Mapas del arte contemporáneo en Ecuador (III)

portada

ABAD VIDAL, Julio César (ed.): Mapas del arte contemporáneo en Ecuador. Cuenca (Ecuador), Universidad de Cuenca, 2014, 156 páginas. ISBN: 978-9978-14-289-9.

En la presente entrada se procede a reproducir las páginas dedicadas a los artistas Jimmy Lara, Julio Mosquera, Diego Muñoz, Patricio Palomeque y Patricio Ponce.

Jimmy Lara  (extractado de las pp. 86-87 de la publicación):

Jimmy Lara (Manabí, 1978) es Tecnólogo en Artes Visuales, Mención en Pintura y Medios Digitales por el ITAE (2013). Ha expuesto en numerosas colectivas e inauguró en 2012 la exposición individual Pulsiones al borde en el Museo Municipal de Guayaquil. Entre sus numerosos galardones se encuentra el Primer Premio del Salón de Julio en su edición de 2012.

Re-movimiento de los fragmentos II..

Jimmy Lara: Re-movimiento de los fragmentos II. 2012, noventa fotografías despigmentadas montadas sobre mdf, 105 x 140 cm

Lara ha hecho de la problemática social de las invasiones y las desocupaciones forzosas el argumento central de su trabajo durante los últimos años. Un proceso que llegó a afectar a un familiar cercano cuando en los primeros meses de 2011 fueron desalojados poblamientos del norte de Guayaquil. Lara hace violencia contra los testimonios gráficos de la violencia, fotografías de prensa tomadas durante los desalojos, que recupera de internet, para hacer imprimir en laboratorios de revelado digital. Una de sus estrategias, que conforma su serie «Re-movimiento de los fragmentos» consiste en la disposición de conjuntos de fotografías que componen una única escena, aun con espacios intersticiales, pero cada una de las impresiones digitales de las que se sirve ha sido dañada con un diluyente, haciendo que la imagen se distorsione sensiblemente. Otra de sus series, «Hypómnema» procedió a la práctica eliminación de pigmento fotográfico en conjuntos de imágenes que por su ordenación y desvanecimiento creaban composiciones abstractas. En la serie «Grado Cero», por último, Lara recoge el diluyente teñido por los colores de las fotografías, cuyas imágenes quedan enteramente borradas, para crear campos cromáticos con los que llenar composiciones compartimentadas que recrean vistas aéreas del espacio de estas mismas invasiones.

Grado Cero # 2 detalle 2..

Jimmy Lara: Grado Cero # 2. 2011, pigmento fotográfico y acrílico sobre lona, 200 x 300 cm. Guayaquil, Museo Municipal de Guayaquil

La obra de Lara constituye una encendida denuncia de la deshumanización de nuestras sociedades, a la que ha procedido apartándose de cualquier resabio panfletario para ofrecernos un corpus estético de una belleza tan embriagadora, o aparentemente plácida, como perturbadora.

Julio Mosquera  (extractado de las pp. 100-101 de la publicación):

Julio Mosquera (Cuenca, 1957) es Doctor en Medicina y Licenciado en Artes. Cuenta con una Maestría en Diseño y Artes. Decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca entre 2008 y 2013. Ha presentado su trabajo en muestras individuales en Cuenca y Guayaquil y en numerosas colectivas, algunas de ellas internacionales, en Niteroi y Santiago de Chile en 2011 y 2012, respectivamente.

MOSQUERA A dcha

Julio Mosquera: una de las treinta ocho intervenciones en grafito y tinta sobre piel de cordero sobre sendas reproducciones de páginas de biblias miniadas. 2013-2014, 36,5 x 24, 5 cm c/u

La obra de Mosquera se ocupa, las más de las veces, de unas criaturas taumatúrgicas como una suerte de variaciones. Dibuja incansablemente sobre papeles que lleva consigo, su taller está donde quiera que se encuentre y tenga lápiz o bolígrafo a mano y ha desarrollado, asimismo, intervenciones efímeras en espacios expositivos, como Proceso (Cuenca) o el MAC (Santiago de Chile). Los cuerpos de sus criaturas antropomorfas presentan duplicación de órganos, desproporciones anatómicas, hibridaciones zoomórficas, hermafroditismo, con una notable presencia de falos, tanto por la frecuencia con que se manifiestan como por su tamaño. Las figuras aparecen a menudo sobre fondos neutros, descontextualizadas. Este universo gráfico y los epígrafes con que a menudo lo acompaña, relacionados con la soledad, el cuestionamiento de la fe y una atormentada relación con el sexo revelan una contumaz desesperanza. La realidad parece significarse en su obra como sinónimo de impostura, o acaso, parece colegirse, sea la impostura necesaria para la supervivencia.

MOSQUERA B

Julio Mosquera; de la serie «Descubrí que las plumas no me excitan». 2014, fotografía, 22 x 33 cm. Fotografía de Blasco Moscoso. Versión de la iconografía de la Piedad junto a la artista María José Machado

Sus últimas series de dibujos han consistido en la hibridación de reproducciones de treinta y ocho páginas de biblias miniadas con elementos de la cultura de masas (concretamente de diversos personajes animados de ficción) y una carpeta de cuarenta y ocho láminas de anatomía equina. La incomodidad de la obra de Mosquera ha alcanzado extremos perturbadores. Si ha empleado en algunas de sus obras partes mutiladas de cadáveres y hasta un feto, elementos a los que ha tenido acceso por su labor como médico, recientemente ha procedido, asimismo, a la elaboración de más de un centenar y medio de dispositivos que ambiciona poder confeccionar con ayuda de un orfebre y que habrían de servir a la laceración o la mutilación de diversas partes de la anatomía humana. Una reciente serie de autorretratos escenificados «Descubrí que las plumas no me excitan», ha sido realizada en colaboración con su alumno y después compañero en la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca, Blasco Moscoso.

Diego Muñoz (extractado de las pp. 102-103 de la publicación):

Diego Muñoz (Cuenca, 1980) es Licenciado por la Facultad de Artes de la Universidad de Cuenca (2008). Ha expuesto muestras individuales en la Sala FLACSO (Quito) y el Centro Cultural “Simón Bolívar”-MAAC (Guayaquil) así como en el Museo Municipal de Arte Moderno y el Museo Pumapungo de su ciudad natal.

Diego Muñoz trabaja una figuración chusca, con un marcado horror vacui e imbuida de elementos de la cultura popular ecuatoriana. A mediados de la década anterior procedió al cosido sobre tela de diversos fragmentos pictóricos propios, así como otros elementos cotidianos, tales como mullos, lentejuelas, botones, hilos, reatas, gamuza, encajes, abalorios para collares o aretes, en pinturas carentes de una perspectiva axial, sino valedoras del mismo primitivismo que exhibe la factura de cada una de sus figuras. La iconografía religiosa, en un barroquismo tan esencial en el país, constituye una de las referencias visuales más presentes en su trabajo.

Dolor-Rosa, 2013-2014, acrílico, látex, espray fluorescente, adhesivos y fibras sobre papel, 240 x 170 cm

Diego Muñoz: Dolor-Rosa, 2013-2014, acrílico, látex, espray fluorescente, adhesivos y fibras sobre papel, 240 x 170 cm

Durante los últimos años Muñoz ha procedido a realizar obras de grandes formatos en las que, en virtud del empleo de pintura fluorescente, se presentan dos escenas entre las que estriban diferencias. Si la pintura es iluminada con luz ultravioleta, ofrece otros significados, desenmascarando la ilusión de la primera visión. La capa fluorescente procede a una representación esperpéntica que parece desnudar los oropeles y la hipocresía para hablarnos de un mundo habitado por la violencia, como demostró en su exposición Ishkay Shunku que se presentó en FLACSO (Quito), en MAAC (Guayaquil) y en el MMAM (Cuenca). El título, que significa en quechua “dos corazones”, habla de la dualidad que, como el propio artista ha confesado, siente en el mestizaje de la sociedad en la que vive y sobre la que tan notoriamente se ocupa. Su exposición más reciente, Cromo de héroe, en el Museo Pumapungo y en el MAAC, ha procedido a la celebración de diversos hitos que han estimulado la autoestima del pueblo ecuatoriano como un retrato de tintes hagiográficos de Jefferson Pérez, El héroe, surcado de simbolismos iconográficos junto a otras referencias de carácter social y ecológico. Un apasionado conjunto que supone una llamada a la esperanza de un pueblo surcado por diversos procesos colectivos, concediendo protagonismo a ejemplos de superación.

Patricio Palomeque (extractado de las pp. 116-117 de la publicación):

Patricio Palomeque (Cuenca, 1962) emprendió estudios en la Escuela Superior de Artes Visuales de la Universidad de Cuenca y ha cursado pasantías en Santiago de Chile y La Habana. Desde 2012 dirige la sala Proceso Arte Contemporáneo de Cuenca.

PALOMEQUE A

Patricio Palomques: Pájaros. 1992, técnica mixta sobre papel Amate, 130 x 256 cm

Patricio Palomeque comenzó su carrera a finales de los ochenta con una figuración neoexpresionista en la que los cuerpos tendían a camuflarse en fondos atmosféricos en lugar de ser presentados en escenarios sólidamente construidos. Sin haber abandonado la pintura al acrílico, la última década se ha servido, asimismo, de impresiones digitales sobre una miríada de soportes como el pan de oro sobre tabla (serie «Centro», 2006), o el papel tapiz entelado (serie «Pieles», 2010). Si en el primer caso procedía a yuxtaponer e invertir, a modo de espejos, imágenes fotográficas del centro de Cuenca en una juntura perturbadora e inhóspita en diversos frisos que alcanzan los tres metros de longitud, en el segundo, centraba las fotografías en uno de sus argumentos predilectos: el desnudo femenino.

Sus obras se caracterizan por una construcción estratigráfica, como una suerte de palimpsesto que, no obstante, deja entrever cada plano de su existencia temporal y de su materialidad. Además de imbuido en preocupaciones sociales, como manifiesta un conjunto multidisciplinar de obras y acciones relacionadas con la dolarización, o en sus series pictóricas «Yo, el más guapo» (2007) o «Multitud» (2009), en las que se ocupa de las manifestaciones ciudadanas, late en su obra una fascinación literaria, sustanciada a menudo en versiones personales que en ocasiones no explicitan su fuente de inspiración.

PALOMEQUE B

Patricio Palomeque: Olvido, de la serie «Horizontales». 2013, acrílico sobre lienzo, 60 x 80 cm

Si resulta manifiesta su pasión por el excelso poeta y narrador cuencano César Dávila Andrade, fuente de inspiración de algunas de sus obras, Olvido constituye una evocación de un relato del argentino Alejandro Dolina que, a modo borgiano, establece una erudita nómina de atormentados por amor y que concluye con un quiebre irónico y memorable. El trabajo de Palomeque se halla embargado por la conciencia de nuestra fragilidad. Sus caídos, de amor, o de miseria, o de injusticia, albergan, acaso, la esperanza de atravesar, como el verso de Dávila Andrade, la hoguera de la resurrección, cuyos rescoldos dejan la tierra sembrada de restos cenicientos, tonalidades predilectas en su obra última.

Patricio Ponce (extractado de las pp. 122-123 de la publicación):

Patricio Ponce (Quito, 1963) es Licenciado en Artes Plásticas por la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador (1992) y fue becario en la Academia de San Carlos de México, D. F., donde cursó una pasantía de creación artística (2003). En 2014 ingresó como docente de Dibujo y Pintura en su alma máter.

PONCE A

Patricio Ponce: De la serie «La visita». 1998, óleo sobre pintura de J. Medina, 30 x 40 cm

El tema abordado de manera más extensa por Ponce es de naturaleza metadiscursiva en torno al oficio del artista contemporáneo y su posición en la sociedad. Para ello ha abordado diversas propuestas apropiacionistas. Entre ellas destaca la serie «La visita» (1998) en la que se ha servido de la copia de siete autorretratos de Van Gogh para situarle como turista en Ecuador, empleando para sus fondos un cuadro propio de formación que representa a Pomasqui, imitando para el escenario la iconografía paisajística y el lenguaje de los pintores de Tigua y de Gonzalo Endara Crow, o bien empleando cuatro pinturas ajenas de un mismo pintor popular, J. Medina. Asimismo, en su serie «14 veces 14» (2001-2003), procede a realizar catorce variaciones en un repertorio variado de técnicas (pintura, modelado, tallado) y materiales (óleo, acuarela, bronce, cerámica, madera) sobre el personaje solitario que retrató Camilo Egas en aquella calle neoyorquina, en su celebérrima La calle 14 (1937), manifestación de la deshumanización del hombre en las grandes ciudades.

PONCE B

Patricio Ponce: Armas de destrucción masiva. 2009, óleo sobre lienzo, 120 x 165 cm

Ponce ha recurrido con pertinacia al autorretrato, como en una intensiva serie de carácter catártico, desarrollada en 1999-2000 en un período de duelo y de abandono. Más recientemente, se autorretrata de espaldas al espectador y encaramado en lo alto de una escalera mientras procede a pintar enormes murales. Una fantasía que denuncia la imposibilidad, tanto en términos económicos, como legales, de desarrollar estos proyectos en el espacio público. Una de ellas, Armas de destrucción masiva, consiste en la representación de naves y vehículos militares, así como de artillería en alusión a la violencia del mundo nuestro y la irresponsabilidad de los mandatarios que conducen a sus pueblos al matadero.

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Mapas del arte contemporáneo en Ecuador (y IV): David Santillán, Oswaldo Terreros, Jorge Velarde, Chay Velasco y Aurora Zanabria.

Entradas precedentes:

Mapas del arte contemporáneo en Ecuador (I): Introducción del editor, Daniel Adum Gilbert, Marco Alvarado, Miguel Alvear y Ricardo Bohórquez.

Mapas del arte contemporáneo en Ecuador (II): Lucía Chiriboga, Daniel Chonillo, Ricardo Coello Gilbert, Graciela Guerrero y José Hidalgo-Anastacio.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

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