Mishima»; ibid., p. 9. El sustantivo “ronin” designa al samurai que ha quedado sin señor al que servir, lo que supone una considerable merma de su posición.

[7] Ibid., p. 13. La p. 12 de la publicación, reproducía algunos pasaje extractos del Hagakure, entonces inédito en España, traducidos por Pierre Pascal.

[8] PEDEMONTE, Javier: Yukio Mishima: el penúltimo samurai (La rebeldía honorable de un escritor idealista). Barcelona, Edición del autor, 1987.

[9] Ibid., p. 114.

[10]  Vide CABEZAS, Antonio: La literatura japonesa. Madrid, Hiperión, 1990, pp. 211-220.

[11]  Ibid., p. 211. Esto último constituye una referencia a la película estadounidense, aunque rodada en japonés y por actores japoneses,  Mishima, A Life in Four Chapters (Paul Schrader, 1984). Célebre por su banda sonora, compuesta por Philip Glass, quien arregló con inmediatez su partitura en forma de cuarteto de cuerdas (tercero de su producción) al que tituló Mishima, la película constituye una yuxtaposición de diferentes fragmentos de algunas de las obras narrativas de Mishima (Pabellón de Oro, La casa de Kyôko y Caballos desbocados,) junto a los preparativos y muerte del propio Mishima (caracterizado por Ken Ogata). Del conjunto, si bien por momentos interesante, resulta una lectura en exceso estetizante (a lo que en buena medida contribuye Glass) y final y lamentablemente superficial.

[12] Ed. orig.: ONTIVEROS: José Luis: Apología de la barbarie. México D. F., Editorial Universidad Autónoma Metropolitana, 1987. Fue reeditada, corregida y aumentada, en España cinco años después (desde la que citaremos en lo sucesivo); cfr. ONTIVEROS: José Luis: Apología de la barbarie. Madrid, Ediciones Barbarroja, 1992. La obra contiene una breve introducción homónima (pp. 5-10) y sendos ensayos dedicados a Ernst Jünger, Yukio Mishima y Ezra Pound. El ensayo que aquí nos interesa, «Yukio Mishima: la vía de la espada», se extiende entre las páginas 51 y 79.

[13] Ibid., p. 57. Ilumina, en fin, “el deseo del retorno, la aspiración mítica del origen, la reconstrucción estética de la edad de oro” (ibid., p. 67).

[14] LÓPEZ, Ángeles: Mishima, locura para el mundo. Madrid, Huerga & Fierro editores, 2007.

[15] Quizá merezca una explicación. Como López, también hemos considerado si no sería más conveniente traducir este título en singular en lugar del plural con que se ha hecho en español debido a que el traductor al inglés así lo hizo. El idioma japonés carece de plural, por lo que el sustantivo “ba” de su título original Honba, puede traducirse por “caballo” o por “caballos”. No podemos dejar de reparar en que cuando aparece esta expresión en la obra, lo hace en singular y que, pese a la relevancia social que Mishima desea, la obra se dedica a la exaltación mítica del héroe juvenil, Isao Iimuna (el Sigfrido de la tetralogía mishimiana) papel que Mishima va a usurpar en la vida real con su propio seppuku. Así, cuando Isao ya está decidido a la muerte, y al despedirse de su amada Makiko y antes de darle un casto beso, primero y último, de su vida, Mishima escribe, “de pronto, un arrebatado éxtasis se apoderó de Isao, transformándolo en un caballo que se desboca y rompe todas las ataduras. Una fuerza salvaje corría por sus brazos mientras retenía entre ellos a la mujer” (tr. de P. Mañé Garzón. Madrid, Alianza, 2007, p. 421).  Tal vez, siguiendo con la precedente alusión a Blake fuera adecuado señalar cómo en Caballos desbocados, Mishima recupera unas palabras (ibid., p. 497) que han de servir de ejemplo al héroe, “saber y no actuar es no saber”, que recuerda poderosamente al, de nuevo, «Proverbio del Infierno» blakeano, “He who desires but acts not, breeeds pestilence” (Aquél que deseando, no actúa, engendra pestilencia).

[16] “No es extraño que Mishima se porte de adulto como un niño o un joven alocado, pues no tuvo en realidad infancia ni juventud. Fue un «niño viejo»” (VALLEJO-NÁJERA, Juan Antonio: Mishima o el placer de morir; op. cit.., p. 59).

[17] “La realización de El rito del amor y de la muerte marca para Mishima el paso del Rubicón” (ibid., p. 169). Alude el autor al deseo de muerte ya alentado de modo irrevocable en Mishima cuatro años de su realización. El título, lo es del difundido internacionalmente del cortometraje, escrito, dirigido y protagonizado por Mishima, Yûkoku (Patriotismo, rodado en 1966, aunque su guión fue escrito en 1960), la consumación de un seppuku (al que seguirá de modo heterodoxo en estas situaciones la esposa) por un oficial en protesta por la degradación japonesa.

[18] “Qué solo está Mishima!” (ibid., p. 141), se compadece Vallejo-Nájera cuando testimonia al contemplar una fotografía la excitación que reinaba en Mishima el día de 1956 en que participó de un festival portando, en compañía de hombres, un pesado templete con el que los mercaderes de Jiyugaoka anualmente celebran su comunidad.

[19] “La espada es, también, un crisantemo” (ibid., p. 132). De este modo titula Vallejo-Nájera un epígrafe en el que glosa e identifica los dos extremos, el de la belleza y el de la violencia, que en un muy influyente ensayo, Ruth Benedict acuñó para definir a Japón. Cfr. BENEDICT, Ruth: El crisantemo y al espada. Patrones de la cultura japonesa. Tr. de Javier Alfada. Madrid, Alianza, 1974. Ed. orig.: The Chrysanthemum and the Sword: Patterns of Japanese Culture. Boston, Houghton Mifflin, 1946.

[20] En el mismo sentido de la felicidad mostrada en el festival de los mercaderes, y de nuevo partiendo de una fotografía, el autor sostiene, “sólo volvemos a encontrarle con la misma expresión de alegría compartida en el intervalo de un combate de kendo, cuando el autor de la pelea acaba de derribar todas las inhibiciones psicológicas” (ibid., pp. 141-142.)

[21] Vide ibid., pp. 132-136.

[22] A la utilización de sus biografías y del ensayo de Vallejo-Nájera hay que sumar la de la aportación de Miller. En un pasaje de su opúsculo, el autor evoca las palabras de Cristo, “dejad que los muertos entierren a sus muertos” (Lc 9, 60).López, abre su poemario con este breve poema, “Cuando el pan ya no sea tierno / dejad que los decapitados / entierren a los decapitados” (I), y al término de otro de sus poemas, insiste, “que los decapitados entierren a los decapitados” (IV).

[23] Baste a título de ejemplo la mención de un breve capítulo del volumen de Antonio Manzanero, Doce semblanzas de autores homosexuales y otros temas (Sevilla, Muñoz Moya y Montraveta, 1993), en el que se despacha a Mishima en cuatro páginas (pp. 65-68) con alusiones de segunda mano, como demuestra su error en la transcripción de nombres propios y la ignorancia de unas obras que sólo conoce de oídas, para liquidarle como “homosexual, sádico y fascistoide”.

[24] MISHIMA, Yukio: Lecciones espirituales para jóvenes samuráis. Tr. de Martin Raskin Gutman. Madrid, La Esfera de los Libros, 2001, p. 82.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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