La Bari de Hwang Sok-yong. Intertextualidad y el dolor del mundo

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Portada de la edición española de la novela

La novela Bari, la princesa abandonada está íntegramente conformada por el relato en primera persona de una mujer que retrospectivamente cuenta la historia de su vida hasta la edad aproximada de veinte años. Su narración, que resulta en lo estilístico notablemente sencilla, conoce algunos episodios fulgurantes, de carácter onírico. En ambos casos la forma de la escritura se justifica por la formación de la protagonista y de sus capacidades inusuales, tales como comprender a los animales, ver las almas de los muertos o vislumbrar episodios de la vida de otras personas cuando masajea sus pies. Un capítulo descuella sobre el conjunto por la cota literaria de extremos dantianos que conoce: el sexto, en el que asistimos al traslado de su protagonista por barco, como ilegal (“culebra”, en el argot que emplea el autor), de China a Inglaterra.

Las vicisitudes de Bari, tanto las sufridas en primera persona –conoce, en el undécimo capítulo, el mayor dolor de los imaginables por una decisión cuya torpeza podrá resultar poco creíble a algunos lectores-, como las peripecias de algunos de los compañeros de su viaje vital, incluyendo las visiones que tiene de las clientas de sus masajes -cuyas vidas se le aparecen en el ejercicio de la flexología-, nos presentan ante una auténtica enciclopedia del dolor reciente del mundo. El rechazo del padre, la pertinaz hambruna y la corrupción de la tierra a la que nace, la República Popular Democrática de Corea (nace en 1984[1]), o la migración clandestina, de niña, a China, y siendo adolescente, a Inglaterra, constituyen algunos hitos de su atribulada existencia. Sus ojos asisten, sea en primera persona, o a través de las experiencias de sus compañeros en la desventura, a todo tipo de violaciones. Conoce a víctimas de los prestamistas o de la trata de blancas, del transporte ilegal y del tráfico de personas, de la explotación inhumana de los trabajadores, o del terrorismo islámico, sirviendo este último como marco a los episodios del término del conjunto.

Bari, la princesa abandonada (tr. de Luis Alfredo Frailes Álvaro. Madrid, Alianza, 2015) es el segundo de los títulos del surcoreano Hwang Sok-yong 황석영 (nacido en el entonces estado títere del imperialismo japonés, Manchukuo, en 1943) en ser publicado en España tras Shim Chong. La niña vendida (tr. de Blanca Riestra. Madrid, Alianza, 2012), aunque es el primero en hacerlo en traducción directa desde el coreano original[2]. La traducción de Shim Chong. La niña vendida (심청, 연꽃의 길, en su edición original, publicada en Corea del Sur en 2007) es indirecta, concretamente de la lengua francesa, de Shim Chong, fille vendue (tr. de Choi Mikyung y Jean-Noël Juttet. París, Zulma, 2010)[3]. Para la traducción directa de Bari, la princesa abandonada, (바리데기, en su edición original, publicada en Corea del Sur, asimismo, en 2007) Alianza ha recurrido al coreanista Luis Alfredo Frailes Álvaro, quien trabaja frecuentemente con el Literature Translation Institute of Korea[4].

Salvo contadas excepciones, la literatura coreana traducida, ya en España o en Hispanoamérica, ha gozado del privilegio de contar con traducciones directas, realizadas, en la mayor parte de los casos por equipos formados por un hispanista coreano y un coreanista hispanohablante, una bondad desconocida en las traducciones de otras literaturas históricamente poco transitadas. Literaturas que, en un amplio número de casos, como la japonesa, y hasta hace poco, se conocían a través de traducciones indirectas, en particular, anglosajonas[5].

Un ejercicio de intertextulaidad

Bari, la princesa abandonada constituye un ejercicio de intertextualidad que emplea como referente una composición de transmisión oral de carácter chamánico (la Pari o Bari Kongju Muga), y que parece datar del siglo XVII d. C. (en el Período Joseon). Esta canción relata la historia de una princesa, séptima y última hija nacida de unos reyes. Con su nacimiento, que viene a romper la esperanza del rey de ser sucedido por un varón, su padre se vuelve furioso y decide arrojarla al mar, como sacrificio al Rey del Mar del Oriente. Pero la niña es milagrosamente salvada, criada por unos ancianos y, como demostración ejemplarizante de piedad filial, socorrerá a sus progenitores cuando acudan a llamarla, confesando que en ella estriba la esperanza última de salvarles. Tras atravesar ochenta y cuatro mil infiernos y, como Hércules, tener que realizar diversos trabajos, la joven consigue resucitar a sus padres[6].

Como la Bari mítica, la protagonista de la novela, llamada como aquélla por decisión de la abuela[7], es una hija rechazada por su padre por ser la séptima en nacer y por hacerlo sin hermanos varones, pero dotada con dones suficientes para, tras conocer una particular odisea, reconducir simbólicamente el curso corrompido del mundo. Un triunfo que en la elaboración de Hwang se manifiesta mediante una visión de la protagonista en el duodécimo y último capítulo de la novela. Hwnag se sirve de su Bari para reclamar una reconciliación de la que pone un ejemplo, la convivencia pacífica de una comunidad multiétnica de vecinos (paquistaníes, chinos, filipinos, nigerianos) en un edifico londinense, explicitada por una de sus moradoras; “-(…) Ay, por qué no podremos vivir juntos en armonía, como en este edificio…” (p. 217).

Los episodios de la narración mítica de la princesa abandonada Bari conocen trasuntos, que no desvelaremos, en la peripecia vital de la protagonista de la novela de Hwang. Su Bari es una mujer cuyas virtudes mayores estriban en el abrazo de la esperanza, en la renunciación, el desprendimiento y una inusitada capacidad de perdonar. Bondades sobre la que el autor ofrece numerosos ejemplos a lo largo del relato. Hwang, que esparce en diversos momentos de la trama, como en los capítulos cuarto y octavo, evocaciones del mito que le sirve de base para su prolongado ejercicio intertextual, actualiza la canción chamánica narrativa que le sirve de marco (Bari Kongju Muga) para ofrecer su certeza en torno a la posibilidad de la conciliación en un mundo que pareciera condenado, por el catálogo de atrocidades que se despliega en las páginas de la novela, sin remisión.

Cuando recuerda su clandestinidad en China, siendo niña, Bari escribirá, “ya a nadie le pillaba por sorpresa que, en las zonas boscosas de la ribera, en lugares como despensas y cobertizos, aparecieran migrantes muertos de fatiga y congelación” (p. 83).  Bari, la princesa abandonada se constituye, así, en una amonestación contra la imperturbabilidad cotidiana ante el horror. Y, lateralmente, pues no existe referencia explícita a la cuestión, puede entenderse la odisea de Bari y su reconciliación consigo misma como una esperanzada alusión del autor en torno a la reunificación de Corea.

Notas:

[1] Al término del capítulo segundo afirma rondar la decena de años en el invierno de 1994.

[2] Existen dos traducciones más al español de sus obras, publicadas en México y Argentina, respectivamente: la novela El huésped (tr. de Chong Gu Sok y Francisco Carranza Romero. México, D. F., Ermitaño, 2008) y el conjunto de ocho relatos titulado La tierra forastera (tr. de Choi Nak Won. Buenos Aires, Bajo la Luna, 2014).

[3] La obra del narrador cuenta con una amplia difusión en Francia. La editorial Zulma, desde 2002, ha publicado siete traducciones directas al francés, en todos los casos con un traductor nativo y, al menos, otro francófono. Además de la mencionada, los títulos son los siguientes: La Route de Sampo (2002; tr. de Choi Mikyung y Jean-Noël Juttet), L’Ombre des armes (2003; tr. de Lim Yeong-Hee, Marc Tardieu y Françoise Nagel), L’Invité (2004; tr. de Choi Mikyung y Jean-Noël Juttet), Monsieur Han (2004; tr.de Choi Mikyung y Jean-Noël Juttet), Les Terres étrangères (2004; tr de. Kim Jungsook y Arnaud Montigny) y Le Vieux Jardin (2005; tr. de Jeong Eun-Jin y Jacques Batilliot). La novela que nos ocupa, ha sido, asimismo, traducida al francés, mas por otra editorial: Princesse Bari (Arlés, Editions Philippe Picquier; 2013; tr. de Choi Mikyung y Jean-Noël Juttet).

[4] Cuenta con las siguientes traducciones de próxima aparición: El último club de fans del Sammi Superstars y Doble álbum, ambas de Park Min-kyu. Asimismo, ha sido el responsable de las versiones finales de las traducciones de los siguientes títulos: Reflexiones sobre una medusa, de Lee Soon-won (Madrid, Trotta, 2005); El canto de la espada, de Kim Hoon (Madrid, Trotta, 2005); el anónimo La canción de Chun-hiang (Madrid, Verbum, 2007) y El camino andado con mi hijo, de Lee Soon-won (Madrid, Verbum, 2009).

[5] Nos ocupamos del estudio de esta situación, concretamente en el caso de Mishima, en nuestro ensayo, “Situación de Yukio Mishima en las letras de España”, en Revista Iberoamericana de Estudios de Asia Oriental (Madrid), nº 2, 2009, pp. 9-39. El ensayo puede consultarse en tres entregas en las siguientes entradas: Yukio Mishima. Sus libros en España, IYukio Mishima. Sus libros en España, II  y Yukio Mishima. Sus libros en España, III.

[6] Si bien este muga sigue siendo recitado en la actualidad en oficios fúnebres, existen diversas versiones, realizadas en muy distintas disciplinas, de la historia que contiene. Existe, por ejemplo, una prosificación, la debida a Juang Pegang, traducida a lengua española. Cfr. “La princesa Pari”, publicada en la antología, realizada por Juang Pegang, titulada Mitos coreanos (tr. de Kim Changmin y Othón Moreno. Madrid, Verbum, 2002, pp. 194-209). Pari es una transcripción diferente del nombre propio Bari. Contrariamente al sistema de romanización (o transcripción en letras latinas de las voces de otras lenguas con sistema de escritura diferentes) del japonés, en el que goza de empleo casi ecuménico el muy sencillo y riguroso sistema conocido como Revised Hepburn (o Hepburn corregido), las letras coreanas cuentan con un dedálico empleo sincrónico de sistemas diversos, por parte de los especialistas, lo que dificulta extraordinaria el acceso de Occidente a los elementos de la cultura coreana. El mismo traductor de la novela ha empleado un sistema mixto. Así, se ha servido del sistema de romanización revisada Gyeongju (경주) para los nombres de personajes conocidos, topónimos, nombres genéricos que no tienen traducción, etc., mientras que ha utilizado lo que él mismo refiere como “transcripciones amables para el lector hispanohablante” para los nombres que no presentan mayor relevancia, tales como nombres de personajes, o de lugares inventados por el novelista.

[7] El nombre de la figura mítica era originalmente Chilnio (칠녀), “la séptima hija”. Bari (바리), su  sobrenombre, significa “carga”.

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Acerca de juliocesarabadvidal

Julio César Abad Vidal es Premio Extraordinario de Doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid, es Doctor en Filosofía (Área de Estética y Teoría de las Artes), Licenciado en Historia del Arte y Licenciado en Estudios de Asia Oriental, asimismo por la UAM. Desde su primera publicación, en 2000 y, en sus proyectos como docente y comisario, se ha dedicado a la reflexión sobre la cultura contemporánea con tanta pasión como espíritu crítico. Crédito de la imagen: retrato realizado por Daniela Guglielmetti (colectivo Dibujo a Domicilio); más información en https://juliocesarabadvidal.wordpress.com/2015/07/29/dibujo-a-domicilio-un-cautivador-proyecto-colectivo-socio-artistico/

Un Comentario

  1. Pingback: 낯익은 세상 Todas las cosas de nuestra vida, 황석영 Hwang Sok-yong | juliocesarabadvidal

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