Kino Pravda y la cartelera de la ciudad

portada Kino PravdaABAD VIDAL, Julio César y TORRES, Galo Alfredo (eds.): Kino Pravda y la cartelera de la ciudad. Crítica de cine en Cuenca (1973-1999). Cuenca (Ecuador), Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, 2015, 306 pp. ISBN: 978-9942-21-285-6.

Dentro de mi vinculación con el Área de Cine y Audiovisuales de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca, y con el entonces director del área, Galo Alfredo Torres, me involucré en un proyecto cuya andadura había comenzado años antes con la transcripción informática desarrollada por Paúl Solano, bibliotecario de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay, de la práctica integridad de las críticas cinematográficas publicadas entre 1973 y 1999 por el crítico Kino Pravda (pseudónimo del Padre Alfonso Martínz de la Torre) en las páginas del diario cuencano El Mercurio. Asumí entonces la responsabilidad de coeditar la monografía que ha publicado la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay y la Dirección de Investigación de la Universidad de Cuenca.

Ofrecer una antología de la producción de Kino Pravda precisaba, en primer lugar, de la definición de los aspectos que los editores consideráramos más interesantes para el lector ecuatoriano en la actualidad. Y, así, se seleccionaron ochenta críticas (algunas de ellas en varias entregas) de acuerdo a estos cinco capítulos. El primero, Visita a los géneros”,  constituye una aproximación a las aportaciones de Kino Pravda en la que establece una presentación didáctica de diversos géneros cinematográficos. El segundo, “Panorama de directores”, ofrece semblanzas monográficas dedicadas a diferentes cineastas, en ocasiones, partiendo del análisis de uno de sus recientes estrenos en las salas cuencanas. “Pantalla sudamericana” ofrece una aproximación a las cinematografías iberoamericanas. “Cine en los Cuatro Ríos” se dedica de modo central a la situación del cine en la ciudad de Cuenca, un capítulo en el asistimos a las lamentaciones de un cinéfilo que lamenta la calidad de las películas que llegan a la ciudad, la mala calidad de las proyecciones o la falta de civismo de algunos de sus vecinos en las salas. “Teología y estética cinematográficas”, por último, aborda cuestiones de índole estética y teológica, esenciales en la voz de autor de un religioso. La distribución de estos capítulos, así como la identidad de las críticas que los integran en la versión publicada fue responsabilidad de los seleccionadores: Galo Alfredo Torres y yo. No obstante, la anotación de los textos ha sido una tarea individual. Las notas de los dos primeros capítulos (comprendidos entre las páginas 47 y 188 de la publicación) han sido responsabilidad de quien escribe. Las de los tres restantes (pp. 189-301), de Galo Alfredo Torres. Los criterios editoriales que unifican las aportaciones de ambos, así como del ensayo de carácter biográfico de Geovanny Narváez (pp. 27-33), fueron establecidos por quien escribe. La publicación está precedida por sendos ensayos introductorios redactados por los editores: “El Homo filmicus de los Andes” de Galo Alfredo Torres (pp. 7-17) y mi ensayo “La verdad crítica de Kino Pravda” (pp. 19-25 ). que reproduzco a continuación.

Intervenir los textos publicados en un diario implica modificar diversos aspectos para la comodidad del lector y para aclarar aspectos que hagan de esta lectura una experiencia valiosa. Así, se decidió identificar cada una de las películas mencionadas por Kino Pravda en una nota al pie de página en la que se consigna, en cursiva, el título original de la película, seguida entre paréntesis de la traducción o traducciones de este título a la lengua española (que aparece en letra redonda) seguida del nombre del director, del país en que se produjo, y del año de producción. Del mismo modo, los títulos de las películas, que Kino Pravda destacaba empleando las mayúsculas, han sido en todos los casos transcritos en cursiva. Finalmente, los textos seleccionados de los transcritos por Paúl Solano fueron cotejados con el original a través de registros fotográficos de las páginas en las que fueron originalmente publicados, tanto en la sede del diario El Mercurio como en la Biblioteca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Azuay. Para esta labor de documentación fotográfica y posterior cotejo, los antólogos recibimos la colaboración, que agradecemos sinceramente, de las alumnas de la Universidad de Cuenca, Cándida Cajamarca y Beatriz Llivisaca.

La verdad crítica de Kino Pravda (pp. 19-25 de la publicación) [1]

Las lecciones que da el cine son, a veces, imperecederas (Kino Pravda)[2]

La presente publicación recoge una antología de la obra de crítica cinematográfica de Kino Pravda, pseudónimo del Padre Alfonso Martínez de la Torre[3], publicadas por espacio de tres décadas. Se trata, creemos, de la primera obra de esta naturaleza publicada en Ecuador y pretende incentivar la reflexión sobre el papel de la crítica y la necesidad de un compromiso del crítico con la realidad a la que se aproxima.

Kino Pravda fue un hombre de heterogéneos intereses y sensible a la realidad social y cultural de los lectores, a quienes se dirige sin paternalismo pero con un expreso y sensible compromiso por establecer una mediación entre las obras cinematográficas y el público, abundantes en datos informativos en torno géneros, directores. Así comenzaba su columna, a la que tituló “El cine y sus cosas” el 16 de julio de 1981;

Del cine se puede hablar aunque no haya película para comentar. Ciertamente, no hay tiempo para verse todas las películas. Ciertamente, no todas las películas merecen la pena pasarse una hora y media ante una pantalla viendo algo que llaman película. Ciertamente, eso que llaman película a lo mejor ya ha pasado unas cuantas veces por la pantalla, no por sus méritos propios sino por los méritos de quienes saben del negocio. Ciertamente…

Creemos que una aproximación a Kino Pravda y su labor podría beneficiarse de una sucinta reflexión primera en torno al significado mismo del término “crítica”. Éste procede del griego krineín (juzgar) y está relacionado con kritérion –nuestro sustantivo “criterio” –, que es el medio por el cual se juzga algo. Las producciones culturales y la crítica de aquellas constituyen medios privilegiados para la comprensión de la realidad en que se producen. Es por ello, que los juicios críticos son esencialmente reclamados por el análisis de las manifestaciones de la cultura que se producen en la actualidad de su momento histórico, en la realidad de la que son coetáneas.

Las producciones culturales se hallan imbricadas en una red de contextos sociales, intelectuales, en ocasiones son relevantes aspectos incluso biográficos de sus autores, que la crítica debe desentrañar advirtiendo diversas claves que han de ser interpretadas en la obra específica que se analiza.

De modo inspirador, Walter Benjamin distingue entre crítica y comentario. Si el segundo constituye una mera exposición del “contenido objetivo” de la obra de arte, la crítica ha de dirigirse más allá, ha de encaminarse hacia el establecimiento de lo que denomina el “contenido de verdad” de la obra. Obra de arte, o producción cultural, y filosofía son para Benjamin hermanas, y allí donde la obra se muestre enigmática, o rehúse a hablar, acudirá el crítico a la filosofía para averiguar los secretos que aquélla esconde. “Toda obra de arte auténtica tiene un hermano en el terreno de la filosofía” afirma en el ensayo que dedicó a la novela de Goethe, Las afinidades electivas[4]. Y en su El origen del drama barroco alemán sostenía que “el objeto de la crítica filosófica consiste en mostrar que la función de la forma artística es justamente ésta: convertir en contenidos de verdad, de carácter filosófico, los contenidos factuales, de carácter histórico, que constituyen el fundamento de toda obra significativa”[5]. El tema le había ocupado ya durante la realización de su tesis doctoral sobre El concepto de crítica en el romanticismo alemán (1920)[6] en el que vindicaba la vigencia de Friedrich Schlegel, para quien la obra entendida como unidad constituía un símbolo de la unidad de la propia Filosofía.

Comenzamos esta introducción a la obra de crítica cinematográfica de Kino Pravda al considerar que en sus tres décadas de ejercicio, su autor procedió a una auténtica labor crítica, informada, consciente de procesos culturales y sociales que atravesaba su pensamiento y el de la vida de sus lectores, a los que siempre tuvo en cuenta, huyendo de pedantería y de retóricas baratas para, en su lugar, proceder a un apuntalamiento didáctico en cuestiones históricas, biográficas, técnicas, en las que demostraba tanta erudición como sensibilidad.

El autor Kino Pravda tiene una voz propia, y ella es manifiesta en los centenares de páginas que llenó con su oficio. Un pensamiento caracterizado por su religiosidad, pero carente de modo notable de mojigatería o de sordera a la evolución de la sociedad de su tiempo. No de otro modo puede comprenderse su apasionada defensa de obras poco ortodoxas, polémicas y carentes de complacencia hacia el conservadurismo, como las de Luis Buñuel[7], a cuyo obituario dedicó nada menos que siete entregas de su columna[8], de Pier Paolo Pasolini[9], o de Rainer Maria Fassbinder, de quien lamenta en su obituario “Una lamentable desaparición”, publicado el 25 de junio de 1982, que jamás llegara ninguna película suya a las salas de Cuenca y a quien dirige elogiosos, pese a ser “uno de los grandes autores del cine actual”[10].

Kino Pravda no era tan sólo cinéfilo. Era lector y melómano. Resulta interesante el énfasis que otorga en sus reflexiones al papel que la música de las bandas sonoras de las películas puede desempeñar en el esclarecimiento de su profundidad, siendo notable el análisis,  en este sentido de 2001: A Space Odyssey (2001: Una odisea del espacio, Stanley Kubrick, EE. UU. y Reino Undo, 1968), los días 21, 22 y 23 de agosto d 1978. El 20 de junio de 1980 escribió una aproximación a la relación de óperas llevadas al cine, destacando la adaptación de la mozartiana Die Zauberflöte (La flauta mágica) rodada por Ingmar Bergman, a la que califica como una “excelente obra cinematográfica”[11]. Y durante cinco entregas, publicadas los días 18, 21, 23, 24 y 26 de febrero de 1983, se dedicó a establecer la interrelación entre la cantata Aleksandr Nevskiy (Alexader Nevski, op. 78 de Sergei Prokoviev, 1938) y la película homónima (1938) de Sergei Eisenstein para la que sirvió, con modificaciones, de banda sonora. “Al parecer, nunca dos artistas –afirma al comienzo de esta serie de artículos– compaginaron sus ideas de modo tan maravilloso como el dúo Eisenstein-Prokofiev”.

Kino Pravda no es un moralista ni hace de sus entregas una suerte de sermón, pero no evita establecer en sus críticas diagnósticos sobre la condición de la vida material de sus coetáneos. En la Navidad de 1980 su expresión es la de un nuevo Jeremías; “el mundo moderno es un caos, una confusión y una dispersión de los valores eternos, un carnaval delirante y frenético”[12]. Aunque en ocasiones sus convicciones morales son situadas en primera línea de sus reflexiones, como ocurre, por ejemplo, en su crítica, publicada el 18 de noviembre de 1980, de Promises in the Dark (Promesa en la oscuridad, Jerome Hellman, EE. UU., 1979), en la que se pronuncia explícitamente en contra de la práctica de la eutanasia, que considera una solución de carácter económico que abunda en la deshumanización sobre la que tanto se explaya en sus diatribas[13].

Y existe una cierta conciencia en el papel que el cine ha desempeñado en tamaña calamidad deshumanizadora. Hay una conciencia de los extremos que puede lograr el cine, de lo que resulta elocuente su artículo “El cine, redentor de la realidad”, publicado el 26 de agosto de 1981, en el que muestra una oscilación entre un cine embrutecedor y un cine sublimador. Y es que, para Kino Pravda, “la influencia del cine es discreta y secreta, escondida y difusa, con un auténtico proceso de sedimentación” (“Pornografía y moral”, 9 de septiembre de 1985).

La actividad crítica de Kino Pravda conoce un destacado  descenso en su frecuencia en la década de los noventa, durante la cual sólo publicó un exiguo cinco por ciento de su producción y en la que cada vez resulta más frecuente encontrar análisis críticos, no de películas estrenadas en las salas de cine, sino visionadas en la pequeña pantalla. Es frecuente su glosa de la emisión de clásicos, paralela a su denuncia de la menor calidad del cine estrenado entonces, o bien a reflexiones de carácter general que no proceden del visionado de una película concreta. Un Kino Pravda lector o recordador parece, entonces, irle tomando el relevo al Kino Pravda que se desplazaba religiosamente a las salas de cine de la ciudad que habitaba.

Asimismo, el tono de sus entradas se vuelve crecientemente crepuscular, y de modo explícito llega, el 9 de diciembre de 1995, a hablar de la “la muerte de las películas; unas por consunción, otras por la barbarie de una censura irracional y según conveniencia y finalmente, otras por accidente. Y no faltan las que han desaparecido por «muerte química»”, debida a la fragilidad del soporte físico”.

Kino Pravda no dejó de denunciar la creciente precariedad en la exhibición de las películas en la ciudad de Cuenca, ni de lamentar el curso mercantilista y poco estético y profundo de las producciones que llegaban a los cines de la misma, y se dedicó con progresiva intensidad sus últimos años de vida a soñar con el recuerdo de las obras que le conmocionaron y le insuflaron ese amor doliente por el arte cinematográfico que conservó hasta su fallecimiento y que este publicación recuerda.

Notas

[1] Julio César Abad Vidal es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes) por la Universidad Autónoma de Madrid. Durante 2014 ha sido Investigador Docente del Proyecto Prometeo (SENESCYT) en la Facultad de Artes y en la Facultad de Filosofía (Área de Cine y Audiovisuales) de la Universidad de Cuenca. Agradecemos al Proyecto Prometeo de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación de la República del Ecuador por su patrocinio en la investigación y la edición de la presente monografía.

[2] Así abre su crítica del 1 de diciembre de 1980 de The Domino Principle (Los implacables, o De presidio a primera plana, Stanley Kramer, 1977), de la que destaca su adentramiento en “el mundo de las presiones exteriores y sociales que convierten al hombre en un muñeco dependiente de las circunstancias absolutas”.

[3] La biografía del Padre Alfonso de la Torre se abre y cierra en la Cuenca española y en la Cuenca ecuatoriana. Nació en Tarancón, provincia de Cuenca, España, en 1927 y falleció en Cuenca, provincia de Azuay, Ecuador, en 2002. Se había establecido en la Cuenca ecuatoriana en septiembre de 1972. Su primera aportación a la crítica cinematográfica en el diario local El Mercurio fue publicada el 31 de julio de 1973 con un análisis encomiástico de Le charme discret de la bourgeoisie (El discreto encanto de la burguesía, Luis Buñuel, Francia, 1972)  Su última crítica en el mismo periódico apareció el 27 de octubre de 1999, dedicada a una producción de consumo, The Mummy (La momia, Stephen Sommers, EE. UU., 1999).

[4] Desde la primera de las más de una docena de versiones en español que he conocido la novela de Goethe Die Wahlverwandtschatfen, la realizada por Luis Jiménez García de Luna publicada en 1906 (Madrid, Rodríguez Sierra), se ha traducido su título por el de Las afinidades electivas. El ensayo Goethes Wahlverwandtschaften (Las afinidades electivas de Goethe) fue publicado en la Neue Deutsche Beiträge en 1925, el mismo año en que Benjamin presentaba en la Universidad de Fráncfort su tesis sobre el Trauerspiel. Existe edición española del ensayo sobre Las afinidades electivas en BENJAMIN, Walter: Sobre el programa de la filosofía futura y otros ensayos. Tr. de Roberto J. Vernenge. Barcelona, Planeta, 1986, pp. 21-88. La cita procede de la p. 63.

[5] BENJAMIN, W.: El origen del drama barroco alemán. Tr. de José Muñoz Millanes. Madrid, Taurus, 1990, pp. 175-176. La edición original del ensayo Ursprung des deutschen Trauerspiels fue publicada en 1928 (Berlín, Ernst Rowohlt).

[6] BENJAMIN, W.: El concepto de crítica de arte en el Romanticismo alemán. Tr. de J. F. Yvars y Vicente Jarque. Barcelona, Península, 1988. Ed. orig.: Der Begriff der Kunstkritik in der deutschen Romantik. Francfort, Suhrkamp Verlag, 1974.

[7] Fue siempre un ferviente defensor de la obra del director, de la que se ocupó en numerosas entregas. Dedicó las correspondientes a los días 15, 16, 17 y 19 de junio de 1981 al análisis de Le chien andalou (Un perro andaluz, Luis Buñuel, Francia, 1929), a la que califica, entre otros elogiosos comentarios, como “si se quiere, una excentricidad, pero inmortal; es una fuga del ritmo conocido; es un abordaje sin cuartel ni tregua contra la propia escena y contra la sala; es como el bisturí que raja sin concesiones, porque no tolera el mal”.

[8] “El surrealista permanente”, los días 26, 27, 28, 29, 30 de diciembre de 1983 y 2 y 4 de enero de 1984, al término del análisis de sus películas, en la última entrega, sintetiza así el logro del cineasta; “Luis Buñuel aparece en el mundo del cine con una visión nueva y original del hombre, de su circunstancia y situación, que le afectan y le proyectan en la sociedad de una manera característica. Así, va desgranando, obra tras obra, su pensamiento humanístico desde puntos de vista que chocan, repugnan y quizá sean rechazables. Pero no cabe duda que da una visión nueva del hombre que deambula por medio de la tecnología, que ésta le absorbe y reclama su libertad. Precisamente, por estos elementos, se siente incómodo ante el inconformismo innato que despliegan todas sus obras y duelen a quienes se sientan plácidamente a ver pasar el tiempo que consume la vida. Y eso es lo que Buñuel no puede soportar. Por eso, cada obra es como un dardo lanzado para herir ese conformismo y hacer saltar al hombre, y que diga «¿hasta cuándo?»”.

[9] “Pocos hombres de cine han constituido una referencia polémica hasta el grado conseguido por Pier Paolo Pasolini. Incluso su muerte, esa muerte horrible y sórdida en la playa de Ostia. Siempre ha sido un hombre molesto para todos, máxime desde que se planteó este problema: la realidad es ambigua y forma parte esencial de la vida”, así abre su columna sobre Pasolini, el 9 de mayo de 1990.

[10] “Destructor de la esperanza” le califica. Fassbinder es un Nachtgeborener (un “nacido después de” [la derrota nazi]), término que no emplea Kino Pravda, pero a cuyo significado se refiere explícitamente; “todo el cine de Fassbinder tiene una explicación lógica, pero que necesita conocer esta ambientación para poder llegar al fondo de todo su contenido”. Con su inclinación a los temas turbulentos, violentos, sadomasoquistas, Fassbinder, “consigue una nueva estética; se acerca al auto sacramental, donde los personajes entran al servicio de una formulación precisa”.

[11] Dedicó a Amadeus (Milos Forman, EE. UU., 1984) nada menos que cuatro entregadas columnas , los días 20, 28, 29 y 30 de enero de 1986, sin curiosamente hacer mención al carácter apócrifo de la trama, concluyendo con este elogio; “una película de las que hacen época en la Historia del Cine”.

[12] En “Religión y pragmatismo”, una aportación doble publicada los días 19 y 23 de diciembre de 1980.

[13] Concluye así el artículo, “las frases de propaganda son exactas, pero les falta un aditamento; dicen así: «con corazón de médico curaba. Con corazón de mujer daba esperanza». Le falta añadir, y con ello completaría el contenido de la película: «pero con mente pragmatista usaba la eutanasia».

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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